Ir a Posada de Mantecona
 


 
 
 
 
Harel
(Huésped de la Posada
)
Raza: MedioElfa
Procedencia: Gipuzkoa
Edad: 54 años

       
Aspecto: Por mi apariencia nunca podrías adivinar mi edad, a veces los innumerables años de Arda parecen descansar sobre mis hombros y otras brillo y resplandezco como una adolescente en primavera. Mi pelo es del color de los hayedos en otoño surcado por mechas de plata, suelto y casi siempre alborotado y mis ojos grises como las nubes cargadas de lluvia. Visto ropas cómodas de viaje, pero siempre con algún detalle de tejidos finos, con bordados o encajes.

Historia: Mi nombre en lengua de los Hombres es Harel, pero mi madre me llamó Naryanil. Ella era una elfa noldor que dejo Valinor con gran pesar siguiendo a su familia, fiel a Finrod. Tras la Ruina de Beleriand, se instaló en los Puertos Grises, con la gente de Cirdan. Allí, en los últimos años de la Tercera Edad, conoció a mi padre, un dunadan que llegó herido buscando refugio tras una escaramuza en el norte. Sabían que su historia no tendría final feliz, pero vivieron su amor y así llegué yo.
Pasé mis primeros tres años con los elfos, pero mi madre comenzó a languidecer y tuvo que embarcar hacia Occidente, no sin antes hacer prometer a mi padre que cuando creciese me contaría mi historia y me permitiría elegir entre seguirla o compartir el destino de los Hombres. El me llevó entonces con su pueblo, que aún se mantenía fiel al heredero de Isildur, y me llamó Harel. Con ellos aprendí a luchar, a leer las señales en lo caminos, a valerme por mí misma y algo de la ciencia de los olvar. Siempre me decía que se notaba que la sangre del pueblo de Haleth corría por mis venas, pero de mi madre y de mi sangre élfica no decía ni una palabra. Nunca me habló de ella, yo supuse que habría tenido una muerte horrible y no quise preguntar. aunque siempre sentí dentro de mi una voz que me llamaba desde lejos, produciéndome gran desasosiego cuando pensaba en ella. Además, él siempre estaba lejos, en espediciones y combates.
Después partió a la Guerra del Anillo y yo permanecí en el Norte hasta que, siendo adolescente, todos los hombres leales al Rey fueron reclutados para luchar contra Sauron. Me uní a ellos y, tras diversos lances, me encontré luchando junto a mi padre ante la Puerta Negra. ¡Alabada sea Varda por permitirme vivir aquellos días y librarme de las heridas mortales!
Tras los festejos de la coronación y la boda del Rey, él volvió al Norte, para ayudar en la reconstrucción del Reino de Arnor, quizá huyendo de su traicionada promesa. Yo permanecí en Minas Tirith participando en expediciones y, en mi tiempo libre, aprendiendo todo lo que podía de las historias y las ciencias de hombres y elfos.
Alli, un rohir me regaló a Fiur, mi caballo negro, a cambio de un gran servicio prestado y también allí, de forma fortuita, una elfa de los Puertos me reveló quien era mi madre, y que aún tenía pendiente la elección de mi destino.
Así que emprendí el camino hacia el Norte, pensando y conociendo elfos, hombres, enanos y hobbits. Y también orcos, uruks, tumularios, licántropos... Como os podéis imaginar, no todos los encuentros acabaron de la misma forma.
Cuando llegué a Eriador, a la casa de mi padre cerca de la reconstruida Annúminas, ya había tomado una decisión. La beatitud de las Tierras Bendecidas sería demasiado "beatífica" para mí, tan acostumbrada a las emociones y a la variedad de la Tierra Media. Así que hablamos mucho, le perdoné y me alisté al servicio del Rey en el Norte como mensajera y, si es necesario, para rastrear y vigilar las sendas.
Desde entonces recorro las veredas, valles, costas, montañas, bosques y aldeas a lomos de Fiur, llevando mensajes, alerta y aprendiendo de todo y todos los que se cruzan en mi camino.
Entre viaje y viaje, reposar en la Posada me hace recargar las pilas.

Habilidades: Aunque me entrenaron para luchar y rastrear ( y creo que lo debo hacer bastante bien, pues aún estoy viva), prefiero en la actualidad desarrollar mis otros talentos, que son sanar pequeños males físicos con la ayuda de los olvar y aliviar los corazones y el espíritu cantando y haciendo música.

Armas: Siempre llevo la espada con la que mi padre me enseñó a luchar, ahora refundida en Minas Tirith por el mismo herrero que me regaló el escudo sujeto a la silla de Fiur.
Sobre el pecho llevo suspendido un cristal rosado que mi madre me colocó al cuello antes de irse, traído de Nargothrond y en el que parece haber quedado apresada la luz de los amaneceres de Beleriand. Llena de valor y esperanza a los que lo contemplan, como si el alba estuviese próxima.

 
 
Última modificación de Ficha: Día: 22-03-2008 Hora: 21:24
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Harel tiene 25 mensajes

De: Litsë  
Fecha: 08-02-2013 Hora: 10:52
Aiya!! Encantada de conocerla y feliz cumpleaños.

De: Aldera  
Fecha: 08-02-2013 Hora: 00:20
Aiya! Pasad un feliz día de cumpleaños.

De: Odnallap  
Fecha: 06-05-2009 Hora: 16:22
Buenos días, huested del sur, le invito a leer la canción (Poema) de la Cerveza. Saludos. eppp

De: Zeirkrad  
Fecha: 07-02-2009 Hora: 21:45
es bueno que discurran las noticias pero tanta seguridad no es buena para mí. Demasiado control

De: evola  
Fecha: 26-09-2008 Hora: 23:38
Hola.Gran historia la tuya,gracias por darme esa primera calurosa bienvenida..Yo aun,como ves,no he desarrollado del todo mi personaje,pero lo hare.Saludos y te invito a unas rondas
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