Ir a Posada de Mantecona
 


 
 
 
 
Ethin
(Huésped de la Posada
)
Raza: MedioElfa
Procedencia: Chile
Edad: 26 años

       
Aspecto: Alta y esbelta, cara más bien alargada y vivaces ojos café; pelo castaño ondeado y largo, muchas veces lo llevo tomado. Uso vestidos simples y una capa bastante gastada para viajar.

Historia: Nací en Imladris, mi madre me crió sola, era una Elfa hermosa y orgullosa, cada vez que preguntaba por mi padre me respondía que los Hombres eran seres sin hogar, arrastrados por el viento. Se refería, supe después, a un Montaraz.

Crecí sobreprotegida por ella, nunca me dejó salir de los lindes del Valle. Cada vez que escalaba las montañas más altas observaba esas tierras pardas y grises que se extendían, añorando cabalgarlas en mi joven caballo Vilya.

Cuando ya zarpaban los últimos barcos con los últimos Elfos en ellos, mi madre me abandonó. Supongo que por mi naturaleza errante, heredada de mi padre. Solo dejó un pedazo de papel con la palabra Ithilien. Eso fue todo.

Una gran tristeza y decepción me inundó y ya, sin nadie quien me retuviera, me fui junto a Vilya a conocer el mundo y saber qué habia en Ithilien.

Viajé, escalé las Montañas Nubladas (no necesitaba más con saber las historias de los túneles por donde pordria haberlas atravezado) y seguí el valle del arroyo sombrío hasta el Bosque Dorado, donde no encontré nada más que árboles sombríos y mohosos, vestigios de lo que fueron los mallorns. Decepcionada, continué con las Montañas a mi derecha y el Anduin a mi izquierda, hasta llegar a Fangorn. Ahí encontré viejos árboles, que me hablaron en susurros de las penas del mundo y de los reyes benévolos de los hombres.

Cansada de viajes infructuosos, me quedé en el viejo bosque. Sé que debería haber seguido, pero mi inmadurez y debilidad fueron más, acompañada de los árboles me sentía acogida, aprendía con sus voces profundas y pausadas de historias que nunca había escuchado. Pero debía seguir con mi viaje, asi que, después de tres años habitando apasiblemente en Fangorn, me despedí de mis silenciosos amigos y continué con mi travesía.

Seguí hasta las Montañas Blancas, acampando en bosquecillos y tratando de no ser vista por ojos no deseados. La verdad que es que el único ser con quien interactuaba cómodamente era Vilya. No quise visitar a los Hombres, me había convertido en una persona taciturna y esquiva. Al fin llegué al gran Anduin, lo crucé junto a una compañía de hombres de Gondor con los que me topé, ellos iban justamente a Ithilien. Ahí me enteré de más de las mismas cosas que los árboles ya me habían contado, como que mandaba el Príncipe Faramir y la dama Éowyn, y que ahora Ithilien era una tierra próspera y hermosa. Traté de sacar información sobre los Montaraces, pero sólo obtuve lo que ya sabía: valientes hombres que se escondieron en la tierra de Ithilien estrategicamente para defenderla durante la Guerra del Anillo.

Llegamos y en verdad, era un lugar hermoso. La vegetación exuberante y colorida era algo que nunca había visto. Mi corazón sintió como las ganas de seguir explorando, ahora esta tierra hermosa, volvían con fuerzas. Me despedí de la compañía, después de recibir instrucciones de cómo llegar a los apocentos del Señor y la Señora de Ithilien.

Inicié mi búsqueda, con felicidad por estar en un lugar tan hospitalario. Fui recibida con alegría por los elfos que ahí vivían e hice grandes amigos. Entre ellos uno muy especial, Lhach que siempre me acompañó en mis caminatas por los bosques, de personalidad viva y fuerte.

Después de un año de ir y venir por Ithilien, explorando la floresta, encontré una cabaña. Con pasos silenciosos me acerqué y vi a una anciana mujer meciendose en la entrada, con la vista perdida. Después de presentarme y saber que su nombre era Éruvë, le pregunté qué sabía de los montaraces. Los ojos le brillaron y me invitó a tomar asiento junto a ella.

Me contó que fue una de las pocas mujeres que se quedaron a este lado del río, demasiado unida a su marido como para dejarlo. Ahí presenció las crudezas de la guerra y la valentía de esos hombres. Conoció a varios de cerca, pero había uno que destacaba por su tranquilidad y silencio. Siempre apartado, era buen guerrero y siempre que la ocación meritaba ayudaba a los demás. Mirimon era su nombre.

Un día después de hacer una guardia por los alrdedores, Mirimon llegó con el marido de Éruvë en los brazos, una horda de orcos los había sorprendido, matando a más de la mitad de la compañía. Se quedó junto a ella y como buen amigo la fortaleció hasta que el dolor de la muerte de su amado se hubiera calmado. Cuando el rey Elessar fue coronado y la tranquilidad volvió a las tierras de Gondor, Mirimon se fue a explorar la Tierra Media. De vez en cuando mandaba mensajes a Ithilien, ya que todo espía o sombra se habían ido para siempre y el correo era seguro entre los reinados de los Hombres. Así supo que viajó por vastas tierras y conoció a mucha gente, su última carta decía que cruzaría las Montañas Nubladas. Pasaron los años y el silencio de Mirimon preocupaba a la mujer. Temía que los orcos lo hubiesen asaltado y matado. Pero sus temores fuerons despejados por un corto mensaje escrito en un papel fino y con un aroma suave: "Estoy con los elfos en Rivendel, pronto iré a verlos".

La anciana notó mi cambio de actitud al escuchar el nombre de Rivendel, yo sabía que muchos hombres de distintos lugares habían estado ahí, pero creía que dificilmente más de un montaraz de Ithilien en esas fechas exactas hubiera llegado allá.

Con gran alegría y sintiendo como mi corazón se alivianaba le dije que ese hombre fue, sin duda, mi padre. La mujer también se alegro al saber que conversaba con la hija del valiente Mirimon. Conversamos toda la tarde. Le conté todo lo que le había sonsacado a mi madre a través de los años y ella me llenó de historias sobre mi padre.

Pasé unos años más, demasiado cómoda y feliz de haber al fin descubierto que sentido tenía esta tierra en mi vida, y la verdad tomó mucho más significado para mi durante esa alegre época.

Lhach fue mi compañero durante aquellos años, amábamos la vida al aire libre y todo lo relacionado con la naturaleza y nos enamoramos rápidamente. Pero ambos guardabmos grandes añoranzas de seguir recorriendo la Tierra Media y ahora más que nunca, felices de estar juntos y con muchos años por delante, fuimos a conocer el mundo.

Cómo llegamos al Poney Pisador: emprendimos un viaje sin prisas, visitamos a muchas personas y admiramos muchas cosas. Nos fuimos por el lado oeste de las Montañas Nubladas, y después de una breve visita en Rivendel, llegamos al país de Bree. Fuimos recibidos por un hobbit que apenas nos habló disculpandose por tener muchas mesas que atender, depués nos habló el dueño, Mantecona y dijo que era un honor tener elfos en su posada, ya que habitualmente acampaban en los bosques, alejados de los hombres; pero nosotros no eramos, evidentemente, una pareja tradicional de elfos. Decidimos quedarnos un par de semanas, yendo a explorar las tierras al rededor de la aldea por el día y pasando las noches en la sala común, escuchando relatos y canciones. Después iremos en busca de nuevos suelos que recorrer y nuevas aventuras que vivir.


Habilidades: Se podría decir que mi simpatía con los árboles, aunque esto me ha ido convirtiendo en una persona taciturna.

También soy buena para cabalgar, gracias a mi cercana amistad con Vilya, pero esto no se considera como una gran habilidad entre Elfos y Hombres.

Armas: Mi arco, con el que nunca fui muy buena y sigo practicando, Nínniach, que dependiendo del ángulo con que sea mirado cambia de color.

Un pequeño cuchillo utilizado mayormente para cortar ramas y frutos.

 
 
Última modificación de Ficha: Día: 22-07-2009 Hora: 05:33
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Ethin tiene 1 mensaje

Fecha: 08-07-2009 Hora: 06:31
Salud, honorable viajero, aquí encontrareis el reposo que buscais, junto al fuego.


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