Ir a Posada de Mantecona
 


 
 
 
 
Ibrianna
(Huésped de la Posada
)
Raza: Mujer Oriental
Procedencia: Rusia
Edad: 30 años

       
Aspecto: De aspecto élfico, es en realidad una Medio Elfa, o Peredhil. Tiene el cabello oscuro lacio y largo, el cual lleva suelto siempre que puede (salvo aquellas veces en las que anda a caballo). Sus ojos son negros, muy oscuros y cambian al gris azulado durante los días de tormenta o cuando se siente amenazada o en peligro. La característica principal va en que nadie puede leer a través de ellos. Representan el vacío y la oscuridad y hay quienes no soportan mirar en ellos.

Generalmente es tranquila y callada. No le gusta llamar la atención, ni le gusta sentirse observada. Le gusta estar sola, la mayoría del tiempo. A pesar de todo, ama la música, y posee una flauta azul llamada Moriorlindë, que no tiene ningún poder en especial, pero es una de sus principales compañeras en momentos de ocio.

Le gustan las ropas oscuras, nada que sea llamativo. Viste de gris la mayoría de las veces, aunque siempre lleva su capa negra, que la camufla en la oscuridad. Quienes la conocen dicen que es valiente, y de pocas palabras, aunque ella guarda mucha sabiduría bajo su frágil apariencia y ha vivido ya muchos años de Edain en la Tierra. No es de hacer amigos fácilmente, porque le gusta la soledad, o la compañía de sus animales: Lómenécë un pequeño halcón blanco y Gurthrrámë, su caballo gris.No le caen bien los Enanos ni las criaturas de Morgoth y odia a todos aquellos que están en contra de su Clan, sean Elfos, Hombres u otros.

Historia: Hacía frío aquella noche.
El campamento Noldorin se había levantado en un claro del bosque rodeado por arbustos de poco tamaño.El fuego moría en la hoguera que habían estado manteniendo durante todo el día, y los dos guardias que custodiaban el sueño de los demás hablaban y bebían animosamente.
Pero los Hombres salvajes acechaban. Escondidos detrás de las matas apretadas eran guiados por un jefe Rohirrim. Era cruel y no le importaba quemar, matar y saquear para conseguir aquello que quería. Era medio hermano por parte de padre de Walda, Rey de Rohan, pero vivía en el bosque de Fírien, donde imponía sus propias leyes.Los arcos tensaron sus cuerdas a la señal de Nefhild.
Este mantenía su dedo índice en alto. La respiración de los Hombres de Fírien era casi imperceptible. Se oyó a lo lejos el aullido de un lobo, la luna llena apareció como rasgada detrás de las ramas de los árboles.Nefhild bajó la mano. En seguida se sintió el suave zumbar de las flechas certeras, que dieron en los centinelas, quienes cayeron silenciosamente al suelo.Los Hombres se apresuraron y corriendo dando grandes gritos quemaron, robaron, incendiaron y devastaron el campamento de los Elfos de Edhellond.

Entre ellos descansaba la Princesa Arimoriel, sobrina de Imrahil de Dol Amroth e hija del Señor del Puerto de los Elfos. Nefhild la encontró escondida en su tienda. La tomó del brazo y la arrastró fuera. Aquella noche acabó pronto y los Hombres de apresuraron a abandonar la zona y marchar con lo que habían logrado arrebatar a los Elfos.

Iban rumbo a Fírien, donde Nefhild tenía su palacio. Estaba escondido en lo profundo del sombrío bosque, donde nadie se aventuraba nunca.Arimoriel callaba. La expresión de su rostro era dura y penosa. No hablaba y por eso era azotada por los guardias que la custodiaban. No había tristeza más grande para ella que aquello que le estaba tocando vivir.

Cuando le llegaron noticias de la suerte que había corrido su hija, Eärion, el señor de la Costa fue enfermando de pena hasta que murió al año siguiente, dejando un gran vacío en su pueblo.Aquel palacio era hermoso. Ricamente adornado, tapices de todos los tamaños y de bellos colores colgaban de las paredes lisas y grises. Arimoriel fue tomada por Nefhild como esposa, aunque no fue aquella unión muy en contra de su voluntad.
Muchos dijeron que la Elfa se había resignado a la vida que le había tocado. Sin embargo no hablaba casi con nadie y era callada y sombría. Los Rohirrim que trabajaban para Nefhild no simpatizaban mucho con los Elfos.

El verano siguiente nació allí en Fírien la hija (y única que tuvieron) el Rey y la Reina del Bosque. Y fue llamada Ithwyn por su padre que prohibía en su casa el uso de las lenguas Quendi. Pero en secreto, Arimoriel la llamó Ibrianna Elénserkë y aunque al crecer tuvo las costumbres de pueblo de su padre, en aspecto no tenía nada de los Rohirrims, sino que era idéntica a las hijas de los Noldor, y la sangre noble de la casa de Fingolfin corría por sus venas.

Nefhild la educó allí en Fírien y pocas veces le permitía a Ithwyn dejar las fronteras del reino. No obstante, todos los veranos cabalgaban con una pequeña escolta hasta Edoras en busca del consejo del Rey.Pero los años pasaron y Arimoriel cayó enferma de pena, porque a pesar de que la llegada de su única hija la había hecho dichosa y feliz, aún conservaba aquellos tristes recuerdos y el sabor amargo de todos los tormentos que había pasado en aquella casa. Así que presintiendo su muerte, llamó una noche a Ibrianna.El aire en la habitación que se encontraba solo iluminada por un candelabro de luz velada era cálido.

Arimoriel estaba tendida en la cama blanca y mullida. Ibrianna se acercó despacio, como sintiendo angustia y tristeza al ver la débil figura de su madre que descansaba ahí. Se arrodilló junto a ella, en la losa fría del suelo y tendió su mano blanca hasta encontrar la de su madre.

-Ibrianna- dijo con la voz apagada- te he llamado y creo que sabes el motivo.
-Lo sé, o lo presiento madre, pero no puedes dejarme ahora!, no te vayas y me dejes sola en este sitio, llévame contigo!- dijo Ibrianna con los ojos humedecidos por las lágrimas.
-No hija mía, no puedes venir esta vez. Debes vengar lo que le han hecho al pueblo de tu madre, la sangre de los Eldar que corre por tus venas, la misma de los primeros Nacidos.
-Yo no puedo hacer nada sin ti, madre...

De pronto Arimoriel corrió las mantas que la cubrían y dejó en la mano cerrada de Ithwyn una joya élfica. Parecía plata, pero era a la vez más ligera y brillante, suave y a la vez ondulada en pequeñas formas. Una piedra pequeña y roja como el atardecer de verano estaba incrustada en el. Ibrianna la miró con asombro.

-Se llama Seregmírë, y la forjaron para una Doncella de los Elfos allá en el lejano Puerto de Edhellond. Ahora la llevarás tú y te dará el nombre de Elenserkë, “Sangre de Estrellas” y con el, quizá puedas comunicarme tus pensamientos, aunque no podremos vernos estaré presente en tus sueños.- hizo una pausa y los ojos comenzaron a cerrársele despacio.

-Adiós hija mía, digna miembro de la casa de Finwë!.
-Adiós madre! Poco tiempo en verdad tuve para vivir a tu lado-dijo ella- y se acercó a su mejilla pálida y la besó, recogiendo con aquel beso su último suspiro.

Murió así aquella cálida noche primaveral, y algo murió también en el corazón de Ithwyn, quien se volvió fría y reservada e incluso malvada en algunas ocasiones. Había comenzado a entender el oscuro pasado que envolvía de sombras la vida que había llevado y que llevaba Nefhild. Comenzó a vivir sola en la última torre del Palacio, lugar que nadie frecuentaba porque se creía que estaba invadido con extraños y malignos espíritus. Fue llamada Bruja y Aprendiz de los Nigromantes y le dieron el nombre de Norëdhel la Hechicera.No había por cierto mucha verdad en aquellas suposiciones, aunque Ithwyn había comenzado a aprender a usar sus dones élficos.

Desnudaba con la mirada penetrante y vacía los corazones y los pensamientos de los Hombres y tenía pensamientos sombríos en relación a ellos. Los Rohirrims y los Hombres Salvajes que trabajaban para su padre temía acercársele demasiado.No obstante, Nefhild comenzó a interrogarla, para sacar a luz la última conversación que había tenido con Arimoriel.
Pero no pudo sacar ninguna palabra de la boca de Ithwyn y entonces montó en cólera y le prohibió leer los antiguos escritos élficos que Arimoriel había logrado arrebatar del fuego la noche de su rapto. No la dejó salir de la torre y le pasaba el alimento por debajo de la puerta de gruesos barrotes.
Aquella noche Ibrianna decidió escapar. Había sentido durante todo el día el llanto y el dolor de las gentes que hacía poco, habían caído en manos de los malvados sirvientes de su padre. Niños, mujeres, ancianos...todos ellos, o en su mayoría de raza Elfica.

La ventana no tenía rejas. Porque se encontraba muy alto, a unos 20 o 30 metros por encima del techo de la sala principal. Pero eso no le importaba. Lo planeó durante toda la noche y al fin se le ocurrió una idea. No era la gran idea, puesto que nunca se había atrevido a levanta su espada contra alguien, pero su libertad le era más preciada.
Cuando a la tarde, ya cayendo el crepúsculo, del día siguiente el guardia le acercó la comida ella lo llamó en voz alta.

-Hey tú!, ven aquí un momento.-dijo ella.
El guardia dudó en acercársele, temiendo que le echara un encantamiento. Ithwyn había tomado un puñado de arena y le había agregado unas hierbas (algo secas, que solía recoger en los días que Arimoriel vivía), y cuando el Hombre se acerco a las rejas ella lo tomó por la ropa y abriendo la mano le sopló directo a los ojos.El guardia chilló y se dejó caer al suelo, enceguecido por aquel polvo y se retorció dando gritos de dolor.
Ibrianna tomó rápidamente las llaves y abrió la celda y corrió por las escaleras hasta una pasaje a mano derecha y escapó por allí antes de que todos los guardias que Nefhild pudo encontrar salieran en su busca.

Corrió hasta que cayó exhausta en el bosque. La oscuridad reinaba todo alrededor y la bruma era espesa. Se sentó bajo un gran roble. Le era difícil respirar y estaba hambrienta. Sin embargo sabía que todavía no estaba segura allí. Entonces decidió regresar, en busca de su caballo y algún arma, porque le sería imposible sobrevivir en el descampado sin provisiones. Era la parte más arriesgada del escape.
Esperó un rato allí, hasta que la luna se ocultó detrás de las montañas. Entonces reuniendo todo su valor se adelantó entre las grandes sombras de los árboles y llegó al establo.No tuvo que hacer mucho esfuerzo para entrar, porque todos los soldados habían salido a buscarla.

Rió. Se sentía satisfecha y quería irse muy lejos de allí. Ya no le importaba tanto la venganza ni nada de eso. Quería conocer la paz, en algún lugar distante. Entró en puntillas al establo, aunque por lo general caminaba sin ser oída si así lo quería. El vejo establo estaba a oscuras y su caballo era difícil de distinguir. Negro como las sombras de la noche que se arrastran entre los jirones de bruma en busca de refugio. Así era Gurthrrámë rápido y de trote ligero. Mornaórë lo acarició. Hacía mucho que no montaba y de veras apreciaba a aquel animal. Sentía que cada frase que le dirigía el la entendía y que podía responderle telepáticamente, aunque sin palabras, pero ella podían entender el significado.
Se subió y con el pié empujó la puerta de madera. Se rió de nuevo y pensó que Nefhild era de verdad estúpido por descuidar de aquel modo el establo.

Salió en total silencio. Las pisadas del caballo eran suaves. Cabalgó lento hacia el norte, en busca del río que atravesaba Fírien. Durante toda la noche no vio ni oyó señales de los Rohirrims. Al fin llegó a un claro, bordeado por grandes matorrales de zarzas y arbustos de ramas pequeñas y espinosas.Se dejó caer en la hierba. Estaba muy cansada, le dolía la espalda y tenía sueño y hambre. Pronto se perdió en un sueño que no le dejó ningún recuerdo.

Despertó al sentir un aire cálido junto a su rostro. Se sobresaltó y de un salto estuvo de pié. Había allí un Elfo. O así le parecía. El rostro dulce y a la vez severo. Los ojos como dos grandes abismos verdes en los que uno se perdía. La expresión suavizada por una sonrisa. Se incorporó y saludo a Ibrianna.

-Siento haberte asustado, pero pasaba por aquí y al verte tendida pensé, bueno...que estarías muerta.
Ella lo miró con desconfianza, como temiendo una trampa de parte de su padre.

-¿Quién eres, de donde vienes y que buscas en el reino de Firien?- dijo ella tocando con sus dedos la empuñadura fría de la espada.
-Una pregunta a la vez- respondió el- Primero, me llamo Narglîn, vengo de Mithlond y solo buscaba el paso a las playas del sur.- ¿Te basta con saber eso?

Ibrianna no respondió pero le echó una mirada que lo decía todo. Sin embargo el Elfo no dijo nada y luego de pensar un poco no contuvo más la curiosidad y le preguntó...

-¿Y qué hay acerca de ti?, ¿De donde vienes? Y...¿Por qué estás aquí sola en medio del bosque?

A Ithwyn la irritaban tantas preguntas, sin embargo también ella sentía cierta curiosidad sobre el.

-Me llamo Ibrianna, vengo del sur y estoy sola porque así me gusta estar.El sonrió comprendiendo la ironía de las palabras de ella. Sin embargo decidió fastidiarla un poco más.

-Oh! Ibrianna?...hacía mucho que no encontraba alguien cuyo nombre fuera en la antigua lengua Quendi. Interesante, y dime ¿de donde vienes Ibrianna?- ya había empezado a gustarle toda aquella historia, y quería saber más sobre la Elfa, cuyo nombre le resultaba de lo más interesante.

-Vengo del Palacio. Y ya!, deja de hacerme tantas preguntas.
El se sentó en el suelo junto a ella. La observó en silencio. Luego no soportó la mirada fría que ella le dirigía, como pidiéndole que se fuera de ahí. Pero quería conquistar de algún modo su atención así que sacó de su capa gris una hermosa flauta negra y tallada de modo que en ella se podían observar las figuras retorcidas de grandes dragones de ojos brillantes y amenazadores.La apoyó en sus labios y comenzó a tocar.

La melodía, que Ibrianna conocía muy bien, llegaba al alma y más allá, era muy triste y hablaba cobre fantasmas en un mundo de cielos rotos.Para sorpresa de Narglîn, Ithwyn se puso a cantar. Tenía una voz muy bella y las palabras junto a la música tomaban forma y se transformaban en imágenes claras en la mente de cada uno.

Así decía la melodía:”... I fairi nécë isilmë lantalassë elenillor pella, enwina lúmë nu fanyarë rúcina, undumë hácala. Raumo nurrua, métim' auressë...”.
Al fin acabó. Ibrianna sonrió recordando los viejos tiempos de su infancia. El se sentía complacido por haber podido arrancarle una sonrisa a la joven.Sin Embargo ella volvió a mirarlo, y descubrió que Narglîn estaba perdido en pensamientos.
No podía descifrar de que se trataban, pero eran en su mayoría cosas tristes de un pasado lejano, pero que de algún modo estaba muy presente.El se sintió atrapado y atraído por aquella mirada.

De súbito dio vuelta la cara y se encontró con que Ibiranna a sonriendo aún.-

Lamento haberte tratado mal cuando nos conocimos. Verás, vengo escapando de un pasado amargo, mi madre murió hace algunos años y no me llevaba bien con mi padre- una sombra de viejos recuerdos atravesó su rostro dando una expresión de dolor que no se ha podido calmar- pero ya estoy por fuera de eso, lista para una nueva vida.Por unos momentos el se quedó pensando sin saber que responder. Luego añadió:

-Bueno, yo tengo un pasado parecido, aunque ahora llevo una vida errante en la Tierra Media, sin embargo necesitaba ir a las playas del sur en una importante misión.

Ibrianna se sentía mejor. Pronto sintió hambre de nuevo y tomó su equipaje, sacando de el comida. No era mucho, pero bastaba para matar el hambre. Narglîn la acompañó y comió con ella

. Al caer la tarde Ithwyn comenzó a juntar sus cosas nuevamente para marcharse de allí.Narglîn no tenía ganas de abandonarla y decidió marchar con ella. Una amistad había surgido entre ambos, se reían del mundo y solo deseaban ser libres y felices. Esa noche partieron de allí.
Abandonaron la región de Fírien por el sureste y se dirigieron hacia el sur, rumbo a las playas. En secreto, crecía en el corazón de Ithwyn la posibilidad de volver al Reino al que pertenecía su madre y conocer al fin una familia con la que vivir. Anduvieron toda aquella jornada y cuando el crepúsculo cayó se sintieron invadidos por una profunda somnolencia y se abandonaron al mundo de los sueños.

Ibrianna despertó por la noche. Sentía un gemido en el aire, como una llamada. Se incorporó. El Elfo dormía junto a ella, la estaba abrazando. Sonrió. Quitó la mano de el y se levanto en silencio, entre las sombras de los fresnos que crecían en la zona más austral de Fírien. Caminó unos instantes y azuzó el oído.
La llamada venía del río. Siguió caminando, con la ballesta en la mano derecha y sosteniéndose el largo vestido gris con la otra. Llegó a la ribera del río y vio unos ojos fríos, amarillos. Era un pequeño halcón. Estaba herido y los gritos eran de dolor.

Lo levantó y el se dejó llevar. Volvió a donde descansaba Narglîn y envolvió al ave en unas ropas. Esa noche ya no volvió a dormir.Con las primeras luces el Elfo despertó. Ibrianna estaba de espaldas contra el árbol, mirándolo.

-Buenos días- dijo el mientras se incorporaba- ¿Dormiste?.Ella rió y le dijo:
-Si, dormí, no mucho- luego se volteó y le enseñó el halcón- esto encontré anoche, está mal herido, no se si sobrevivirá.-Dámelo- ordenó el- se como curar aves.

Ithwyn puso cara de sorpresa y se lo entregó. El lo levantó y sacando unos ungüentos de sus paquetes le frotó en el ala del animal. Pasó una semana. Había llegado ya a las Ered Nimrais, el halcón, a quién Ibrianna llamó Lómenécë se puso fuerte e incluso pudo volar. Iba siempre en el hombro de ella, lo que le daba un aspecto más noble y sabio.Las cosas entre ellos también habían cambiado. Ya no ocultaban el amor que sentían uno por el otro.

Ibrianna creía haber alcanzado la felicidad.Pero esa noche se detuvieron al Sur de la Cordillera Montañosa y allí encendieron una hoguera, porque el frío viento soplaba del este, arrastrando consigo el lamento de criaturas sin nombre.Por fin se durmieron, uno al lado del otro y la hoguera murió en cenizas blancas.
Pero por la noche Ithwyn se levantó sintiendo voces, o algo parecido. Abrió los ojos lentamente y vio, no muy lejos del campamento un resplandor plateado. Parecía un armadura en la cual se refleja la luz de la luna. Se volvió para despertar a Narglîn y se llevó una enorme sorpresa al descubrir que el no estaba ahí.

Entonces una puntada de angustia y rabia le cruzó por el rostro cuando por fin comprendió quien era ese Elfo a quien ella había amado.Se puso a llorar, sintiéndose infeliz y tonta por haber creído en las tiernas palabras de el. No se levantó, se sentía en un tremendo peligro. Esperó entonces allí y escuchó parte de la conversación que tenía Narglîn con un Rohirrm.

-No sospecha nada aún, pero es inteligente y no tardará en darse cuenta- dijo el Elfo.
-Entonces no te demores más, condúcela hasta el paso de las Montañas, allí la estará esperando Nefhild, y te digo la verdad, creo que piensa matarla por tal traición a su pueblo.

Hablaron algo más, pero el viento se lamentaba en las ramas de los árboles cargados de hojas y no le permitían escuchar. Calculó que sería media noche. Entonces el Rohirrim se fue, y el Elfo volvió al campamento.
Ibrianna cerró los ojos fingiendo estar dormida. El se sentó, corrió los cabellos oscuros de la cara de ella, mojados por el frío rocío de la noche. Acarició sus mejillas y la besó pidiéndole perdón para sus adentros.
Aquello no bastaba para que Ibrianna lo odiara. No iban a calmar aquellas caricias el dolor y la amargura que sentía, se sentía víctima de una pena inmensa. Se preguntaba si realmente llegaría a ser feliz algún día.

Entonces el cayó en un sueño profundo, aunque intranquilo.Ella se levantó y desató a Gurthrrámë de la rama de un abedul. Lómenécë voló a su hombro como intuyendo la partida. Sin embargo no iba a dejar las cosas como estaban. Tomó las riendas del caballo de Narglîn y las cortó con la cuchilla que el traía a un lado de la silla.

Luego tomó el látigo que colgaba del otro lado y se lo guardó. Tiró el cuchillo muy lejos y luego lo tapó de tierra. Pequeñas cosas que le complicarían la partida, pero nada más. Se volvió, decidida ya a partir y continuar la marcha. Pero antes quería despedirse de el.
Se arrodilló junto al lecho de hojas. Comenzó a llover. Lo contempló unos instantes y luego lo besó y se fue.Se alejó muy rápido de allí. No sabía adonde iba, ya no confiaba en nadie. La lluvia la azotaba con fuerza, el cabello empapado se le pegaba en mechones a la cara. Los ojos casi cerrado evitando las gotas.

Cabalgó muchos días, procurándose el alimento y evitando el contacto con los seres vivos, salvo su caballo y el halcón.Al fin llegó a Edhellond y el Rey, hermano de su madre le dio la Bienvenida y le permitió morar allí, con todos los honores de una hija de Reyes. Sin embargo pronto se cansó de aquella vida, amaba la aventura y el riesgo. Habían pasado cuatro años. Y aquella mañana se presentó colmada de promesas. Tomó a Gurthrrámë y se fue, así como había llegado, tan repentina como un rayo de sol en medio de una gran tormenta

Habilidades: mayor poder está en introducirse sutilmente dentro de las mentes de cualquier ser (salvo aquellos que poseen un poder mucho mayor que el de ella). Una vez dentro se pasea por cada rincón, conociendo cada recuerdo, experiencia, temor e incluso las ideas y pensamientos más oscuros y secretos. También y como llegó a descubrir más adelante en su vida, posee el don de la curación. Tocando con sus manos y algunas hierbas que solo ella conoce puede curar heridas, no solo del cuerpo sinó también del alma

Armas: Ibrianna posee una espada curva forjada en las herrerías de Nargothrond de acero, tiene runas grabadas, una antigua escritura que recuerda uno de los poderes de la hoja. En ella se lee : “No hay metal o sustancia que pueda quebrar a Gurthbein”.

Ibrianna conservó el nombre Gurthbein (muerte hermosa).
También tiene una ballesta de gran alcance. No la usa siempre, porque supone que los enemigos nunca tiene armas tan rápidas y certeras y prefiere una pelea limpia. Sin embargo, y por las dudas la lleva escondida en un arnés especial en la espalda, donde también suele llevar a Gurthbein.

 
 
Última modificación de Ficha: Día: 03-09-2005 Hora: 20:34
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Ibrianna tiene 22 mensajes

De: Aldera  
Fecha: 15-02-2013 Hora: 17:26
Aiya! Encantada de conocerla, pasasd un feliz día de cumpleaños.

De: Elladan  
Fecha: 23-08-2011 Hora: 16:28
oye que buena historia tienes un buen de creatividad... megustaria platikar luego mas sobre todo lo ke escribes...saludos

De: Odnallap  
Fecha: 06-05-2009 Hora: 16:32
Buenos días, huested del sur, le invito a leer la canción (Poema) de la Cerveza. Saludos. eppp

De: Racso  
Fecha: 15-02-2008 Hora: 22:04
Muchas felicidades, pequeña oriental, la verdad es que me ha encantado tu historia. En este dia especial te felicito y brindo porque cumplas muchos mas, a tu salud

Fecha: 29-12-2007 Hora: 00:56
Cómo la pasa una Oriental del mundo real en Tierras tan frías? Bueno, ya nos tomaremos unas pintas en la barra de Don Cebadilla

Un besote desde el río como mar
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