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La Pequeña Comarca
Capítulo 2
Por Agdrai
 
Finalmente llegó el día de mi partida, me despedí de Belda y las lágrimas invadieron sus preciosos ojos azabache. Fue entonces cuando me di cuenta de que era mucho más duro que mis amigos no estuvieran allí, que tener que despedirme de ellos, en ese momento me sentí muy solo y comprendí la difícil decisión que había tomado, y los duros días que me esperaban. No lloré delante de Belda, pues no quería que adivinara mi tristeza, pero cuando le di la espalda y empecé a alejarme, no pude contenerme más. Dejé La Comarca y me dirigí hacia el este en soledad, sin levantar la vista de mis peludos pies y entonces oí mi nombre en la distancia, eran las voces de Rony y Frede, habían venido a despedirme. La tristeza se desvaneció mientras corría hacia ellos.
–Que alegría, habéis venido a despedirme –les dije–. Creí que no lo haríais–. Fue entonces cuando advertí que llevaban una gran bolsa a su espalda.
–No hemos venido a despedirte, mi querido amigo –respondió Fredegar. Venimos contigo.
–¿Cómo íbamos a dejar que te llevaras tú solo el mérito? –Añadió Rony–. Mas yo sabía que no era por eso que habían decidido acompañarme y también sabía cuan duro había sido para ellos tomar esa decisión, sobretodo para Frede, el más joven de los tres y que por esos tiempos sólo llevaba un mes casado con su esposa Dana. Fue por eso que las lágrimas volvieron a surcar mis mejillas, aunque esta vez eran de felicidad, mis dos mejores amigos iban a venir conmigo, mi viaje ya no me pareció tan duro.
Volví a abandonar La Comarca, pero esta vez ya no iba mirando al suelo, lo hacia sonriendo y cantando con mis amigos, todo iba bien, aunque no tardamos en oír el inconfundible ruido de los cascos de los caballos de la Gente Grande. No había muchos sitios donde esconderse al lado del camino, aun así no fue difícil hacerlo, pues somos muy sigilosos para cualquiera de los seres vivos que habitan en la Tierra Media pero sobretodo para los humanos, son muy poco perspicaces y a la vez demasiado ruidosos. Sólo tuvimos un pequeño accidente aunque no tuvo nada que ver con los humanos. Frede y Rony se escondieron entre los arbustos y la maleza, y yo lo hice tras una piedra, los caballos se acercaron y sin advertir que estábamos allí pasaron de largo, de repente oí un grito, no sabía que ocurría y temí que esos hombres también lo hubieran oído, por suerte no fue así. El grito provenía de la garganta de Rony que ahora estaba corriendo en círculos con la mano en su trasero y gritando de dolor mientras Frede estaba en el suelo con una mano en la barriga y dando puñetazos en el suelo con la otra. Habían dado con un nido de abejas, le habían picado en el trasero de Rony y Frede no podía dejar de reír. No pude evitarlo y yo también me eche a reír hasta que caí al suelo. Rony tuvo que curarse solo la herida, nosotros no podíamos. Cuando reemprendimos nuestro viaje Rony no nos hablaba y una mueca ocupaba el lugar de su sonrisa, estaba enfadado, aunque al instante también él empezó a reír.
Llegó la noche y acampamos apartados del camino, amparados por los árboles del bosque al que habíamos llegado unas horas antes. Ninguno de nosotros podía dormir en el duro suelo y como la jornada no había sido muy dura y no estábamos cansados, nos pasamos la mitad de la noche contando historias de antaño y cantando las preciosas canciones que se habían compuesto en honor a Frodo y la compañía del Anillo. Durante nuestro viaje pensé muy a menudo en esas historias, hacían más llevadero el camino, pues si ellos salieron casi ilesos de su viaje a las tierras de Mordor con los Nazgul persiguiéndoles, nuestra misión, encontrar un nuevo hogar para los hobbits, parecía cosa de niños.
Estábamos tan a gusto al lado del fuego contando historias que tuvimos que obligarnos a acostarnos, ya que al día siguiente teníamos que madrugar. No sabíamos cuánto camino nos quedaba por delante, pues teníamos que encontrar un sitio alejado de los humanos y estos de momento estaban por todas partes.
Los días transcurrían tranquilos, de vez en cuando nos cruzábamos con los humanos pero no era difícil esquivarlos, no fue hasta el sexto día de viaje, que nos encontramos en verdadero peligro. Estábamos atravesando un espeso bosque cuando nos sorprendieron siete criaturas, que por las historias que habíamos oído, debían ser orcos. Creíamos que ya no quedaban orcos en la Tierra Media, pero estábamos equivocados, creímos que sólo teníamos que preocuparnos por los humanos, y ese era un error que íbamos a pagar. Ninguno de nosotros reaccionó, sólo yo iba armado y el miedo me paralizó de tal modo que ni siquiera me acordé de la espada que llevaba bajo la capa. Los orcos nos ataron y nos guiaron hacia su campamento, nuestros pasos son más cortos que los suyos y durante todo el camino no cesaron de empujarnos y darnos patadas. Llegamos allí malheridos, entonces nuestras pocas esperanzas se desvanecieron con la visión de unos diez orcos más y aunque es un número pequeño para una tribu de esos seres, por aquellos tiempos y en nuestra situación, era muy numeroso.
El que parecía el jefe empezó a dar órdenes y aunque no entendíamos lo que decían, comprendimos que les íbamos a servir de cena, nos quedaban unas tres horas para pensar cómo salir de allí. Un orco nos ató a un árbol mientras otros tres reunían leña para preparar una hoguera. Al rato comenzaron a beber y de vez en cuando nos vigilaban, mas no lo hacían muy a menudo, pues atados e indefensos no podíamos escapar. No tardaron a emborracharse, pero no se olvidaban de vigilarnos.
Cuando faltaba cerca de una hora para la cena me acordé de la espada, por suerte no nos registraron, supongo que como no reaccionamos pensaban que íbamos desarmados. Lentamente la saqué de su vaina y empecé a cortar mis ataduras, cesando en mi empeño cada vez que se acercaba algún orco. Al poco rato los tres estábamos libres de las cuerdas, esperamos con las manos junto al árbol a que uno de ellos viniera a vernos, así cuando volviera a la fiesta dispondríamos del máximo tiempo posible para escapar. Nos fuimos rápida pero sigilosamente, esta vez estábamos preparados, no nos encontrarían, al rato oímos gritos y no cesamos de correr, al anochecer los perdimos. Esta vez habíamos escapado y de ahora en adelante iríamos con más cuidado, puede que la próxima vez no tuviéramos tanta suerte.

Continuará...
 
Agdrai
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 28-12-2003 Hora: 23:00
Creo que utilizas muy acertadamente el lenguaje: de una manera simple pero efectiva. La historia te encandila desde un primer momento y sientes apego por los personajes (por nada del mundo quieres que les pase algo malo). Quizá te hubieses de haber explaiado más en la captura de los hobbits. A parte de este detalle, me sigue gustando mucho.

Fecha: 29-11-2003 Hora: 16:17
No está mal, es ameno, pero las situaciones que van aconteciendo no están del todo bien resueltas, la narración se entorpece un poco. Además el capítulo ha quedado un tanto soso.

Fecha: 08-11-2003 Hora: 19:11
Amiga mia la historia promete, es que se dijo ke los hobbits son confiados pero la experiencia es muy buen consejo, no komo los humanos el unico animal ke tropieza dos veces kon la misma piedra animo, (Elberond I el sabio)