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La Pequeña Comarca
Capítulo 5
Por Agdrai
 
Seguimos por ese camino cinco días sin ninguna novedad, estábamos agotados, nos dolía todo el cuerpo y cada vez era más difícil caminar. Pero ese cansancio no era nada comparado con el desanimó que atenazaba nuestras mentes, parecía que nunca encontraríamos nada. Todos los días eran iguales y teníamos la sensación de que iba a seguir siendo así eternamente. Ese día cuando todos pensábamos en volver mas nadie osaba decirlo, oímos un gran salto de agua, que provenía del bosque que había al lado derecho del camino que ahora seguíamos. Decidimos acercarnos para ver qué era y descansar. Nos adentramos en el bosque y llegamos a la ladera de una colina de la que descendía una hermosa cascada. Nos detuvimos al lado de una enredadera que ascendía caprichosamente por la orilla de esta y nos sentamos en el suelo.
Nos disponíamos a comer, cuando la silueta de un niño regordete apareció delante de nosotros, esperábamos la llegada de sus padres en cualquier momento pero antes de poder reaccionar, percibimos que el niño no era tal, era un hobbit.

Aún ahora no entiendo cómo pudimos confundirlo con un niño humano, supongo que fue porque no esperábamos encontrar ningún hobbit tan lejos de La Comarca y nuestros ojos estaban ya demasiado acostumbrados a ver Gente Grande por todas partes.

Aunque habían pasado muchos años ya, le reconocimos enseguida, era Olnir Brandigamo, el mismo que jugaba con nosotros unos años antes pero un poco más alto. Olnir y sus padres habían abandonado mucho tiempo atrás La Comarca y no habíamos vuelto a saber de ellos hasta ese momento. El reencuentro fue muy afectuoso, sobretodo para Olnir, pues de sus ojos brotaron algunas lágrimas. Hacía mucho tiempo que no veía a otros hobbits que no fueran sus padres.
Se acercó a la enredadera y la apartó, descubriendo así un camino que se adentraba en la colina, tras la cascada. Nos invitó a pasar, y nuestros ojos no podían creer lo que estaban viendo, era como si hubiéramos vuelto a La Comarca, allí nos sentimos como en nuestra propia casa, sus padres habían hecho un gran trabajo adecuando esa cueva al más puro estilo hobbit, era un lugar encantador y muy acogedor, habían dividido la cueva en habitaciones, construyendo muros en los que dejaron puestas circulares, la única diferencia apreciable que había entre esa cueva y un verdadero smial, era el techo que estaba demasiado alto, no habían podido evitarlo, pues la cueva ya era así cuando llegaron. Era imposible que se hubieran llevado todo lo que allí había cuando se fueron de La Comarca, así pues fueron ellos quienes construyeron todos los muebles que ahora contemplábamos, era increíble lo que habían hecho esos tres hobbits solos, no sólo habían sobrevivido sino que habían creado un estupendo hogar. Únicamente faltaba una cosa, un jardín, o eso era lo que creíamos.
Llegamos al comedor donde se encontraban sus padres esperándole para comer. Cuando nos vieron, al igual que su hijo, se alegraron mucho y nos invitaron a comer. En un momento Friga, que así se llamaba su madre, preparó comida para todos mientras Olnir y su padre, Bolgo, situaban otras tres sillas alrededor de la gran mesa y cubiertos para todos encima de ella. Nos extrañó que tuvieran todo eso siendo sólo ellos tres, pero nos explicaron que siempre habían albergado la esperanza de sentarse en esa mesa junto a otros hobbits.
Durante la comida les explicamos nuestro viaje y ellos nos relataron el suyo. Tras haber saciado nuestro apetito nos dispusimos a encender nuestras pipas y los ojos de Bolgo se iluminaron como nunca antes habíamos visto en un hobbit.
–¿Podéis darme un poco a mí también? –preguntó mirando el tabaco. Hace más de un año que terminé el que traje de La Comarca.
–Por supuesto –respondimos los tres a la vez.
–Gracias –dijo Bolgo–. Voy a buscar mi pipa, aún la tengo guardada en alguna parte.
Olnir también trajo la suya, y los cinco nos relajamos fumando mientras seguíamos contando nuestras respectivas historias.
Finalmente nos pidieron que nos quedáramos allí al menos hasta el día siguiente, aceptamos sin pensárnoslo mucho y mientras Friga nos preparaba unas camas en el suelo de una pequeña habitación, Olnir y Bolgo nos enseñaron el resto de la casa. Nuestra sorpresa fue mayúscula al ver que ésta albergaba en su interior ni más ni menos que un jardín. Al fondo de la cueva había un diminuto pasadizo que conducía a una gran sala cuyo techo era el cielo. Nos explicaron que cuando llegaron estaba ocupada por malas hierbas que se alimentaban del agua del río que se filtraba por las paredes, ellos las habían quitado y en su sitio habían plantado las semillas que trajeron de La Comarca, ahora era un precioso jardín con las más bellas flores de La Comarca que compartían su nuevo hogar con diferentes hortalizas y unos árboles frutales. Como ya suponía, Bolgo no había traído semillas de hierba para pipa y en el jardín faltaba sin duda una planta de tabaco así que le di a Bolgo unas semillas de las que había traído de La Comarca. Estuvo muy agradecido pero era lo menos que podía hacer después de lo que ellos habían hecho por nosotros.
Por la tarde nos bañamos con una reconfortante agua caliente en la que Friga había hervido unas hierbas aromáticas que calmaron nuestros doloridos músculos. Mientras tanto Olnir y Bolgo habían salido a cazar para la cena. Cuando hubimos terminado de bañarnos, Friga nos ofreció unas frutas y unas galletas. Hacía tanto tiempo que no hacíamos las seis comidas de rigor que casi ni nos acordábamos. Cuando hubimos terminado nos mandó al bosque a buscar unas setas para condimentar la cena. Un poco más tarde regresaron Olnir y Bolgo y lo hicieron con doce hermosas perdices que Friga cocinó con las setas y algunas hierbas de su jardín.
A la hora de la cena, nos sentamos a la mesa dispuestos a probar las perdices que Friga había cocinado. Cuando nos la sirvió, pese a parecer muy apetitosa, desprendían un olor aromático demasiado cargante, aunque a ellos parecía no importarles. Creí que no sería capaz de comérmelas pues ese olor me mareaba. Aún así, sabía que debía hacerlo, pues ellos nos habían invitado y compartido su comida con nosotros, no podía hacerles un ofensa tan grande. Miré a Rony y a Frede y los dos compartían mi preocupación. Pusimos cara de resignación y empezamos a comer. Cuando puse el tenedor en mi boca y la cerré en torno a un pequeño trozo de carne, este se deshizo en mi lengua dejándome mil sensaciones, era la carne más sabrosa que había probado nunca y por las caras de mis amigos ellos tampoco habían probado nunca nada igual. Al contrario de lo que parecía por su olor, la salsa con la que las hubo guarnecido era muy suave y enseguida nos las hubimos terminado.
Tras la cena, alguien empezó a cantar una bella canción de antaño, no pude resistirlo, cogí mi flauta y me puse a acompañarle, al instante todos estábamos cantando. Como todos estábamos cansados, nos fuimos a dormir temprano, tras tres canciones. Hacía muchos días que no dormíamos en una cama de verdad y estábamos ansiosos por hacerlo. Era una cama muy confortable con unas suaves sabanas muy distintas a las mantas que usábamos para dormir al raso y enseguida caí rendido.
A la mañana siguiente estábamos tan descansados como el día que salimos de La Comarca, las comidas de Friga, las camas y sobre todo su hazaña nos habían hecho recuperar las fuerzas y el entusiasmo en el viaje. Además, al levantarnos Olnir había hecho su equipaje, había cogido su arco y unas cacerolas, además de ropa, algunas hierbas y otras provisiones. Vendría con nosotros y si encontrábamos un nuevo hogar volveríamos a buscar a sus padres, su hogar era muy acogedor pero no había hobbits cerca para compartir las penas y las alegrías, y después de haber estado con nosotros lo echaban más en falta que nunca.

Continuará...
 
Agdrai
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 29-12-2003 Hora: 20:48
Detallista y sorprendente. En este capítulo has demostrado que no sólo hay madera narrativa en ti sino también descriptiva. Hasta aquí, la historia podía tomar dos caminos: o volverse mucho más activa o que tuviese un momento de relax como tú has hecho. Te diría que quizá el momento de la despedida se alargase un poco y la conversación con Olnir también. Pero tengo en cuenta que no se trata de una novela sino de un relato corto. Quizá ampliando estos aspectos tendrías material para una novela. Muy bien, después del episodio de los perros queda de maravilla una sorpresa como ésta.

Fecha: 29-11-2003 Hora: 23:01
Vaya, resulta que este capítulo consigue el efecto contrario que los demás. Aquí si has conseguido un buen ritmo a base de describir lgares y sensaciones, quedando claro qué querías contar, todo lo que iban descurbiendo los sorprendidos hobbits. Sin embargo, el final es poco brusco, y parece poco justificada la marcha de Olnir de su magnífico hogar. Se intuyen los motivos, pero Olnir muestra de repente muy poco apego por su nueva y excelente casa, aunque supongo que no es eso lo que querías dar a entender.