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La Pequeña Comarca
Capítulo 6
Por Agdrai
 
Olnir se conocía el bosque a la perfección así que nos guió por él durante muchas horas. Íbamos siempre bordeando el camino, aunque unas veces lo teníamos más cerca y otras más lejos, así evitábamos encontrarnos con la Gente Grande y no teníamos que escondernos cuando pasaban por el camino.
A mediodía nos detuvimos a comer en el bosque y después salimos de él, pues a partir de allí Olnir ya no lo conocía y era mejor viajar por el camino.
En los días que siguieron, advertimos que los encuentros con la Gente Grande eran cada vez menos habituales y eso nos animó aún más, aunque no pudimos evitar recordar el encuentro con los orcos, pues si los había en ese bosque, con los humanos tan cerca, podrían encontrarse también en esos parajes.
Tres días después de abandonar la casa de Olnir, empezó a llover. Al principió no era mucho y con la capas teníamos suficiente. Pero al anochecer fue empeorando, pues empezó a soplar el viento. El agua nos acechaba en todas direcciones, mojaba nuestras caras hasta bajar deslizándose por nuestros cuellos empapándonos todo el cuerpo. Además, a pesar del viento y la lluvia no hacía frío, al contrario, hacía calor y éste, se hacía más insoportable por la cantidad de ropa que llevábamos encima. Al poco rato estábamos agotados, pues la ropa cada vez pesaba más y se hacía más insoportable.
Nos internamos a ciegas en el bosque, pues las tenebrosas nubes vestían la luna de oscuridad y además, el cabello cubría nuestros rostros impidiéndonos ver nada. En él esperábamos encontrar algún sitio donde resguardarnos de la lluvia por esa noche. En lugar de eso, sin darnos cuenta nos internamos en un cenagal. Nuestros pies empezaban a hundirse, intentamos no perder la calma y caminar hasta la orilla pero era imposible, cada vez nos hundíamos más y cuando nos dimos cuenta el barro llegaba hasta nuestro pecho. El pánico se adueñó de nosotros e intentamos nadar para salir de allí, tampoco eso funcionó, cuanto más nos movíamos, más nos hundíamos. Entonces pasó algo inesperado.
La rama de un árbol cayó delante de mí, levanté la vista como pude y vi a un humano sosteniendo la rama.
–Cógete a ella –me dijo–. Te sacaré de ahí, no tengas miedo, no voy a hacerte daño.
No tenía otra opción así que me aferré a la rama y salí.
El último en salir fue Rony, al que casi no salvamos, pues el fango casi le cubría la cabeza cuando sacó los brazos para coger la rama.
Entonces el humano volvió a hablar:
–Vamos seguidme, conozco muy bien este bosque y cerca de aquí hay una cueva en la que podremos resguardarnos–. Dijo cogiendo su caballo y empezando a caminar.
No sabíamos nada de ese humano pero seguía lloviendo así que no teníamos otro remedio, asentimos y le seguimos. No le conocía pero por alguna razón no le temía, era como si lo conociera de antes, aunque estaba seguro de no haberlo visto nunca.
Una vez en la cueva encendimos un fuego para secarnos y el humano se interesó por nuestra misión. Era un hombre bastante mayor, pues su pelo era blanquecino, aunque era fuerte. Sus facciones eran las de un hombre bondadoso y sus ojos reflejaban una gran sabiduría.
–¿Qué hacen cuatro hobbits tan lejos de La Comarca? –preguntó–. Llevo días siguiéndoos, me extrañó ver unos medianos alejarse de La Comarca.
–¿Cómo sabe qué somos? ¿Qué sabe usted de La Comarca? –le pregunté sorprendido de que conociera nuestra existencia–. Y sobre todo, ¿Por qué nos siguió?
–Mis padres me contaron cómo los medianos salvaron la Tierra Media hace muchos años, todos los humanos deberíamos estar agradecidos a vuestra raza. También fueron ellos los que me hablaron de La Comarca. Si os seguí, fue más que nada por casualidad, íbamos en la misma dirección y os hubiera adelantado cuando hubiera satisfecho mi curiosidad sino fuera porque vi como os capturaban los orcos. Fue entonces cuando decidí ayudaros. Sigilosamente me colé en el campamento de los orcos y eche unos polvos en su bebida. Fue por eso que parecían borrachos y fue eso también lo que hizo que fueran más lentos en su persecución, pues por sigilosos que fuerais eran mucho más rápidos que vosotros. Los polvos embotaron todos sus sentidos y evitaron también que pudieran oleros. A partir de ahí decidí seguiros por si os metíais en algún otro lío, aunque os he de decir que os las arreglasteis muy bien en los campos del rey, os perdí la pista y no volví a saber de vosotros hasta que oí a un granjero quejarse de que unos niños habían querido robar en sus tierras.
–Muchas gracias, –le dijimos–. Nos salvó dos veces la vida. ¿Como podremos recompensarle?
–No tenéis que agradecerme nada, nunca me han caído bien esos seres, roban en los campos y destrozan los bosques. Después de ayudaros me dirigí hacia el palacio a revelarles donde se encontraba su campamento, pues hacía tiempo que los buscaban. Pero aún no habéis respondido a mi pregunta –añadió–. ¿Qué os trae por aquí? Habéis hecho un viaje muy largo y peligroso, debe ser algo muy importante.
–No te conocemos –respondió Frede. ¿Cómo sabemos que podemos fiarnos de ti?
–Cómo habéis dicho antes, –le contestó él –os he salvado la vida dos veces, si hubiera querido haceros daño, lo hubiera hecho ya.
–Buscamos un hogar para los hobbits. No podemos seguir viviendo en La Comarca, pues la Gente Grande se encuentra cada vez más cerca de allí –respondí, pues había algo en ese anciano que me inspiraba confianza.
–¿Me permitís un humilde consejo? –Preguntó el humano–. Si lo que queréis es alejaros de los humanos ¿Por qué entonces para encontrarlo, seguís los caminos que ellos trazaron?
Esas sabias palabras nos hicieron reflexionar, hasta ese momento seguíamos los caminos, pues no sabíamos donde buscar, supongo que pensábamos que aparecería delante de nuestras narices de un momento a otro. Pero ahora se nos presentaba un reto mayor, debíamos alejarnos de cualquier camino y seguir sin rumbo alguno para llegar donde nadie antes lo había hecho. Estábamos perdidos, no sabíamos adonde ir. Supongo que adivinó nuestro desconcierto pues fue él mismo quien nos indicó el camino a seguir.
–Volved atrás, hasta el cruce de caminos que dejasteis atrás hace unos días. –Nos dijo–. Coged el camino que va hacia el sur, veréis que este sigue paralelo a una cordillera, dejad el camino, acercaros a ella y viajad pegados a las montañas lo más que podáis. Frente a vosotros veréis un bosque, antes de llegar a él deberíais haber encontrado una hendidura en la pared, si no es así retroceded y buscadla. Seguid por la hendidura y llegaréis a un pequeño valle. No es muy grande pero será suficiente pues la raza de los hobbits no es tan numerosa hoy como en antaño. La única entrada al valle es esa hendidura, antes era más grande y se podía acceder a su interior, ahora sólo vosotros podréis hacerlo, ningún humano podrá entrar allí. Aunque debéis saber que dentro de unas décadas quedará cerrada del todo, pues es cada vez más estrecha, si os instaláis allí vuestros nietos tendrán que quedarse para siempre. Sólo vosotros podéis decidir si queréis alejaros así del mundo.
–Otra vez debemos darle las gracias, no sabíamos qué rumbo tomar. Iremos en busca de ese valle y cuando lo encontremos volveremos a La Comarca y lo consultaremos con el resto de los hobbits. –Le dijimos.
–De nada, –respondió–. Para regresar a La Comarca a buscar a vuestras familias, no hace falta que crucéis los campos de los humanos, cercana a la grieta hay una antigua senda por la que no os costará viajar y por la que no os cruzaréis con ningún humano, pues no hay campos por allí. Además en el bosque ya no hay orcos así que no hace falta que viajéis por el camino. Mucha suerte pequeños hobbits, yo ahora me voy, debo seguir mi camino, partid al amanecer y no perdáis tiempo.
–Espere, dénos al menos su nombre. –Le dije–. Aunque si me oyó, no lo sé, pues se alejó cabalgando con su precioso caballo blanco, sin añadir nada más. Nunca supimos quién era ese bondadoso hombre, aunque eso confirmó que no toda la Gente Grande es peligrosa.
Fue una noche extraña, pues todos estábamos perturbados por las palabras del anciano y no pudimos pegar ojo. Al día siguiente estábamos muy cansados pero aun así nos levantamos temprano para llegar cuanto antes a casa de Olnir y explicar lo sucedido a sus padres.

Continuará...
 
Agdrai
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 30-12-2003 Hora: 13:34
Sigues describiendo la sucedido con maestría. El momento en que empieza a llover está recreado de una manera espléndida.Aplaudo que no te extendieras más y te sumergieras de lleno en la acción de salvar a los hobbits. Eso significa que eres consciente de que quieres escribir una historia corta. Muchos escritores caen en la tentación de alargar lo que en un principio debía ser breve lo que comporta confusión al lector que se espera rapidez y no que te recrees. Tu escrito contiene la dosis justa de descrpción y acción.
Cuando el humano hace referencia al incidente con los orcos se echa en falta la explaiación que te he ido recordando.
Por otro lado, el consejo del humano ya hace suponer cómo terminarás el escrito, algo que no es para nada malo sino que reconduce al lector al verdadero motivo de esta aventura. Lo sigo leyendo encantado.

Fecha: 30-11-2003 Hora: 22:08
El relato ya se ha consolidado como una historia sencilla y simpática, que entretiene pero no va mucho más allá, y de ahí se derivan sus males y virtudes en la narración y el ritmo. Eso se ve en este capítulo con la aparición del humano. Te cuesta llegar a la situación, incluso parece que quieras salir del paso, y su presencia está un poco cojida por los pelos. Pero eso sí, los diálogos son apreciables y amenos, e introducen un nuevo aliciente argumental a la historia. De nuevo mejora el capítulo conforme avanza.