Ir a Posada de Mantecona
 


 
 
 
 
Baranduin
(Huésped de la Posada
)
Raza: Maia
Procedencia: Barcelona
Edad: 32 años

       
Aspecto: Baranduin es alto, desgarbado, moreno, algo desaliñado en sus apariencias. Tiene una mirada extraña, de esas que te hacen apartar la vista, porque te desconcierta. Su boca es inexpresiva, su gesto, en general, parece serio, pero más bien es calculador. Él te mira y tú no lo sabes, tú lo miras y él es consciente, porque controla la situación, y por eso nunca hallas nada en su expresión, porque encuentras exactamente lo que él quiere. Eso te desconcierta, y a él lo divierte, pero tu no lo adviertes, porque entonces te reafirma el gesto. Es entonces cuando habla, porque ya te sabe suyo, porque él va a decidir si te va a caer bien o no, si te mete en su saco o no, porque ya tus emociones las dirige también. Sus palabras pueden ser soberbias, irónicas, sarcásticas... es todo una prueba para ver qué hay dentro de ti. Y cuando en ese largo instante te ha desarbolado y no sabes qué hacer, justo entonces, te invita a una cerveza, y bebes para excusar la abertura de tu boca, pero ya solo piensas en descubrir qué hay detrás de su máscara, de su gesto imparcial, pero posiblemente nunca lo sabrás...
(Gracias Silon ;) )

Historia: Aiya. Heme aquí, con mi pluma y mi tintero, intentando plasmar en pocas líneas qué y quién soy. Entre otros muchos nombres, soy Parmelambendil (i esta Parvlamnil Eglathlamui). Soy un maia, nacido de un pensamiento de Eru, precisamente uno bastante jodido: la metafísica de Arda. Así pues, la substancia de Arda, el Alma del Mundo, se revela ante mis ojos en su esencia.

Permítanme que les cuente algo de mi vida, pues en las vivencias de cada uno encontramos los motivos por los cuales son como son. Así, cuando bajamos desde Cúma a Eä yo era alegre, dicharachero y cándido. Era exactamente como me vuelvo cuando visito la Comarca y Bree, que tienen un peculiar efecto terapéutico (o tal vez lo tenga sólo la cerveza del viejo Mantecona) sobre mi torturada mente. ¿Torturada? Sí. Después de mucho guerrear, construimos Arda y Almaren, y allí vivimos, cuando en estas me convence un compañero de trabajo para hacer una excursión.
¡Quién me iba a decir que esa excursión acabaría en Utumno, ante el mismísimo Señor Obscuro! Como me negase a colaborar, me encerró en sus mazmorras, y hube de morir para poder irme de allá.
Total que voy, me muero, deseo ir con los míos... y acabo en un lugar que no conozco, un continente en plena formación, a toda prisa y a base de chapuzas. Viene Fionwë y me abronca; que dónde estaba yo mientras destruían Almaren. Como era largo de explicar, salí por la tangente y les dije que los ríos no tenían sal. Total, que les ayudé un poco haciendo Aman, y me fui de vacaciones con el tío Oromë a cazar.
En esto que me pierdo, siguiendo un rastro de Mácula (sí, puedo ver la Mácula... o mejor dicho, mediante la Mácula dejo de ver las cosas), y acabo en una charca llena de Elfos bañándose en pelota. Y se me acerca una elfa y me pregunta, y como no entendí ni papa, me lleva con ella a la charca. Así es como aprendí la lengua de los elfos en Cuiviénen, aunque no se puede decir que hablase mucho con aquella elfa concreta (aunque sí manejamos la lengua :D).
Total, que haciéndome pasar por matyoman tatyarin hago las presentaciones ("eledâî, Arömez"), pero entonces llegan los chicos malos de Utumno, y por querer defender a mi elfa acabo de nuevo en sus prisiones.
¡¡Con lo que cuesta morirse uno!!
Mantuvo mi cuerpo totalmente paralizado, y así, durante la Guerra contra Utumno, como Melkor bajó la guardia un momento pude suicidarme, para volver a Mandos... Para cuando quise salir de allí, los Noldor estaban llegando a Valinor, así que me volví a infiltrar entre ellos. Por desgracia, la elfita que había conocido no había querido partir al Oeste (me gustaría pensar que estaba esperándome). Además, tuve que volver a aprender quenya, porque había cambiado mucho de entonces. Durante muchos milenios estuve por allí.
Tras el lío de Finwë con Indis se fundó la Orden de los Guardianes del Árbol Tyelperion. Entablé relación con ellos (aunque no entré en la orden hasta mucho después), y después del lío aquel de los Dos Árboles salí por piernas con ellos. No fuese que el Fëanor hiciese alguna barrabasada, como hizo en Alqualondë.
Así es como llego desde Santurthe a Bilbo... digo... desde Valinor hasta Beleriand, y me quedé con el buen Turgon en Vinyamar, con algunos viajes por Doriath, Brithombar, Eglarest, Nargothrond, Mithrim y Ossiriand. Después de este periplo aprendí sindarin de una forma un tanto macarrónica, con un amplio vocabulario a base de mezcla dialectal. Al volver de Ossiriand encontré Vinyamar desierta, así que me fui a defender Tol Sirion. Mala suerte, porque para cuando llegué me encontré a mi primo el apestoso (Sauron), con quien ya había tenido algún rifirrafe, así que me desvié hacia Dorthonion. Pero el primo Thû me había visto y mando capturarme, así que en poco tiempo aparecí por la puerta de Angband cogido por Thuringwethil y atontado.
No crean que es fácil para un ainu verse obligado a hacer turismo carcelario. Sobre todo cuando el captor es el capo más poderoso de la familia, y lo es tanto que puede impedir el movimiento de tu hröa... e incluso el suicidio. Pero resulta que un día se quedó sorprendentemente dormido, y me vi libre de mis cadenas, y me pude dar una vuelta hasta la puerta. Entonces bajó una de las Águilas que moraba en el Crissaegrim, vieja conocida de parranda por el Taniquetil. La sorpresa fue mutua, pues por lo visto esperaban que saliese una pareja, y que Manwë las había mandado allí. Yo estaba en un estado bastante lamentable, así que le dije que me llevase lejos de allí a algún lugar donde Melkor no me pudiese encontrar. Y dicho y hecho, me llevó a casa de mi buen amigo Turgon.
Y allí estuve hasta la caída. Entonces hice algo bastante sorprendente: en lugar de huir hacia el Sur, como hacían todos en la Ruina de Beleriand, huí hacia el Helcaraxë. E iba a cruzarlo cuando me encontré con los míos, y entramos todos en tropel por Angband.
Matar a todos los Orcos era todo un problema. Además, nos faltaban tres balrogs, y no encontrábamos a Sauron, ni a Ungoliantë, ni a otros terribles secuaces. Algo había que hacer... La verdad es que Melkor intentó evitar nuestra victoria rompiendo la estructura de Beleriand, así que parte del trabajo (y de los irreparables daños) estaba causada. Pero tampoco lo pensamos mucho: evacuamos lo que pudimos (lo poco que se salvó), y hundimos Beleriand.
Pero eso causó un gran trastorno climático. La Selva de Eriador se convirtió en costera, y las Ered Luin pasaron a dar al Mar (a través del Estuario de Lhûn; este río cambió toda su trayectoria). Esto significó un desequilibrio que habríamos de pagar durante toda la Segunda Edad. Por si fuera poco, montan una isla en mitad del Belegaer, alterando todas las corrientes. Manwë no pensó en eso, y a Mandos le pareció justo. Pero desde luego, Ossë se enfureció bastante, toda una invasión de sus territorios (y la destrucción del trabajo de toda una Edad). Las tormentas de Ossë, y las talas númenóreanas a partir de Tar Aldarion, no ayudaron al asunto, y el gran bosque que antaño había sido Endor se fue reduciendo.

Yo por entonces tampoco hice mucho. Tras algunas visitas a Númenórë me refugié en Mandos. No sólo para ayudar a los que habían sufrido, sino para que, a través de las experiencias ajenas, pudiese sanar mi propio espíritu. Después salí un tiempo [es un trabajo deprimente] y me fui a las Montañas Azules. Allí entré en contacto con los enanos de Nogrod y Belegost, y aprendí los rudimentos de su lengua. Fue entonces cuando, después de las pruebas iniciáticas, entré en la Orden de los Guardianes del Árbol Tyelperion. Pero Mandos o bien se aburría sin mí, o me quiso hacer la puñeta (nunca tragó a la Orden); el caso es que me llamó a su lado justo después de un derrumbe en Khazâd dûm, donde me encontraba entonces.
Total, que vuelta a mi deprimente trabajo, hasta que al viejo Ar Pharazôn se le ocurrió mandar cazar a Sauron. Entonces Manwë me hizo llamar, y me dijo que me habían asignado, después de tantas solicitudes, un puesto como maia fluvial en la región más desagradecida del mundo occidental: Harad. Había un río que se estaba desecando, y sin él toda la región se convertiría en un desierto. Maldiciéndoles, acabé allí; la misión era poco menos que incumplible. Total, que hice cuanto pude, pero como pueden ver en el mapa, me fue imposible. De hecho, no me daban recursos para hacerlo; más bien parecía que quisiesen que eso se desecara (con alguien con quien cubrirse las espaldas) para que Mordor no pudiese aprovisionarse de nada. Visto a toro pasado, estaba hasta bien pensado. Por supuesto, yo ya no era ni mucho menos el cándido ser de Almaren, así que me presenté ante el Rey de aquella región (un bastardo oportunista, a decir verdad) como un viejo adivino, y le dije que el Mal había sembrado su semilla en su reino, y muchas historias más, para acabar diciéndole que si no quería que su pueblo muriese debía de evitar a los mensajeros de Mordor. Una mentira piadosa, claro está; pasarían muchas generaciones antes de que eso se desecara totalmente. Pero si pasaba algo, las culpas a Sauron. Aunque no sabía que era él (si lo hubiese sabido, habría tenido una razón más para hacerlo); por entonces el señor de Mordor era un tal Zigûr.

Bueno, después de esto me retiré a una cueva que había en un bosque, junto a una sabana llena de Mumakil y demás bestezuelas. Primero desaparecieron las bestezuelas, luego los árboles, luego los pájaros, y por último los mummakil (lo cual da una idea de su resistencia). Y yo seguí allí, refugiado del mundo, cultivando petunias hidropónicas. O algo.
Y lo que sigue a continuación no es para contar. El caso es que acabé en una misión similar (aunque más sencilla y fácil de sacar adelante) en el río Brandivino (de ahí como me llaman en Bree y la Comarca). Porque a los problemas climáticos provocados por el Hundimiento de Beleriand y la creación de Númenor hay que añadir que después se eliminó la isla de nuevo, y todo el continente de Aman desapareció del mapa, poniendo en contacto dos océanos (el Belegaer y el Eccaira) muy distintos en temperaturas, salinidad, etc. Así que si los ainur no actuamos bien, el final de la cuarta edad estará caracterizado por una era glacial, con grandes huracanes en el ecuador, maremotos, y una espesa capa de nubes que reflejará la luz de Anar...
Prefiero no pensar en eso. El tiempo libre que tengo lo invierto en ir al Poney Pisador, en Bree, una posada bastante sencilla propiedad de los Mantecona, y protegida por otro ainu, Akerbeltz. Para pagar mis consumiciones y gastos (el sueldo de un Maia Fluvial es escandalosamente bajo) trabajo como asesor de historia y metafísica de Arda, y como reputado lingüista.

Es ésta quizás la característica por la cual soy más conocido, lo cual puede ser bastante deprimente. Gracias a mis muchos viajes y mis muchas desventuras (pues si se fijan, no hay una que acabe bien), domino el Valarin, el Quenya (noldorinwa y vanyarinwa), y el sindarin. Además, conozco el Adûnaic, el Khuzdul y la Mornalambë. Así que traduzco textos antiguos, trabajo como intérprete con los huéspedes venidos de lejos, y como profesor de Lenguas Clásicas para los lugareños.

Habilidades: Mi principal poder, el más fuerte en mí, es la comprensión de la estructura de Arda y sus substancias. Esa es la parte de la cual procedo dentro del pensamiento de Eru. Es la habilidad innata que poseo, y en tanto que Ainu tengo muchas maneras de aprovechar-la.

Sin embargo, a lo largo de mi vida he adquirido ciertas habilidades, al tiempo que adquiría conocimientos "extras". Puedo por tanto aprovechar mi poder indirectamente para modificar ciertas cosas, en algo similar a la invocación. Son habilidades obtenidas a través de la experiencia.

Por otro lado, el no estar totalmente encarnado me da una adorable dualidad. Puedo interactuar directamente con la materia, de un modo físico, pero también puedo decidir no hacerlo y desvanecerme. Viajar a la velocidad del pensamiento, y mutar mi cuerpo para que se adapte a lo deseado. Tener una multiplicidad de trabajo obliga a estar atado a la polivalencia. No obstante, no es del todo agradable, pues gasta muchísimo poder.

También conozco algunas de las lenguas de Arda, así como su historia, aunque muchos creen que conozco más cosas de las que realmente sé. Supongo que mi afición por este tipo de cosas hace más relevante este dato. También intento escribir algo de prosa y verso, con al parecer buenos resultados.

Y esto es más o menos lo que hay sobre mí.

Armas: La Inteligencia, la reflexión y el saber comportarse en ciertas circunstancias se han revelado siempre como la mejor defensa, y en ocasiones el mejor ataque. Pero en ciertas circunstancias hay que recurrir a otros medios.

Como todo buen ainur, tengo mi poder intrínseco sobre Arda, por lo que puedo modificar algunas cosas. No gran cosa, pues mi poder, mis ideas sobre la Canción, están entretejidas con las del resto de Ainur. Pero aún así, siempre se puede hacer algo.

Por otra parte, a veces una espada bien visible elimina muchos problemas, disuadiendo a la gente de atacar. Sobre todo, si uno sabe usarla. Por eso mismo tengo a Pethvagol, una antigua espada con empuñadura en forma de cabeza de águila. Es bastante cómoda de llevar. Sobre ella, he de reconocer que tuve la debilidad de verter una parte de mi poder, de forma que tiene la curiosa habilidad de hablar... Aunque por supuesto no es un ser independiente, sino que me revela a mí mismo mis propios pensamientos más internos. También es una forma bastante cómoda de tener un testigo en un sitio concreto, ya que nadie repara en una espada, o de infundir miedo en los ladrones que la desean. Pero aunque lo pueda parecer, no es realmente inteligente.

A veces, cuando la ocasión lo requiere, llevo mi viejo bastón, Cantilcoron. Recibe el nombre por su curiosa cabecera, con una bola de cristal donde 4 puntos de luz se mueven, formando siempre un tetraedro. Puede servir como arma, aunque es algo incómoda de llevar. Aparte de la gran inercia que un objeto de estas características tiene, que la hace complicada de manejar.

Otro objeto especial que tengo es el Ojo del Sobremundo. Es un buen artefacto, pero que uso muy poco y muy de cuando en cuando; este tipo de objetos son muy peligrosos, y no sé qué efectos a largo plazo puede tener en un ainu. Pero sé que su uso a largo plazo provoca cierto tipo de esquizofrenia en los Hijos de Eru, y aunque nunca supe de nada similar en Ainur, no quisiera saberlo por mi propia locura. Además, es peligroso para quienes me rodearen. Los efectos del Ojo sobre una persona son básicamente sinestéticos: sus sentidos se intercambian, aunque generalmente el más afectado es la vista, seguido del oído, el tacto, y el olfato. Dicen las crónicas que, simplemente, la persona afectada por el campo del Ojo recibe tal cantidad de sensaciones que simplemente las confunde al no poder hacerse cargo de todas ellas. Personalmente, lo desconozco, aunque tal vez haya algo de razón en ello.
Una exposición intermitente al Ojo del Sobremundo provoca a largo plazo incapacidades en los sentidos [generalmente ceguera o sordera], igual que una exposición permanente medianamente larga. Sus efectos, hasta donde se sabe, no son reversibles, ya que dañan directamente el espíritu. Es por tanto un objeto inocuo en pequeñas cantidades, pero bastante peligroso si no se usa con cuidado.


Y por supuesto, tengo también los conocimientos de toda una vida, por lo que a mi cintura rara vez faltan las bolsas donde llevo yerbas y productos de los más diversos efectos, desde tabaco hasta pólvora. Las bolsas en sí no sirven como armas, pero sí parte de su contenido.

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Tres cosas hay que nunca vuelven atrás. La flecha lanzada, la palabra dicha y la oportunidad perdida.

 
 
Última modificación de Ficha: Día: 04-09-2011 Hora: 09:59
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Baranduin tiene 81 mensajes

De: Ileanor  
Fecha: 30-09-2010 Hora: 01:44
¿Qué tal Baran? Me alegro que estés mejor.. vaya susto no? Ya sé que no estuviste mucho en el hospital y que ya te recuperaste. Cuidate mucho y un beso grande. Hasta pronto.

Fecha: 28-09-2010 Hora: 20:52
Ok, ¡me alegro de que estés bien! La verdad es que me dio mucha pena no ir, pero no había forma desde USA. Estoy tan desconectada que no me acordé siquiera de que era la kdd hasta que Pk me lo dijo; me da pena, querría haberos llamado por Skype. Pero no pasa nada, no os libraréis de la libreta; next year, the show will go on. Nunca te veo ya por el msn; si un día te pillo, hablamos y me pones al día
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