Ir a Posada de Mantecona
 


 
 
 
 
Iro
(Huesped de la Posada
)
Raza: Elfo Silvano
Procedencia: Lugar
Edad: 26 años

       
Aspecto: Persona ligera de 1,85 mts de altura moreno con ojos castaños

Historia: ingún lugar ha sido tan querido y a la vez tan odiado por Legebril Alosen que su adorada Argluna, allí aprendió dos cosas, su oficio y la dureza del destino.
Nacido en cuna noble, hijo de una de las familias medianamente importantes de la ciudad, comparte padres con dos hermanas mayores que él, Elyn y Lia. A la edad de 17 años fue enviado a la Escuela de la Dama para iniciar sus pasos en el mundo de las artes mágicas, aunque nunca destacó en dicho arte y lo aborrecía, su padre insistió en su matriculación a fin de seguir sus propios pasos. Allí conoció a una hermosa semielfa pelirroja de penetrantes ojos esmeralda, de la que quedó prendidamente enamorado en el acto.
Casi un año pasó desde aquel primer flechazo, casi medio año desde que el joven elfo pudo pronunciar palabras completas y formar frases con sentido ante la presencia de la hermosa pelirroja, y apenas dos meses llevaban viéndose a escondidas entre los muros abandonados de una vieja mansión, cuando el padre de Legebril los encontró. En ese momento el padre no dijo nada, simplemente pasó de largo cuando vio a los dos amantes perderse de la mano entre las ruinas.
El problema le sobrevino después al joven, cuando volvió a la escuela y no se le permitió la entrada por orden de su padre (parte del claustro en la escuela), había sido expulsado sin aviso por parte de su padre y desconocía el por qué. Lo descubrió al regresar a su hogar, las voces del padre se pudieron escuchar fuera de los muros de la casa en la que residían, un elfo solar, retozando con una mestiza, una mestiza, semihumana una deshonra para cualquier elfo, y encima su propio hijo había estado con ella, Legebril intentó excusarse, explicarse, hacerse entender, pero su padre no estaba dispuesto a escucharlo, no habían abandonado Eternion hace 100 años para que su único hijo acabara retozando con una mestiza. Ingresaría interno y de inmediato en la orden de Torm, para que aprendiera los principios básicos de la escudería y quizás, con suerte, entrara algo de cordura en su cabeza llena de paja.
Apenas le dio tiempo a escribirle una carta a su amada, cuando dos paladines vinieron a recogerle, carta que, entre lágrimas y abrazos, logró dársela a una de sus hermanas para que se la hiciera llegar.
No pasó un día en que el joven Legebril no llorará por su hermosa semielfa. Durante los entrenamientos, durante la instrucción o las infinitas tareas, en su mayoría dignas de un lacayo, que la orden le tenía preparadas cada día, se comportaba como un autómata, las realizaba sin emitir ningún comentario o queja, al llegar la noche, en su lecho, sollozaba como un crío, por los abrazos y besos perdidos de su amada. Confiaba que su hermana Elyn a quien había dado la carta, se la hubiese hecho llegar y supiese todo lo que sentía y deseaba.
Había pasado alrededor de un mes entre los muros de la academia de Torm cuando un mensajero, enviado por su madre le hizo entrega de un mensaje, un pequeño papiro enrollado con un cordón de terciopelo, sellado con cera negra y el escudo de su familia grabado en ella. Una lágrima corrió por el rostro del elfo al ver el papiro, sabía qué significaba la cera negra en un mensaje así, una muerte en su familia, con manos temblorosas recogió el mensaje, casi rasga el papiro al abrirlo y lo leyó para sí.
Querido hijo, apenas me salen las palabras, siquiera puedo sostener la pluma entre mis dedos para escribirte esta carta… tu padre ha sufrido un severo accidente en la escuela, unos componentes adulterados se mezclaron en un experimento que estaba realizando, y liberaron un gas letal que está constriñendo sus pulmones, apenas puede respirar, los sacerdotes no saben qué hacer, sus plegarias apenas sirven para aliviar su dolor, por favor ven a casa cuanto antes.
Apenas terminó de leer la carta cuando la dejó caer entre sus manos y salió corriendo de la academia rumbo a su casa, tenía que ver a su padre, tenía que decirle que sentía haberle fallado, tenía que saber que lo perdonaba… no podía irse sin que supiera, que, a pesar de todo, lo seguía queriendo y respetando.
Poco más de tres millas separaban su casa de la “Academia Militar y Divina del dios Torm”, acostumbrado a correr distancias similares o superiores en sus entrenamientos, junto con la adrenalina que por sus venas fluía la distancia no supuso para el joven mayor esfuerzo, pero cada paso que daba sentía que su padre se alejaba del plano mortal. Llegó a la casa familiar e irrumpió con fuerza en su interior, sus hermanas sobresaltadas fueron a su encuentro, sus caras, al igual que la de su madre que se encontraba en la habitación matrimonial, estaban demacradas por el llanto y la pena, se abrazaron, e intentaron aplacar sus penas entre los cuatro.
Legebril entró solo en la habitación donde su padre se encontraba postrado en la cama, se arrodilló a su lado y besó su mejilla, el padre abrió los ojos y lo miró tiernamente, - hijo - le dijo entre susurros y silbidos con voz entrecortada, - no digáis nada padre, guardar el aliento, ya no importa – le respondió, - hijo – continuó – he decíroslo antes de presentarme a Kélemvor, lo más importante es la felicidad de uno mismo, lo más importante para un padre, es la felicidad de un hijo, si quieres estar con ella ve con ella, nunca debí interponerme – con cada palabra, la voz del padre se volvía menos audible, al final, sus palabras apenas eran indistinguibles de un simple susurro. La mano que apretaba la de su hijo se aflojó, y sus ojos se pusieron en blanco. Te perdono gritó Legebril, padre te perdono, y rompió a llorar sobre su pecho.
Fue su madre quien lo despertó al cabo de una hora, se había quedado dormido sobre el cuerpo sin vida de su padre, extenuado, agotado por tanto sentimiento demoledor.
Al cabo de pocos más de una semana del trágico accidente y no sin cierta alegría, Legebril tuvo que abandonar la escuela militar a causa de la falta de dinero para poder seguir costeándola, aunque le estaba empezando a coger el gusto a la disciplina y enseñanzas del dios Torm, se sintió aliviado de escapar de aquel opresivo régimen.
Buscó y encontró trabajo de aprendiz de herrero en la fragua de un conocido enano, poco carismático, como todos los enanos, pero como la mayoría de ellos, de buen corazón, acogió al chico en su taller, primero como poco más que un limpiador, preparando las herramientas, manteniendo la fragua caliente y con brasas, en definitiva manteniendo la herrería en condiciones óptimas para que el enano pudiera trabajar sin complicaciones, pero apenas ganaba cien cobres, que no eran suficientes para mantener a su familia, por consiguiente no les quedó más remedio que vender la casa y mudarse a un barrio más humilde.
Sabedor de los problemas económicos de Legebril, Reon “manosfuertes” que así se llamaba el enano, acogió definitivamente al elfo como su aprendiz, esto significaba dos cosas, la primera que pasaría a cobrar diez monedas de oro en vez de cien cobres, y, además, pasaría a vivir en la casa del enano. Legebril, pronto destacó en el oficio y su habilidad para dar forma al metal y modelarlo a su voluntad añadió fama, a la de, ya por si, gran popularidad de la herrería de Reon, finas armas ricamente decoradas, escudos de armas con gran nivel de detalle e incluso equipamiento de gran calidad para la guardia de la ciudad salían casi diariamente del taller.
Durante este tiempo, el elfo, pudo volver con su amada y juntos escribieron varios capítulos de amor, deseo y felicidad en sus vidas, los malos tiempos habían pasado y un año y medio después de la muerte de su padre Legebril y Kyra se casaban.
Aún no tiene muy claro qué fue lo que lo motivó, pero al poco de casarse el elfo dejó el trabajo en la herrería y se inscribió de nuevo en la academia militar y divina del dios Torm. Afortunadamente ya le había pasado la época de andar limpiando letrinas, establos y arreglando armaduras de los caballeros, con lo que un paladín humano de la orden, llamado Sir Redgar II lo acogió como escudero.
Todo sucedió muy rápido, Legebril apenas recuerda nada del incidente y, aún hoy, sigue sin entender qué es lo que sucedió. Iba a caballo, con su amada, por un estrecho sendero de un bosque cercano, su señor le había dado el día libre y quería celebrarlo con Kyra, además ella lo miraba con cara pícara, sabiendo que guardaba para sí, una gran noticia que haría rebosar de felicidad a su amado. Iban a comer al lago, extender unas mantas sobre el suelo, preparar una hoguera y pasar la tarde juntos, disfrutando el uno del otro.
Una sombra, un movimiento en la linde del camino lo alertó, desenvainó su espada, y puso su caballo entre esa parte del camino y su esposa, el primer osgo lo vieron cuando salió de detrás de un árbol y se situó enfrente de ellos, con una tosca espada en la mano, señaló a Kyra y dijo algo en un lenguaje desconocido para ellos, de pronto tres osgos más los rodearon, Legebril desmontó y se plantó en el suelo sosteniendo en sus manos su espadón, enfrentándose al que parecía ser el líder, nada pudo hacer él solo, sin armadura contra cuatro enormes osgos, intentó luchar, pero un fuerte golpe en la nuca lo tumbó bocabajo contra el suelo, una gruesa bota de placas hundió su cara contra el barro del camino, hasta casi ahogarlo, se quedó inmóvil. Se quedó inmóvil tumbado allí, en el suelo, mascando barro, se quedó inmóvil mientras su mujer intentaba defenderse de los osgos, se quedó inmóvil cuando uno de ellos cayó a su lado fulminado por un proyectil mágico lanzado por la semielfa, se quedó inmóvil mientras los tres restantes la redujeron a golpes, se quedó inmóvil mientras ella gritaba y lloraba, se quedó inmóvil mientras oía como rasgaban sus ropajes, se quedó inmóvil mientras ella lo llamaba, se quedó inmóvil mientras gritaba de rabia y dolor al ser brutalmente violada por esos seres, se quedó inmóvil cuando dejó de oír sus gritos y los osgos se marcharon, e inmóvil estaba cuando unos sacerdotes de Lazhánder lo encontraron, tumbado, malherido y con la cabeza enterrada en el barro.
En su templo, no pudieron hacer nada por su esposa, quien murió con la que debía ser una buena noticia guardada en su vientre, estaba en cinta. Y aunque cuidaron y sanaron las heridas del elfo, otras, las de su alma, nunca llegarán a cerrarse del todo y siempre llorará por las noches y tendrá pesadillas por haberse quedado inmóvil cuando tenía que haber protegido hasta la muerte a su semielfa pelirroja de ojos esmeralda.
Quiso huir, quiso correr como el viento y perderse del mundo, internarse en Bosque Alto y nunca volver a salir, pero no lo hizo. Reon, a quienes los monjes habían avisado, se lo impidió. Volvieron a su casa, a la herrería, y lo cuidó como pudo esa semana. Sir Redgar II también se enteró de lo sucedido, y aunque su actitud en la batalla fue deshonrosa, lo propuso para la graduación final, pues el dios Torm, aunque severo e inflexible, también es amable y bondadoso. Y así, Legebril Alosen se convirtió en Paladín de la Deidad Leal.
Desde entonces, es un Paladín Errante que viaja por Faerûn en una incesante lucha contra el mal.

Habilidades: Como si un ojo de agila tubeiese acierto con el arco a largas distancias
Amante del sigilo y usado para matar

Armas: Espada de los Altos Elfos,Daga Elfica.

 
 
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Iro tiene 2 mensajes

Fecha: 09-06-2013 Hora: 13:42
Wow, una historia muy elaborada llena de emociones, al estilo Tolkien. Te mereces un 10!

Fecha: 05-06-2013 Hora: 11:22
Pasad y acomodaos, noble viajero, el fín de vuestro camino empieza en esta Posada, pero ¿quién sabe qué nos deparará el mañana?.


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