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La Pequeña Comarca
Capítulo 8
Por Agdrai
 
Lo primero que hicimos fue reunirnos con nuestras esposas.
Cuando entré en casa, las lágrimas brotaron de los ojos de Belda y también de los míos.
–Te he echado de menos –me dijo casi inaudiblemente.
–Yo también a ti querida –le respondí dándole un gran beso.
Nos quedamos un buen rato abrazados y después le relaté el viaje.
Fuimos a avisar a todos los hobbits que aún quedaban en La Comarca de que convocábamos una reunión para la mañana siguiente. La reunión se haría a las nueve, en el jardín del viejo Mallorn y la gente ya sabía de qué trataría pues nuestro viaje no había sido un secreto y nuestra vuelta había levantado mucha expectación.
No tuvimos que hablar mucho para convencerlos y acordamos que partiríamos dos días después. Cogimos sólo lo que podíamos llevar, sobretodo semillas para plantarlas, ropa y provisiones, lo demás lo dejamos. Ya nos las arreglaríamos allí, igual que habían hecho Olnir y su familia. Cogí también unas semillas del Mallorn, para plantar uno nuevo en La Pequeña Comarca, como hizo Sam antaño cuándo plantó el Mallorn en La Comarca, tras la Guerra del Anillo.
A la hora acordada nos encontramos con el resto de hobbits y empezamos nuestro viaje. Nos internaríamos en el bosque, para ir luego en busca de la senda que nos llevaría a nuestro hogar. No nos sería fácil, escondernos, éramos una compañía muy numerosa y debíamos evitar los caminos lo más posible.
No pudimos hacerlo, pues nada más salir de La Comarca nos sorprendió un gran ruido de cascos de caballos. Intentamos escondernos mas no pudimos, en un momento nos sorprendió todo un ejército de hombres. Ninguno de nosotros reaccionó, nuestras esperanzas se habían desvanecido nada más empezar. De repente oímos una voz conocida.
–Rony –chilló la voz. ¡Al fin te he encontrado! –era la voz de Galdar, él nos había delatado y ahora estábamos perdidos.
–Mi hijo me contó cómo le ayudasteis a encontrarnos, pues no supo mentirnos y le descubrimos. Os estamos muy agradecidos –dijo el hombre que iba al mando del ejército.
–Gracias por salvar a mi hermano –dijo el joven que había a su derecha.
–D… de nada –dijo Rony
–No tengáis miedo –dijo el que debía ser el rey. No podíamos creer que unos niños le hubieran ayudado, entonces pensamos que podíais ser hobbits y no nos equivocamos. Mi hermano me contó que os había indicado el camino hacia lo que sería vuestro próximo hogar. También fue él quien me habló de La Comarca y me indicó dónde encontraros, cuando le dije que os ayudaría a llegar hasta allí. He venido con mis hombres de confianza y si dejáis que os llevemos hasta ese valle os juro por mi honor que nunca nadie sabrá de su paradero por boca de mi familia ni de mis hombres.
–Aceptamos su ayuda, Majestad –le contesté yo con una reverencia. Muchas gracias, pero no tendríais que haberos molestado, le ayudamos de todo corazón.
El Rey se había tomado muchas molestias y no podíamos menospreciar su ayuda. Nos ayudaron a los hombres a montar con ellos en los caballos y a las mujeres en las carretas. El único hombre que viajaba en una carreta era Rony, que lo hacía con Galdar. El Rey me invitó a cabalgar con él y Frede montó con el príncipe.
En pocos días llegamos hasta La Pequeña Comarca y nos despedimos de la comitiva que nos había traído hasta allí. Rony y Galdar se despidieron con lágrimas en los ojos, sabían que ya no volverían a verse nunca más. El chico le regaló a Rony la cadena que llevaba al cuello como recuerdo y Rony a su vez le regaló un anillo que había pertenecido a su padre y que él no se había quitado nunca.
Entramos a La Pequeña Comarca por la grieta y todos se quedaron sorprendidos. Olnir y su familia habían llegado sólo unas horas antes. Poco a poco nos distribuimos el terreno y cuando nos dimos cuenta nos habíamos instalado de forma similar a como estábamos en La Comarca.
Todos colaboramos para quitar las malas hierbas y replantar los campos con árboles y hortalizas y los jardines con plantas de todos los colores. Olnir se había traído las semillas de tabaco que le regalé y las plantó en su jardín junto con muchas otras plantas. En pocos meses todo había florecido y el Mallorn había empezado a brotar, como habíamos predicho era un lugar maravilloso.
Tu abuela y yo vivimos y fuimos muy felices allí. Un año después de llegar nació nuestra preciosa hija, Elanor. Verla crecer feliz y rodeada de otros niños como ella fue lo más bonito del mundo. Por desgracia nuestra imperturbable felicidad se vio empañada por la muerte de tu abuela, cuando Elanor contaba con la vespertina edad de treinta y cinco años.
Tras su muerte yo me sentía muy sólo y La Pequeña Comarca carecía de sentido para mí. Elanor era lo suficientemente mayor para valerse por sí sola así que decidí volver aquí a La Comarca y quedarme en ella hasta el fin de mis días.
Me despedí de todos mis amigos y vecinos y también de mi hija. Ella no quería que me fuera pero al fin comprendió mi decisión.
Dejé La Pequeña Comarca en soledad, como lo había hecho muchos años antes, pero esta vez sabía que nadie vendría a acompañarme y eso no me importó. Cogí la misma senda por la que había viajado con mis amigos años atrás y finalmente crucé el bosque.
Al llegar a La Comarca rescaté todo lo que pude de mi antiguo hogar y del resto de los hogares, deberías de haber visto la cantidad de mathoms que allí encontré, no podrías creerlo. Me instalé en lo que quedaba de un smial cerca del viejo Mallorn y poco a poco lo arreglé para que fuera habitable.

Desde entonces he vivido aquí con la compañía de las plantas, las flores, los árboles y los pájaros que anidan el ellos y aquí he encontrado otro tipo de felicidad. He recordado mi niñez, el día que conocí a tu abuela, a Rony y Frede y muchos otros recuerdos agradables. Te pido que, cuando encuentres esta carta, no llores por mí, Sam, no hay ningún motivo para que estés triste.
Junto con esta carta encontrarás la espada que usé en mi viaje, cuídala bien, pues es la misma que nuestro antepasado Sam encontró en el tumulario y que heredé de mis antepasados. Ahora te la cedo a ti y espero que te sirva igual de bien como lo hizo con Sam y conmigo.

Con cariño, tu abuelo Brono Gamyi.

Continuará...
 
Agdrai
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 30-12-2003 Hora: 16:04
Creo que este capítulo es decisivo. En esta historia ha habido momentos vibrantes y pausados, ahora llega el desenlace y por lo que veo no has caído en la simplicidad, cosa que enriquece el libro. Te has extendido en el sentimentalismo, algo digno de alabar (recordemos que en el Señor de los Anillos hay más de treinta páginas para relatar el emotivo final y préviamente se procede a la despedida en Minas Tirith, las bodas... Tolkien no se corto un pelo haciendo emotivo el final de su obra y creo que es digno de alabanza hacerlo en los días que corren).
Resulta gratificante que alguien halle en la obra de Tolkien algo más profundo que las batallitas.
Me he quedado con ganas de saber más sobre esos humanos y sobre la nueva vida en la pequeña comarca...cuando acabo de leer los libros que más me han fascinado también me quedo con ganas de más.
Aun así, recuerda que no es perfecto. Hay asectos que pulir que te he ido subrayando.

Fecha: 30-11-2003 Hora: 22:50
Un capítulo demasiado emotivo, se hace un tanto empalagoso. Por otra parte, el desenlace es demasiado precipitado, parecía que la historia iba a dar para más, sobre todo después del último capítulo, pero la resuelves en varias lineas. En cuanto a la vuelta de Brono a la Comarca, ¿no se suponía que habían salido huyendo de ella porque era muy insegura? ¿no podría hel rey haber proporcionado seguridad a la comarca en vez de guiar el éxodo? ¿como se fueron todos tan fácilmente? son cosas que quedan en el aire...