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Eardilen
(Huésped de la Posada
)
Raza: MedioElfa
Procedencia: Madrid
Edad: 26 años

       
Aspecto: Escore su testuz, pocavergüenza, que no por vestir de alguacil, y de corto el pelo lucir, dejo de ser dama. Y que no os pueda mi juventud, que no muerdo sin motivo, que con tal el que muerde es mi estoque. No hay decisión que revoque, aunque mi faz parezca inocente, pues ya estoy bien curtida de andanzas, ora por vianda, ora por respeto, mañana por quién sabe qué. Porque si algo hay que me atañe es mi futuro, y me define, pues lo tengo tan presente que me hiere a menudo, y mis ojos lo expresan, con tonos ambiguos (zarcos, plomizos) si se fija. Pero no mire tanto y escuche: ¿puede alguien llenar el buche y no abusar cuando los bienes han de sobrar? Por eso prefiero viajar, no enraizar, y que sea el camino quien modele mi cuerpo, con o sin atino.

(Por cortesía de Silon. Gracias, maese)

Historia: Nací en los Puertos Grises, de un Dúnadan y una Elfa Noldo. Me dieron el nombre de Eärdilmë, como más tarde me enteré, porque desde que nací el mar me llamó la atención, y siempre me gustó. Eärdilmë quiere decir la que ama el mar. Años después, cuando comencé a vivir entre los Hombres, comenzaron a llamarme Eardilen, nombre que adapté en ese momento.

Pasé mis primeros años en los Puertos Grises, como una niña feliz. Siempre me gustó leer y escuchar historias, y a menudo le pedía a mi padre que me contara viejas leyendas, y conocía tantas, que había tardes enteras en las que sólo se dedicaba a contarme viejos cuentos.
Mi madre me enseñó en esa época a tirar con arco. Poseía uno precioso hecho por los Galadhrim, que le habían regalado en un viaje, y lo manejaba con destreza. Aprendí despacio, pero al final me convertí en una buena arquera. Mi madre también dominaba el laúd y el canto, artes que aprendí más deprisa y con más ánimo, hasta convertirme en una excepcional músico y en una cantante... Aceptable, dejémoslo ahí.

Mis padres siempre intentaron educarme lejos de la guerra, que ambos habían sufrido, pero no lo consiguieron. Mi padre murió cuando aún era niña, y mi madre desapareció. Los Elfos de los Puertos Grises me llevaron a Imladris, donde fui puesta bajo la protección de los Elfos de Rivendel . Allí se me instruyó en las ciencias del mundo, y en el manejo de las armas, y me convertí en una mujer sabia.

Siempre fui muy curiosa, y con la llegada del Mediano Bilbo Bolsón, se me inquietó el corazón. Quería conocer mundo, y le pedí permiso al Señor Elrond para salir hacia la Comarca. Él nos dio permiso a mí y a una elfa que era mi compañera de aventuras, y una gran amiga. Mi querida Nareth.

Salimos hacia la Comarca, y llegamos a ella, pero notamos que los forasteros no éramos bienvenidos, y marchamos de allí. Pero no nos dirigimos a Rivendel. Fuimos hacia Arnor. El arco que había sido de mi madre era ahora mío, y portaba también a Cála, una espada que había sido forjada para mí en Rivendel. Realmente en Imladris podrían haberme dotado de más armas, de un nuevo arco, por ejemplo. Pero llevaba ese arco en recuerdo de mi madre, con la esperanza de pensar que el día que volviera a verla ella pudiera tirar una última vez.

En Arnor no llegamos a entrar, ya que nos desviamos del camino y nuestros pasos nos llevaron a Gondor. Después de muchos días de andar divisamos al fin la ciudad que toda mi vida se me había mencionado en libros y leyendas. Minas Tirith. Nareth insistía en que la única manera de conseguir quedarnos allí sería alistarnos en el ejército. Ella marchó a Lórien, donde tenía parientes, pero me alisté en el ejército, en principio con el nombre de Elensar, como un hombre. En una de las batallas caí herida, y creyeron que había muerto, pero no descubrieron que era una mujer. Había vivido un año en Gondor como mensajero entre este país y Rohan, y allí sí había gente que sabía que era una mujer.

Uno de ellos era Landinel, un muchacho que vivía en Edoras. Me acogió durante un año, hasta que se disipó la noticia de la batalla donde yo había muerto supuestamente. En ese año él decidió abandonar Rohan para acompañarme, pues no tenía a nadie, ya que su familia había sido asesinada por una partida de Orcos que inesperadamente aparecieron por la aldea donde él había nacido y vivido hasta los diez años. Algo más que una amistad había nacido entre nosotros…

Nos dirigimos a Lothlórien, pues yo quería ver a Nareth. La Dama de la Luz no permitió fácilmente que entrásemos en su reino, y que viéramos a Nareth. Pasamos una temporada allí, y ella nos contó que en esos años que había pasado allí había vuelto a ver a sus parientes, y que quizás encontraría alguna que otra sorpresa. Uno de los primeros días que Landinel y yo pasamos en Lórien, Nareth me llevó a una habitación donde descansaba una mujer de pelo negro.
-Es tu madre-dijo,-Cuando llegué aquí, la Dama Galadriel me dijo que el año que tu padre murió la encontraron aquí. Nadie sabe como llegó, si no ella misma y quizás la Dama.
Ella me reconoció. Volvió a llamarme por mi nombre real. Eärdilmë. Me dijo que sentía deseos de volver a Rivendel. Así que embarcándonos en un nuevo viaje; Nareth, Landinel y yo, la llevamos hasta Rivendel, donde vivió unos años, aunque no tan feliz como cuando tenía a mi padre. El Señor Elrond nos dio la bienvenida, y le conté todo lo ocurrido desde aquella tarde en la que Nareth y yo habíamos partido. Habían pasado veinticinco años de mi nacimiento.

Cuando le fue revelada a Aragorn su ascendencia, su pasado, yo me dirigí a Arnor, y decidí entrar en el cuerpo de Montaraces como antes lo había hecho mi padre, pero sin ocultar que era mujer. Nareth volvió a Lórien donde todavía vive. Landinel me confesó que desde que me vio en Edoras me había amado, al igual que yo a él, y dijo que quería quedarse conmigo. Y así fue. Él, aunque fuera algo raro en su pueblo, decidió alistarse en el cuerpo de Montaraces del Norte, al igual que yo. Pero ambos fuimos rechazados, aunque yo reclamé que era una hija de Arnor, ya que mi padre había sido un Dúnadan, y había pertenecido a los Montaraces del Norte. Pero el Capitán de los Montaraces rechazó mi petición. Landinel fue reclamado en Rohan para luchar entre los Jinetes de Rohan, y pese a que le pedí que se quedara conmigo, marchó. Yo decidí que no necesitaba pertenecer al cuerpo de Montaraces. Sería una Montaraz al margen. Simplemente vagaría por la Tierra Media defendiéndola del Poder Oscuro, que comenzaba a manifestarse de nuevo.

Pasaron los años, cinco en total, que pasé protegiendo las fronteras de Arnor y la Comarca, a veces con colaboración de los Dúnedain del Norte, a veces sola. En esos años agudicé mi música, y puedes oírme cantar muy fácilmente, aunque toco mucho más el laúd, que llevo en todos mis viajes. Al fin se cumplió mi deseo que entrar en la Comarca. Me alojé unos días en la Mata de la Hiedra, una alegre posada de los Gamos, la villa más oriental de la Comarca. Ese mismo año, mi madre murió. Nadie sabe por qué, ni cómo. Me hundí en la tristeza, y comencé a vagar sola por los parajes. Hasta que un día llegué a Bree, y mis pasos me llevaron hasta el Poney Pisador, una excelente posada.

Pero Landinel era un mortal, y como a todos los mortales le llegó su hora de recibir el Don de Illúvatar: la muerte. Simplemente intuí que el Don le había sido entregado. Monté sobre mi caballo, y viajé a Rohan vestida con un vestido azul oscuro, en señal de luto. Lo enterraron como a un héroe, pues llegó a ser el segundo del Primer Mariscal de la Marca. Lo lloré durante unas horas, entre las symbeline que adornaban el lugar donde su cuerpo descansa, cerca del límite de Fangorn. Me amó y yo le amé, pero él mismo me pidió que no renunciara a la inmortalidad, que no me atara a él, y que si nuestro destino era no volver a encontrarnos después de su muerte, que así fuera. Fue un gran hombre. Al fin, monté de nuevo sobre mi caballo, y marché.

Y de nuevo, hundida en la tristeza, vagué sin rumbo fijo por las tierras del Norte, y por la región de Bree. Los años de la Guerra del Anillo pasaron, el Rey Elessar fue coronado. Probé con regresar a Rivendel, pero como imaginaba estaba desierto. Entonces creí recordar una alegre posada en la aldea de Bree. Torné mi rumbo al Oeste, y la encontré. El Poney Pisador, donde ahora voy siempre que no debo cumplir algún viaje, o visitar la tumba de Landinel a quien sigo amando, y a quien conocí en uno de mis viajes por el ancho mundo, por Arda, que ya no posee secretos para mí.



(Doy las gracias a Baranduin por las correcciones que me hizo sobre el nombre de Eardilen y sobre los
Montaraces del Norte)



Habilidades: Mi don es la música, pues manejo el laúd con destreza, y me deleita tejer melodías que parece que hablan por sí solas; y, en ocasiones, acompañar dichas melodías con mi voz, aunque estas ocasiones son pocas, porque cuando comienzo a cantar una lluvia torrencial se cierne sobre el lugar donde me encuentro en ese momento y todos sus alrededores, cosa que no pasa con el laúd. Un fenómeno inexplicable. También sé hablar Quenya, aunque no lo manejo en profundidad, porque siempre se me habló en Oestron durante mi infancia y en los años posteriores. En la temporada que pasé en Rohan aprendí algunas palabras del Rohírrico, pero ya las he olvidado. Mi oído es muy muy fino, puedo oír cualquier cosa, aún entre un barullo tremendo.

Armas: Mi arma principal es una sencilla espada larga que forjaron para mí en Rivendel. Además tengo un arco de los Galadhrim, muy resistente, y una daga élfica que perteneció a mi madre, al igual que el arco. Si el laúd se puede considerar un arma... Es un laúd labrado en Rivendel.

 
 
Última modificación de Ficha: Día: 27-09-2010 Hora: 23:45
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Eardilen tiene 44 mensajes

De: Falas  
Fecha: 26-08-2011 Hora: 11:23
¡Feliz Cumpleaños!
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