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Lo Que Viví En La Tierra Media Y Las Hazañas De Los Nuevos Montaraces
Capítulo 7
El Campo de Entrenamiento
Por Hardo_V
 
Recuerdo que por esa época yo había empezado a enamorarme de los animales y llegó un momento en que quería saber todo sobre ellos y me interesaba sobre todos sus cuidados y sobre todos sus comportamientos. Ésta afición me llegó por parte de Mashda. Yo siempre me había sentido bien en el mundo salvaje, pero siempre estaba conforme con pasear y disfrutar del aire libre.
En la época en que mis hermanos estaban en un campo de entrenamientos del que ni siquiera teníamos noticias de dónde se encontraba ubicado, nosotros cuatro pasábamos mucho tiempo aburridos, sin nada más que hacer que lo más común para la familia de un humilde gobernante de una olvidada y despreciada provincia de Harad. Hasta que un día, cuando nuestras familias, o lo que quedaba de nuestras familias, se habían ido a un lugar que se me fue de la memoria, Mashda encontró un pequeño pájaro herido, que si mal no recuerdo era un pequeño gorrión. Una vez que me lo enseñó, lo pusimos en una pequeña caja y estuvimos alimentándolo y cuidándolo durante, más o menos, una semana, pero después de ese tiempo, y a pesar de nuestros cuidados, al pequeño animal le llegó su hora y murió. Hicimos saber ésta noticia a nuestros padres, puesto que del cuidado del gorrión sólo nos ocupábamos nosotros dos, y recuerdo a mi padre muy serio y a mi madre bastante afligida.
-¿Qué pasa? ¿Por qué tienen esas caras? -preguntó Mashda. Mi padre la miró un rato con cara de resignación y le dijo:
-Parece que el momento de la guerra está cada vez más cerca. Hace unos días nos llegaron noticias de que un poco al Sur de La Joya están talando casi todos los árboles que encuentran en su camino y están contaminándo todas las tierras y los ríos cerca de sus lugares de trabajo. Estában avisando de que era muy posible que el agua que nos llega a nosotros para vivir pueda salir, en los próximos días, sucia y con mal sabor, por eso estában repartiendo grandes cantidades de agua limpia a los pueblos cercanos para que podamos subsistir.
Mashda y yo nos mirámos sombríamente, porque ella sentía un gran afecto por la naturaleza y en el tiempo en que estuvimos cuidando del gorrión, ella había logrado pasármelo a mí y los dos habíamos empezado un estricta dieta que sólo consistía en comer vegetales. Mientras tanto escuché a mis padres decir algo en voz baja y mi madre ahogó un grito y empezó a llorar tapándose los ojos y mi padre la abrazó.
-¿Mamá por qué estás llorando? -le pregunté con mucha incredulidad. Y ella me contestó:
-¿Es que no te diste cuenta, hijo? -me dijo mi madre- Ya se acerca el momento en que van a venir a reclutarte. La guerra contra la Tierra Media está por empezar y te van a llamar a las armas como a tus dos hermanos.
Quizás piensen que quedé estupefacto con esta revelación, o recordatorio, pero la verdad es que me limité a mirar hacia abajo, pensando en guerras, en calamidades, en injusticias, pero en todo momento mi cabeza volvía a pensar en el Ojo y no importaba en qué llegara a pensar, mis pensamientos siempre volvían al Ojo y a la tierra tenebrosa de Mordor.
Acto seguido no dije ni una palabra y fui corriendo hacia la pequeña biblioteca que estaba en un cuartito del palacio, y me puse a buscar y buscar mapas sobre la Tierra Media y libros sobre su historia, pero sobre todo en lo que concernía a la Tercera Edad, puesto que mis conocimientos se limitaban a la región del Este y del Sur del continente, aunque mis conocimentos sobre los llamados ''Pueblos Libres'' no era del todo insulso. Todo ese día me la pasé leyendo esos viejos libros y memorizando los antiguos mapas, y en todo ese día ningún familiar me interrumpió, y, luego de esa agotadora tarea, me fui a dormir muy tarde.

Pocos días después, creo que no más de una semana, cumplí los diecisiete años, y ese fue el último momento verdaderamente feliz de la familia por mucho tiempo. Pero tampoco pasó mucho tiempo hasta que volvieron a aparecer los reclutadores, y ahí fue cuando terminaron de desaparecer las risas y el júbilo de los días pasados y volvieron las penas de hacía unos pocos años atrás, que para nosotros ya parecían siglos. Después de una muy dolorosa despedida con mi madre y mis ''hermanas'', recuerdo que me paré enfrente de mi padre y estuvimos los dos mirándonos un largo momento con las caras serias mientras escuchábamos a las mujeres llorar desconsoladamente. Mi padre me agarró del hombro y me llevó hasta afuera del palacio donde estában todas mis cosas para el ejército, me miró a los ojos y me dijo:
-Hijo mío, yo sé que estámos en una guerra despreciable, en dónde nuestros señores y reyes son tan injustos con sus rivales como con nosotros y aunque tu misión sea servirlos y matar a las personas que se esfuerzan en conseguir la paz y la buenaventuranza de todas estas tierras, no deberás olvidar nunca cuál es tu verdadero bando, hijo mío. No olvides todas las historias de lucha por el bien que te conté sobre nuestra familia y todos los injustos fracasos que padecieron, y recuerda también de que somos descendientes del justo y traicionado pueblo de Bór.
´´Este es el momento final de una larga lucha que viene de antes de que el mundo fuera mundo y la tierra estuviera completamente formada y en el que se decidirá si al final prevalecerá el bien o el mal. Sólo quiero darte un consejo que alguien me dió hace mucho tiempo: ''No es de sabios saber cuándo hay que acabar con una vida, sino cuándo hay que perdonarla''. Buena suerte hijo y, maltrechos o no, trae a tus hermanos contigo cuando vuelvas, nosotros te estaremos esperando.

Después de las palabras que me dijo mi padre, aparecieron dos soldados y no tuve otra opción más que ir con ellos, que por cierto nunca dejaron de tener una conducta despectiva hacia mí. Lemb y Grish se llamaban. Recuerdo que me subieron en una amplia carreta sin techo dónde habían muchos hombres que tenían ánimos para decir estupideces, pero también habían muchos hombres apretados con mirada sombría, pero mostraban más miedo que maldad, eran hombres algunos muy jóvenes; algunos muy viejos. Pero de todos ellos el que más me sorprendió fue un joven de mi misma edad aproximadamente, que se llamaba Ulfhang. Era alto, muy fuerte, muy bien parecido y de piel y cabellos morenos y decían algunos de los hombres que estaban en el carromato que él era el que le llevaba alegría a los demás, pero en ese momento se mantenía callado y no quería hablar con nadie. En ese momento nuestras miradas se cruzaron y nos miramos durante un tiempo, pero después nos presentamos:
-Yo soy Hardo V hijo de Falastur señor del clan de La Joya del Sol Creciente.
-Mi nombre es Ulfhang hijo de Lefg de Los Hijos de los Reyes.
-Ulfhang, ¿me podrías decir dónde se encuentra tu clan? Es que hasta el día de hoy no creo haber escuchado ese nombre.
-Por supuesto, queda a unos trescientos kilómetros al Sureste, pero ¿de verdad que nunca lo habías escuchado?
-No, creo que nunca en mi vida.
-Será porque es uno de los lugares más renombrados en el Consejo, nuestro clan tiene el ´´mérito´´ de haber hecho que los reyes de Harad abrazaran la oscuridad y el culto al Señor Oscuro -y luego se acercó y habló más bajo-, pero, si te interesa saber lo que pienso, yo estoy en un todo en desacuerdo entre mi pueblo, te lo digo a tí porque yo sé cuál es el pensamiento que hay en tu pueblo, y el odio que sienten por Él, pero yo no puedo decir lo que quiera en el clan, puesto que si hago algo que sea indebido a los ojos del Señor del Clan puedo ser castigado de una forma horrible y muy cruel.
-Un momento, creo recordar ahora. Dijiste que tu clan se llamaba Los Hijos de los Reyes, ¿qué no es de los tiempos de Vyrnihíriatir, cuando se dice que bajó el poder de la sombra sobre nuestro pueblo cuando se fundó tu pueblo?
-Así es, nuestro pueblo fue fundado por el mismo Vyrnihíriatir, pero no somos descendientes directos del rey, el primer jefe de nuestro clan fue su anciano tío Vyrhiriaturnus, la persona que instigó a su sobrino a que comenzara una guerra civil entre los herederos del rey. Es por eso que en mi clan se alaba a la Oscuridad, pero no todos la honran, puesto que mi familia nunca estuvo de acuerdo con esto, aunque fue más bien una cuestión de orgullo más que de justicia, porque Vyrhiriaturnus se llevó a la esposa principal de Garflala y por eso nuestra familia ha estado siempre enemistada con todos los que tienen buenos tratos con el rey de Harad y sus vasallos o el Consejo. Pero de todos, el único que se atrevió a hablar en contra del jefe del clan fue mi padre, que de verdad aborrecía a El Ojo. Causó un gran disgusto en el jefe del clan, Mardukha, y fue castigado: lo torturaron, lo desollaron vivo y, como hacían siempre que querían atormentar a alguien, lo rociaron de aceites y lo incineraron.
Ante esto, yo quedé anonadado, porque a pesar de todo, yo estuve viviendo en paz por mucho tiempo en el pequeño clan y las únicas cosas que había oído sobre la maldad de los demás gobernantes de Harad era sólo de oídas o parte de historias antiguas, nunca había conocido a alguien que haya sufrido una tortura por los mismos gobernantes, aunque en este caso no lo habían torturado, pero sí había padecido las consecuencias.
-¿Y qué pasó después en tu familia? -pregunté yo después de un tiempo de silencio.
-Lo que sigue no es tan malo, porque mi madre y las otras tres esposas de mi padre consiguieron casarse con mi tío y así pudimos mantener nuestras posesiones intactas, pero empezamos a estar en la mira de los hombres del gobernador y del rey.
-Bueno, eso, a pesar de todo, es una buena noticia, mi familia... -empecé a decir queriendo contarle mi historia y la de mi familia, pero me interrumpió y Ulfhang me dijo:
-No te preocupes en contarme la historia de tu familia. De donde yo vengo ustedes son muy conocidos, aunque no muy amados lamentablemente. Pero, déjame decirte algo, a donde vamos el nombre de tu padre, por ser un nombre del idioma de los Elfos, es muy repudiado y es muy posible que te traten de una forma muy mala en el campo de entrenamiento.

Estuvimos viajando durante tres días reclutando más gente y estábamos completamente molestos con el trato que recibíamos y no sólo los que odiaban a El Ojo, pero cuando llegamos al campo de entrenamiento, tenía esperanzas de poder encontrar a alguno de mis hermanos, pero eso no sucedió en ningún momento, debido a que no estaban allí, y su verdadero paradero nadie lo sabía con certeza. Recuerdo que el campo era un lugar muy grande atestado de gente que estaban todo el tiempo preparándose para la guerra que parecía estar muy cerca, pero al mismo tiempo, perecía que nunca iba a llegar. Era un lugar lleno de campamentos y de empalizadas y de crueldad. Yo recuerdo que nunca fui bien tratado en aquel lugar y siempre recibía golpes e insultos, especialmente por el miserable de Raf y su banda de unos veinte jóvenes, un grupo de gente un poco mas grande que yo, y ante esto los oficiales que estaban siempre al mando siempre se hicieron los desentendidos, aunque nunca me dejé mostrar como un cobarde y me defendía todo el tiempo. Por ese tiempo me convencí de que abrazar una dieta vegetariana en ese lugar sería imposible, puesto que me traería problemas de parte de todos los que me odiaban.
Pero no todas las cosas que pasaron en ese lugar fueron malas. Conseguí entrar en el grupo de Ulfhang, que eran gente de distintas regiones y su número rondaba los quince integrantes. Con ellos podía gozar momentos de verdadera paz, aunque, curiosamente, ahora sólo recuerdo el nombre de uno de ellos: Rís. Era el más grande de nosotros llegando a los veiticuatro años y también era el que tenía el mejor humor. Llegué a hacerme un gran amigo de él, pero el destino nos fue adverso y no lo volví a ver.
Ahora recuerdo que también había un general que, hasta cierto punto, compartía nuestro mismo punto de vista. Creo que se llamaba Vizsda. Era un hombre que venía del Lejano Harad y, a pesar de su semblante amenazador, era un hombre muy inteligente y comprensivo, pero también colérico, lo que hacía que muchos de sus iguales le tuvieran miedo. Él fue el que me colocó en el Regimiento de Infantería Pesada, la misma unidad donde estaban Ulfhang y Rís, que por esos tiempos era infantería de élite, al ver mi agilidad y destreza con la espada. Ahí fue cuando perfeccioné mi manejo de la espada y del arco y aprendí a menejar la lanza y las jabalinas como es debido.
Pero una mañana, fui a hablar con Vizsda en su tienda sobre algo que ahora no recuerdo y lo encontré sentado en su silla y tirado sobre la mesa. Cuando me le acerqué para saber si se encontraba bien, se desplomó en el suelo y, como quedó boca arriba, se le notaba que tenía un gran tajo que iba desde el pecho hasta el ombligo, y, cuando me cercioré de lo que pasaba, estaba toda la mesa y el suelo regado con su sangre.
En ese momento ví al ´´gorila´´ que hacía de guardaespaldas de Raf, Uldarla se llamaba, que estaba sosteniendo un cuchillo ensangrentado en la mano en la entrada de la tienda. No entendí porqué lo había hecho, pero en el acto me dí cuenta de que él era el asesino. Enseguida corrió hacia mí tratando de apuñalarme, mientras yo lo esquivaba de cualquier forma posible: poniendo una mesa entre nosotros dos o una silla o tirándole un libro o, simplemente, alejándome de él como una rata asustada.
Pero en un momento, me descuidé. Uldarla se me tiró encima y estuvimos forcejeando, y en un momento casi me atravesaba el corazón con su sucio puñal. Entonces miré a mi izquierda y descubrí que ahí estaba la espada curva de Vizsda. Y, mientras sostenía el cuchillo que estaba cada vez más cerca de mi corazón con mi mano derecha, tomé la espada con mi mano izquierda y se la clavé a Uldarla en la cabeza, traspasándosela como si se tratara de una calabaza. Uldarla dejó caer su cuchillo sobre mi pecho, pero sin fuerza y el cuchillo no logró herirme en lo más mínimo. Uldarla me miró con la parte blanca de sus ojos, porque sus pupilas se le fueron hacia arriba cuando le clavé la espada, y de sus narices salía sangre que parecía salir a borbotones.
Así fue cómo maté por primera vez, y la forma en que lo hice no pudo haberme parecido mas atroz...








CONTINUARÁ...










NOTA DEL AUTOR: Para los pocos y comprensivos lectores que tengo, les agradezco mucho que soporten mi historia seguramente llena de errores, y les pido perdón por la larga espera, pero se debe a que el mes pasado y lo que queda de este mes estuve haciéndome estudios médicos importantes ya que el 20 de Solmath voy a ser sometido a una operación un poco compleja, y si bien mi vida no se va a ver muy compremetida sí lo estará mi integridad física y, tal vez, mental, así que no voy a poder escribir historias durante un buen tiempo. Así que cuídense y pídanle a El Único que me dé fuerzas...

GRACIAS POR SU APOYO
















20/4
OTRA NOTA DEL AUTOR: En primer lugar quisiera disculparme por la larga espera, pero quisiera decirles que estuve involucrado en una operación de columna, y aunque sólo se trató de reparar una escoliosis, estuve mucho tiempo con dificultades para moverme (pero desde hace unas dos semanas más o menos que pude empezar a moverme más libremente -aunque tengo que hacer reabilitación-, y esto no es una excusa ya que pude sentarme varias veces a usar la máquina y me desentendí un tiempo del asunto). Y en segundo lugar que cuando tenga tiempo les voy a traer un nuevo capítulo de mi pequeña historia (tengo pensado hacerlo para antes del 27 de este mismo mes).
Así que no me queda nada más que decirles que
GRACIAS POR SU APOYO

y

PERDONEN LA TARDANZA
 
Hardo_V
 
 
 

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