Ir a Posada de Mantecona
 


 
 
 
 
Aurenar
(Huésped de la Posada
)
Raza: Elfa Sinda
Procedencia: Madrid
Edad: 33 años

       
Aspecto: Hija de Galathil y, por tanto, pertenciente a la Casa Real de Doriath, poseo el cabello plateado característico de la misma, además de los ojos grises con fulgores argénteos también típicos. Alta entre los míos, poseo una elegancia y gracilidad inherentes. Mi nombre se debe a la peculariedad de mi pelo, capaz de tomar los rayos vespertinos y reflejarlos, dando lugar a una gran llama. Sim embargo, habitualmente llevo los cabellos tapados por el velo que se ciñe a mi cabeza con una diadema de plata con una esmeralda engarzada en su centro, símbolo de mi Casa.
Mis ropajes suelen ser grises o blancos y, sólo en ocasiones especiales, verdes con dibujos de colas de pavo real, símbolo también de mi Casa. En mis manos sólo llevo dos anillos: uno de oro, el de matrimonio, y otro de mithril con una esmeralda, regalo de mi buen Celebrimbor, que me lo entregó en una de mis visitas a Ost-in-Edhil.

Historia: Nací en Beleriand cuando el día se llamó por primera vez tal, en el Reino Oculto de Thingol, Eglador o Doriath, como fue conocido en Edades posteriores. Hija de Galathil, Príncipe de Eglador y de Laeglin Aranathron, formo parte de la Casa Real de Doriath. Antes de alcanzar la madurez fui aprendiz de un maestro noldor llamado Naringe, del que aprendí numerosas cosas. Los avatares del destino y mis decisiones me llevaron a vivir lejos de mi hogar hasta que pude volver a él. Tras la caída de Doriath, me trasladé con mi gente a los Puertos, donde comencé a desarrollar mis poderes de sanación, que llegarían a su punto álgido sirviendo a Gil-Galad en Lindon. En los Puertos conocí y me casé con Lómendil, un noldo fiel amigo de Ereinion, que más tarde sería uno de los caballeros del Círculo Sagrado del Rey Supremo de los Noldor. En Lindon fundé las Casas de la Curación y, siempre al servicio del que consideré mi primer Rey y Señor, fui su Sanadora Jefe en todas las campañas que realizó. Su caída fue un duro golpe para mí y nunca residí de nuevo en Lindon, mudando mi hogar cuando mi tío Celeborn y su esposa lo mudaban. Más tarde, la desesperación y la desolación me llevaron a vagabundear por la Tierra Media hasta llegar a esta posada.

Habilidades: Durante mis años de juventud aprendí la mayor parte de mis saberes de la mano de Naringe, un noldo de gran conocimiento. El me enseñó el arte de la Herreria y el Alquimismo así como la noble lengua de los Noldor, el Quenya, lengua que dominé a la perfección en menos de un año solar y que siempre defendí. Hábil por obligación de mi maestro en todo lo que me enseñó, compaginé mis estudios con él y el aprendizaje del manejo de armas, destacando con el arco, los cuchillos y la espada. Durante esos años también aprendí a tocar la lira de plata que me regaló mi padre y que me acompañó en todos mis viajes.
Mi egoísmo inicial se fue diluyendo con los años y los pesares para darme cuenta tras el asalto de los Enanos a mi ciudad que debía hacer todo lo que pudiera por la gente a la que pertenecía. Siempre había tenido una gran capacidad de recuperación cuando era herida, pero no fue hasta que vi como la vida de mi prima y amiga Netharas se escurría entre mis manos que no me di cuenta que poseía una habilidad especial para la sanación. Netharas murió y la culpabilidad me asaltó. Tras su muerte, pedí a la Sanadora Jefe de mi pueblo, Phaire, que me enseñara todo lo que ella sabía de curación y, cuando lo hube aprendido todo, encontré un nuevo maestro, Turussë de Gondolin, del que aprendí la sanación tal como los Noldor la realizaban. Gracias a él, el poder que se encerraba dentro de mí salió a la luz y me sorprendí al descubrir que era poderosa en el arte de sanar. Desde entonces no me dediqué a otra cosa más que a sanar y enseñar a tal arte, fundando las Casas de la Curación de Lindon.

Armas: Mis armas son para mí mis posesiones más preciadas, pues me recuerdan a mis más queridos parientes. Mi padre me regaló poco después de cumplir la mayoria de edad su espada, un arma de ithilnaur gemela a la que poseía mi tío y con la que había luchado en la primera batalla de Beleriand. La espada se llama Dagniristil, Matador de Resplandor Plateado.
Mi ermitaño pariente Elmo me regaló un arco largo llamado Cûr, Arco del Día, cuyo armazón esta hecho de madera de abedul y filigrana de oro, y su cuerda con los cabellos trenzados de Elmo.
A temprana edad realicé uno de los trabajos de los que me siento más orgullosa, una pareja de cuchillos blancos de mithril, metal raro en la Primera Edad. Sus nombres fueron Nassist, Punta de Sabiduría, y Muiluin, Crepúsculo Pálido. Pero antes en el momento de mi marcha de Menegroth intercambie una de ellas por otra de la pareja perteneciente a mi prima Netharas, mi mejor amiga. El cuchillo se llamaba Dair, Sombra de los Arboles, pues recibía su nombre por estar fabricada con eog negro, el material descubierto por Eöl. Su empuñadura estaba hecha de una extraña madera exotica de igual color oscuro de tomalidades rojizas.

 
 
Última modificación de Ficha: Día: 30-09-2005 Hora: 23:32
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Aurenar tiene 22 mensajes

De: Eldar  
Fecha: 28-03-2005 Hora: 02:22
felicidades que la pases genial en tu dia y que cumplas mucho añitos mas

De: aerien  
Fecha: 25-09-2004 Hora: 13:48
Bien, se que hace un tiempo que llegaste a esta pagina, pero creo que no te saludé.
Me presento, soy aerien, hobbit curiosa y aprendiz de escritora y dibujante en sus ratos libres.
No sabia porque razon tuve la sensacion de conocerte en cuanto lei tu ficha y luego lo descubri, hacia nada que habia leido el relato de Liswen y esos nombres me sonaban.
Espero que ahora que me presenté podamos charlar de esas cosas que nos gustan a las dos: Tolkien y los relatos

De: Silon  
Fecha: 13-09-2004 Hora: 20:41
A ver Aurenar, no me molesta tu crítica, lo que me molesta es que me hables de plagio (no de imitación, pues admito que imito, pero no que plagio). La sátira que pretendo no es sobre el quijote, sino sobre los relatos de aventuras de la tierra media. El quijote en su tiempo fue una sátira de los relatos de caballerías, que por abundantes, empezaban a ser poco trabajados y de bajo nivel. Resulta que en esta posada siempre se critica mucho eso, que la gente cuelgue cualquier cosa, con muchos tópicos seguidos de carrerilla, y yo pues decidí usar el quijote como carta de presentación de mi sátira sobre los relatos de aventuras en la tierra media.
En cuanto a lo que esperabas de mi, entiendo que te pueda condicionar una crítica, pero sigo pensando que basarte en eso para criticar un texto no es lo mejor. Y precisamente te lo digo yo porque tengo mi sistema de críticas en el que no incluyo la fama del autor. Por cierto, aunque no todos hablen de cervantes, creo que todos se han percatado de que me baso en su quijote, y repito que es lo que pretendía.
Esos son los términos que me sacudieron un poco de tu crítica: que hablaras de plagio (no de imitación, como bien me has dicho ahora), y que hablaras de fama (yo no voy dándomelas de buen escritor, solo de narrador empedernido, es decir, de que me gusta narrar, no de que lo haga bien; si eso te han dicho no habré sido yo).
Cierto es que quizás mi contestación, en cuanto a lo de mis publicaciones anteriores, puede parecerte ofensiva. Te pido perdón por ello, y te aseguro que yo no deseo enemistarme contigo, ni espero haberlo hecho. Te aseguro asimismo que contesto las críticas que me dan pie a ser contestadas, que a la postre son las mejores, pues me hacen reflexionar sobre lo que escribo y si mi intención se cumple. De hecho comparto lo que me dices en gran medida, pues entiendo que no tengo por qué conseguir el efecto deseado, y a muchos les puede parecer mero plagio.
Te vuelvo a dar las gracias por leer mis escritos y te pido perdón por las molestias que te haya causado y por si te has llevado una mala impresión de mi. Eso sí, mereció la pena debatir sobre estos temas, que creo que es lo que se consigue criticando relatos. Por eso pido a todos que lo hagan y por eso yo lo hago con los demás.
Un saludo
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