Ir a Posada de Mantecona
 


 
 
 
 
Gwenniel
(Huésped de la Posada
)
Raza: Mujer Dúnadan
Procedencia: A Coruña
Edad: 31 años

       
Aspecto: Me reconocerás precisamente por mi invisibilidad: busca a la humana que pase más inadvertida de toda la taberna y me hallarás a mí.
Mis ojos son de un tono verde apagado que se enciende y chispea cuando me río y, más especialmente, cuando me enfurezco (algo no muy habitual, aunque reconozco que tengo malas pulgas). Mis cabellos son largos, oscuros y ondulados, generalmente recogidos en una cola de caballo o en una trenza. No tengo las facciones muy marcadas y lo único destacable de mi rostro es una pequeña cicatriz en la parte superior de la nariz, justo donde comienza a confundirse con la frente, fruto de un torpe encontronazo con la esquina de una mesa que inexplicablemente no dejaba de moverse mientras yo me caía al suelo de la taberna en la que me encontraba. ¿Extraño, verdad?
Visto unos viejos pantalones de piel, un chaleco de cuero claro sobre una camisa de paño, un cinturón y unas gastadas botas de montar de las que ya no recuerdo el color que hay bajo el barro que las tapiza. También llevo una capa de viajero de la que jamás me desprendo y suelo cubrirme las manos con guantes, una vieja costumbre de la que no he conseguido desprenderme.

Historia: Me gustaría decir que mi vida está llena de honor y de gloria, que desciendo de los más antiguos y nobles linajes y que por mi mano han tenido lugar las más grandes hazañas. Sí, supongo que me gustaría, pero no sería de mí de quien estaríamos hablando. Grandes héroes han hollado esta tierra, pero también gente de a pie, gente sin grandes historias que contar... gente como yo.

Mis padres me pusieron el nombre de Istiara.
Mi infancia fue tan breve que apenas puedo decir que existió. Nací durante la noche de un equinoccio de primavera en una pequeña aldea de Lebennin, al pie de Ered Nimrais, muy cerca del río Sirith; un puñado de casas viejas de techados de paja y suelos de tierra. Mis padres eran gente humilde, pero de esa clase que se enorgullece de ello, sencilla y transparente, sin más anhelo que el de la vida tranquila y la satisfacción del trabajo bien hecho. Él era seco y adusto, pero amable a su manera; ella, dulce y templada, siempre sonriente. Supongo que habrían sido unos buenos padres de haber tenido la oportunidad... pero no fue así. Por aquel entonces yo era demasiado pequeña para comprender lo que ocurría, pero de pronto me encontre sola en un lugar que sin razón aparente se me antojaba terriblemente extraño.
Los hombres y mujeres de la aldea me acogieron en sus casas durante algún tiempo pero no pudieron hacer mucho por mí; muy pronto dejé de hablar, poco después de dormir y finalmente de comer. Era como si ya no me encontrase en casa, sino en otro lugar diferente, más frío. Nadie sabía qué me ocurría ni qué hacer para "sanarme" y aunque reconozco que hicieron hasta lo imposible por ayudarme también sé que cuando sencillamente desaparecí nadie se esforzó demasiado en buscarme. Después de todo debió de ser un alivio para ellos.
Abandonar la aldea en el medio de la noche fue como despertar de un profundo sueño, como alcanzar la superficie de un pozo en el que me estuviera ahogando y respirar una gran bocanada de aire. La melancolía que me envolvía desde hacía semanas sencillamente se esfumó y durante los días que siguieron caminé siguiendo el curso del río Sirith hasta que comencé a acusar los síntomas del cansancio y la falta de alimento. A pesar de mi corta edad supe que lo que había hecho era una locura y que no tardaría en morirme de hambre. Por eso sé que de no haberme cruzado con un extraño grupo de jinetes hoy no estaría en esta respetable taberna compartiendo la mejor cerveza de Mantecona con ninguno de los presentes.
Los jinetes formaban un grupo pequeño, no más de diez (en aquel momento no se me ocurrió contarlos). Su cabecilla, un hombre de unos cuarenta años que a mis ojos de niña semejaba un auténtico gigante, debió de sentirse realmente impresionado o conmovido al encontrarme agazapada entre los setos de la orilla del río porque no sólo me ofreció el pedazo de pan duro más delicioso que había probado en toda mi vida sino que me invitó a que los acompañara hasta Pelargir, pues allí era adónde se dirigían. Parecía un hombre bueno y las perspectivas de seguir caminando hasta caer muerta de agotamiento o inanición no eran demasiado halagüeñas, así que acepté.
Tardamos varios días en llegar a nuestro destino. Por el camino nos detuvimos en varias aldeas parecidas a la que yo había abandonado y me sorprendió la forma en que todos trataban a los jinetes, como si se tratara del mismísimo rey Elessar en persona. Más tarde descubrí que aquellos hombres eran cazadores de orcos, unos locos que se internaban en profundas cuevas en las montañas en busca de algún grupo solitario de los de esa raza, desperdigados y cada vez más escasos tras la Guerra del Anillo. Reconozco que no acabé de entender su afán de lucha y matanza cuando sabía que muchos habían muerto por instaurar la paz, pero al parecer los aldeanos se sentían en deuda con ellos por sus andanzas.

Pelargir, «Patio de los Barcos Reales», fue mi primer contacto con el resto del mundo… y con una raza distinta a la mía. Allí contemplé por primera vez la belleza y solemnidad de un Eldar y no pude más que sentir mi insignificancia a su lado. Y fue entonces cuando comprendí que jamás hubiera podido quedarme en la aldea de mis padres, aún cuando ellos continuaran con vida. ¡Cómo, por el mismísimo Eru, hubiera podido vivir apartada y ausente a tantas maravillas! La propia ciudad era más de lo que mi corazón hubiera podido soñar. Tal vez por eso o por otra razón menos evidente que ya no recuerdo decidí que mi nombre ya no era adecuado, pues pertenecía a una chiquilla de una aldea lejana de la que, si algo quedaba en mí, había desaparecido en el mismo momento en el que mis ojos se habían topado con los del Eldar. Y me llamé a mí misma Nimrais, “Cuerno Blanco”, como las montañas cuya silueta me sabía de memoria y que tantas veces había contemplado con anhelo preguntándome qué habría al otro lado.
En Pelargir me separé de los cazadores de orcos y, por decirlo de alguna forma, mi vida dio comienzo de nuevo.

Pero no quiero aburriros ahora con detalles nimios pues sospecho que, como de costumbre, me estoy excediendo. Así pues, siguiendo un muy sabio consejo, invito a todos aquellos que quieran saber más sobre mi vida antes de llegar a estas tierras que se acerquen a mis relatos… y al resto, en fin, siempre me queda invitaros a un par de pintas, algo mucho más difícil de rechazar.

Habilidades: Nada que merezca una mención especial. Mi puntería con el arco me ha sacado de más de un apuro así como mis básicas nociones de esgrima, pero no es algo de lo que pueda alardear. Cuerpo a cuerpo la agilidad es mi punto fuerte, así como la habilidad de sacar de sus casillas a mi oponente con algún comentario sagazmente dirigido (curiosamente es cuando más me enfado cuando mi ingenio se agudiza), obligándolo a cometer errores de los que no dudo en aprovecharme.
En un plano menos beligerante tengo la costumbre de dibujar todos los lugares que visito, por lo que llevo un buen montón de pergaminos con imágenes realmente diversas en las alforjas de mi caballo, desde una puesta de sol tras las Montañas Nubladas hasta una hoja marchita arrastrada por la corriente del río Isen.
También tengo una singular afición por la ornitología, aunque no se me da tan bien como a mí me gustaría.

Armas: Le tengo un especial cariño a mi espada, Hiladora, aunque he de reconocer que apenas la utilizo. Sin lo que sí que no podría vivir es sin mi arco: no tiene nada de especial (lo compré hace tiempo, poco después de abandonar Anorien) pero me ha salvado la vida un par de veces y eso es suficiente para hacerlo merecedor de todo mi reconocimiento. Incluso estoy pensando en ponerle un nombre.
Creo que también tengo un cuchillo mellado en alguna parte pero no estoy segura de que pueda calificarse como "arma".

 
 
Última modificación de Ficha: Día: 07-06-2010 Hora: 04:46
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Gwenniel tiene 13 mensajes

De: Odnallap  
Fecha: 06-05-2009 Hora: 11:44
Buenos días, huested del sur, le invito a leer la canción (Poema) de la Cerveza. Saludos. eppp

Fecha: 21-03-2007 Hora: 19:31
AIya!!!
feliz cumpleaños que la pases genial hermosa mujer

De: Luthy  
Fecha: 21-03-2007 Hora: 16:31
Hola Gwenniel, felizzzzz cumplañosss
ojala lo pases re bien, ahhhh
me encanta tu historia muy buena

De: Gwirdyon  
Fecha: 21-03-2007 Hora: 13:43
Feliz cumpleaños Gwenniel. Me ha gustado mucho tu historia, y esperaba leer alguno de tus relatos, pero me he quedado con las ganas porque no tienes ninguno escrito. Te animo a que nos regales alguna otra historia tan interesante y con ese estilo literario tuyo tan bueno como el que acabo de disfrutar en tu ficha. Por ahora te invito a unas pintas. Las próximas van de tu cuenta. Saludos.

De: Eithilen  
Fecha: 03-03-2007 Hora: 04:31
Aiya!!
Muy buena historia, y ademas muy interesante...
permiteme invitarte una ...
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