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La Pequeña Comarca
Capítulo 7
Por Agdrai
 
Llevábamos tres días de camino y aún no habíamos llegado a casa de Olnir pues el camino estaba más transitado de lo que estábamos acostumbrados. No cesaban de pasar carretas y como no entendíamos qué sucedía fuimos a investigar. Seguimos sigilosamente a un grupo de carretas que viajaban juntas, escondidos entre los árboles, finalmente pudimos averiguar que el Rey daba una gran fiesta en honor al matrimonio de su hija.
De repente escuchamos un ruido tras nosotros y seguidamente oímos el inconfundible llanto de un niño. Nos acercamos hacia el lugar de donde provenía el llanto y lo encontramos sentado en el suelo. Era un chiquillo de pelo castaño y con unos ojos enormes que, pese a que hacía un momento estaban llenos de lágrimas, ahora lo observaban todo con gran curiosidad, estaba sentado en el suelo con una herida en la rodilla. Era sólo un pequeño rasguño y parecía que ya no le dolía.
–Sois unos niños extraños –dijo–. ¿Por qué tenéis pelos en los pies? ¿De dónde sois? ¿Qué hacéis viajando por el bosque? ¿Queréis jugar al escondite conmigo? –Preguntó sin dejar de revolotear a nuestro alrededor.
–So… Somos unos niños como tú –le contestamos temiendo que supiera que no éramos realmente niños y avisara a sus padres–. Pero no podemos jugar ahora, tus padres te dejarán atrás si no subes rápidamente a la carreta.
Entonces volvió a llorar.
–¿Por qué lloras pequeño? Sólo tienes un rasguñito –le preguntó Rony.
–He perdido a mis padres, ellos no van en esa carreta, van en la primera de todas y no puedo llegar hasta ellos, están lejos ya. Me bajé hace un rato a hacer pis y ellos se fueron, luego os encontré a vosotros, si os vais me quedaré solo.
–Tus padres no debieron verte bajar –lo tranquilizó Rony. No te preocupes, no nos iremos, es más, te ayudaremos a encontrar a tus padres.
Al oír eso dejó de llorar de inmediato.
–¿Cómo te llamas pequeño? –le preguntó Rony.
–¿Pequeño? ¡Si soy mayor que tú! –dijo él riendo–. Me llamo Galdar. ¿Y vosotros?
Rony nos presentó y sin retrasarnos más, empezamos a andar. No sabíamos cómo íbamos a encontrar a sus padres pero no podíamos hacer otra cosa. El niño retrasaba nuestra marcha y la carreta de sus padres estaba cada vez más lejos. Unas horas más tarde llegamos a la altura de la casa de Olnir, aunque no pudimos llegar a ella porque viajábamos por el lado opuesto del camino y en él había un carruaje detenido porque le estaban cambiando una herradura a un caballo. Entonces se nos ocurrió una idea, nos subiríamos tras el carruaje y así viajaríamos más rápido. Lo hicimos sin ningún problema y aunque viajar así no era muy cómodo y nos dolían los brazos de sujetarnos para no caer, al menos no teníamos que andar y viajábamos mucho más rápido, pues el carruaje viajaba deprisa para recuperar el tiempo perdido. Por las conversaciones que oímos, en el carruaje viajaba una importante familia que iba a asistir a la boda de la princesa.
–Van a la boda de mi hermano, se casa dentro de una semana, ahora vamos al palacio de su futura esposa, para quedarnos allí hasta el día de la boda –dijo Galdar de pronto.
–¿Tu hermano es el príncipe que va a casarse? –le preguntamos asustados, pues si era así nos sería difícil devolverlo a sus padres sin ser vistos.
–Sí, es él –respondió. Yo también soy príncipe sabéis –dijo sonriendo.
Estábamos en un buen lío pero no podíamos dejar solo al chico así que nos resignamos. Nos quedamos en el carruaje contándole viejas historias a Galdar.
Al anochecer el carruaje se detuvo bruscamente y casi nos caímos, algo bloqueaba el camino. Frede asomó la cabeza.
–Bajad, rápido –instó. Corred hacia el bosque, rápido, antes que nos vean.
–¿Qué ocurre? –preguntamos sin cesar de correr.
–Hay un carruaje mayor que este en mitad del camino y guardias por todas partes.
Cuando nos calmamos oímos a alguien gritar:
–Galdar, Galdar. ¿Nos oyes? Responde –decía la voz.
–Es mi padre –dijo Galdar. Me habéis ayudado a encontrarle, se lo diré y os lo agradecerá.
–No, Galdar, no le digas nada de nosotros. Dile que bajaste a hacer pis y te perdiste, si ve a unos niños contigo se enfadará y te castigará porque pensará que te escapaste a jugar –mintió Rony. Nosotros nos iremos.
–Tienes razón –dijo sollozando. Debo irme. ¿Os volveré a ver algún día?
–Es posible –volvió a mentir Rony. Ahora vete, tus padres te están buscando.
Habíamos dejado muy atrás la casa de Olnir, así que resolvimos pasar la noche allí y al día siguiente, seguir adelante en busca de la hendidura. Si la encontrábamos volveríamos a buscarlos.
Tardamos un día en llegar hasta el cruce y dos más en llegar hasta hendidura, el viaje fue rápido porque no nos encontramos con ningún otro viajero, todos estaban en la corte. No fue difícil, aunque estaba escondida tras la maleza que se había formado con los años. No había duda de que hacía tiempo que nadie pasaba por allí. Con la ayuda de la espada libramos el camino de malas hierbas y nos adentramos en él.
Cuando llegamos al interior adivinamos por qué aquel hombre había dicho que podría ser nuestro futuro hogar. Era un pequeño valle rodeado de montañas no era muy grande, pero como ese hombre había dicho, sería suficiente. Era precioso y en él podríamos alojar nuestros campos además, estaba rodeado de montañas en las qué podríamos construir nuestros smials. Las malas hierbas se habían adueñado de él pero no habían podido ocultar su belleza, la tierra era fértil y en el centro había un lago y en su orilla un bosque, además en las montañas había algunas cuevas que podríamos adecuar para vivir. Ya nos encargaríamos poco a poco de quitar las malas hierbas y de sembrar todo el valle con toda clase de flores, árboles y demás. En pocos meses, ese sería un verdadero hogar, con jardines, campos y sobre todo con la compañía de los demás hobbits. No hacía falta preguntarlo a las gentes de La Comarca, estábamos seguros de que cuando les contáramos lo que habíamos visto asentirían de inmediato.
No pude plantar las semillas que había traído, pues se tenía que hacer mucho trabajo aún. Pasamos la noche allí y al día siguiente nos encaminamos hacia La Comarca. Tras salir de la hendidura nos despedimos de Olnir, él iría a buscar a sus padres y nosotros a los demás hobbits. Fue difícil dejar que Olnir se fuera solo hacía su casa, pero todos queríamos regresar cuanto antes a La Comarca. Él lo comprendió y nos dijo que no nos preocupáramos. Nos encontraríamos unos días después en La Pequeña Comarca.

Ese era el nombre que le pusimos en un principio, pensábamos cambiarlo más adelante pero al final lo dejamos así.

Fuimos por la senda que nos indicó aquel anciano y en cuatro días llegamos al bosque en el que nos habíamos encontrado con los orcos. Nos adentramos en él y cuando llegamos a lo que había sido su campamento nos encontramos con un gran montón de cenizas de lo que había sido una hoguera. En el centro de ésta había una estaca clavada con la cabeza de un orco ensartada a modo de advertencia, por si algún otro orco rondaba por allí.
No queríamos acampar cerca de ese horrendo lugar así que seguimos avanzando para alejarnos lo más posible de allí. Acortamos por el bosque y ganamos un día, en cinco días habíamos llegado a La Comarca.

Continuará...
 
Agdrai
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 30-12-2003 Hora: 14:52
Descripción de la Pequeña Comarca acertada que contrasta con el encuentro del orco asesinado. Una buena salsa se logra con muchos ingredientes y estás en el buen camino para lograrla. Aun así, creo que no hubiese estado de más alguna que otra aventurilla más volviendo a la Comarca. Tienes algunas faltitas y creo que tendrías que poner más parágrafos pero no hay duda de que aquí hay un muy buen trabajo. Un hilo argumental novedoso, una escritura ligera y enganchosa, hobbits encantadores... Por ahora mes sorprende muy positivamente (siento ser tan puntilloso pero no puedo callármelo). Sigo en ello.

Fecha: 30-11-2003 Hora: 22:36
nuevo subargumento, aunque esta vez me pregunto si no sobrará... bueno, tampoco está tan mal.