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MayGamyi
(Huésped de la Posada
)
Raza: Hobbitina Alba
Procedencia: Valladolid
Edad: 31 años

       
Aspecto: Tengo el cabello muy rizado y de color rubio claro, muy parecido a los cereales recién segados; mi padre, el Viejo Tío, me llamaba de pequeña "espiguita de oro" por ello, y los elfos del Bosque Verde me darían más tarde el sobrenombre de Finelaurë (que significa "Cabellos de Oro"). Suelo llevarlo suelto, o con diademas de flores de niphredil (le gustan mucho a mi marido Angaráto) aunque con frecuencia lo recojo también en coletas. Mi cara es redondeada, de piel muy blanca, aunque con mejillas algo sonrosadas y algunas pecas; los ojos, de color marrón claro como la miel.

Lo que más destaca de mi físico quizá sea mi estatura, que es bastante alta para mi raza: mido cerca de 136 centímetros. Realmente no sé el porqué de ésto, pues en mi familia nadie han sido nunca grandes varales sino más bien bajitos (salvo quizá mi hermana pequeña Marigold, que llegó a los 115). De hecho con 10 años ya era tan alta como mis padres. Esta característica ha dado mucho que hablar en la Comarca y ha generado muchos comentarios, algunos bienintencionados y cariñosos pero otros maliciosos. Mi amiga Pimpinela Tuk, la hija del Thain Paladin, solía llamarme "Vaquilla Bramadora" en recuerdo a su antepasado Bandobras, que también había sido muy muy alto; no me molestaba porque sé que lo hacía con cariño. Lo que realmente sí me enfurecía eran otros comentarios de algunos sujetos a los que prefiero no recordar, que decían que soy fruto del desliz de mi madre con un enano en Bree.

Por lo demás, soy muy parecida al resto de los hobbits. Tengo grandes pies cubiertos de pelo rubio rizado que llevo generalmente descalzos, y estoy un poco regordeta (me gusta la buena comida, como a todos los de mi raza).

Me gustan sobre todo las ropas de colores claros, aunque desde que conocí a los elfos del bosque me gusta también mucho el verde. Suelo llevar vestidos en dos piezas, con falda y camisa, y a veces en invierno chalecos de cuero.

Historia: Nací en Hobbiton hacia el año 2976 de la Tercera Edad del Sol, que corresponde al 1375 en el Cómputo de la Comarca. Soy hija de Hamfast Gamyi (más conocido en la Comarca como "el viejo Tío") y Campanilla Buenchico. Soy la cuarta de seis hermanos, y la segunda chica entre ellos; sus nombres son Hamson, Halfred, Daisy, Marigold (mi preferida, por ser la pequeña) y Samsagaz (que con el tiempo llegaría a ser famoso por participar en la Comunidad del Anillo acompañando a Frodo Bolsón hasta llegar a la Grieta del Destino de Mordor y acabando con la malvada Ella-Laraña en el camino). Los Noldor y los Hombres dúnadan y rohirrim me llamaban también Anië (fue mi primer nombre élfico), mientras que entre los Elfos Silvanos se me conoce como Finelaurë.

Desde muy pequeña tuve mucho contacto con el campo y fui aprendiendo todo sobre las plantas, tanto las de huerta como las de jardín, pues mi padre era uno de los jardineros más destacados de toda la Comarca. Él trabajaba entonces en Bolsón Cerrado, al servicio del excéntrico señor Bilbo Bolsón, el aventurero. Muchas veces solía acompañarle y me quedaba para escuchar las historias de Bilbo. Creo que todos los niños de la Comarca hemos pasado por al lado de su chimenea, especialmente en las tardes lluviosas del otoño en las que no se puede jugar fuera de casa; de hecho solíamos amontonarnos allí hasta 20 chavalines en ocasiones, y el amable señor Bilbo compartía con nosotros sus pasteles y sus viejas batallas. Solía hablar a menudo de sus aventuras con los dragones, enanos, hombres, trolls, orcos y elfos; todo ello me fascinaba, pero lo que más me impactaba de todo era lo que nos contaba sobre los elfos. En mi corazón surgían enormes deseos de conocer a esas maravillosas criaturas, y poco a poco se fue formando en mi imaginación la imágen de un hermoso caballero élfico, una especie de príncipe azul. Soñaba que venía a buscarme a la Comarca, y me llevaba a cabalgar junto a él por los bosques y llanuras. Y como siempre he sido una soñadora, me pasaba la mayor parte de mi tiempo libre en las nubes fabulando con esas historias. Nada me hacía sospechar que algún día mis sueños se harían realidad. Por cierto que además de sus maravillosos relatos, a Bilbo le debo haber aprendido a leer y escribir tanto en nuestra lengua como en la de los Sindar y en el Quenya.

Por lo demás era una niña normal, aunque algo traviesa. También era un poco solitaria, quizá por este carácter soñador y aventurero que me tenía horas y horas imaginando. Sí que tenía de todos modos grandes amigos y amigas de infancia, especialmente algunas como las hijas de Paladin Tuk, Pimpinela y su hermana pequeña Pervinca (su hermano menor Peregrin fue integrante junto al mío, Samsagaz, de la Comunidad del Anillo), Angélica Bolsón y otras; sin embargo mi mayor cariño era para mi hermanita Marigold. En cambio otros (afortunadamente pocos) no se portaban demasiado bien conmigo y se dedicaban a hacer bromas a mi costa, basándose en algo que me dolía bastante, la estatura, pues siempre he sido bastante alta para mi edad y para mi raza. Un día cuando caminaba con mi hermana Marigold de la mano hacia el mercado me crucé con los pequeños Ciñatiesa (Quino y sus dos hermanas Lynn y Erika), que estaban jugando a saltar la cuerda. Quino, el mayor de ellos cantaba: "El viejo Tío es un cornudo, la Campanilla se le fué con un enano barbudo". Entonces pensé que mataría a alguno de ellos en ese mismo instante; afortunadamente pude controlarme (tampoco quería dar un mal ejemplo a Marigold) pero les dije:
-¡Pandilla de insensatos! ¿Por qué no cerrais vuestra boca? ¿De dónde habeis sacado semejante estupidez?
Entonces Quino se ruborizó, y ví como se le saltaban las lágrimas:
-Perdoname, May, perdóname. Lo siento. Es que hace unos días se lo oí a la vieja Lobelia Sacovilla-Bolsón en el mercado.
No me extrañó nada oir ese nombre, pues mi padre la conocía bien. Era una pariente de su patrón Bilbo Bolsón, y siempre decía de ella y su marido Otto que con sus lenguas podrían tumbar a una legión de dragones; además tenía la maldita costumbre de llevarse cucharillas de la casa del viejo Bilbo cada vez que iba a merendar.

Mis travesuras me llevaban a escaparme y a recorrer sola o con alguna amiga la Comarca hasta sus límites. Pero aunque luego mi madre me castigaba sin salir, al cabo de unos días yo solía ser reincidente y así me pasaba la vida. Una tarde, cuando tenía unos 11 años, pasé los Gamos y llegué hasta el Bosque Viejo. Muchas historias me habían contado sobre ese bosque, algunas de ellas bastante intimidatorias, pero yo nunca me arredraba por nada y decidí verlo con mis propios ojos. Caminé yo sola, recogí flores, hierbas, frutos silvestres... Sin embargo la noche me sorprendió en medio de una especie de montículo. Entonces empecé a ponerme nerviosa, muy nerviosa, y a dar vueltas sin saber salir de aquel lugar. No encontraba mis pasos. Además, extraños ruidos y sombras se cernían sobre mí a cada paso que daba. Entonces comencé a tener miedo. Sin embargo, lo peor estaba aún por llegar. De pronto, sentí unas manos sobre mis hombros y un olor nauseabundo a mi alrededor; luego alguien me levantó en el aire. Entonces ví las dos criaturas más horribles con las que jamás me había topado hasta el momento. Eran oscuros, harapientos, feos,y tenían unos dientes afilados; supuse que se trataba de orcos (había oído a Bilbo hablar de ellos) y entonces comprendí que el final de mis días estaba sellado en aquel mismo momento. Además, su conversación me confirmó mis temores.
-Caramba- dijo uno de ellos al levantarme- He aquí nuestra cena de hoy. ¿Qué te traía por aquí, pequeño bocado?- dijo dirigiéndose a mí y lanzando su fétido aliento sobre mi cara.
-¿Cena? No seas estúpido- le respondió el otro- Esto no es más que un aperitivo.
-No seas estúpido tí. Siempre será esto mejor que un estómago vacío.
-En ese caso, yo la cocinaré.
-¿Y por qué tú?
-Porque lo digo yo y punto.
-Pues no, yo propongo que la comamos cruda. Su carne parece tierna.
-No, cruda no, imbécil. Tiene aspecto de ser muy insípida...
Y mientras discutían forcejeaban conmigo. Primero estuve a punto de desmayarme, pero después recobré fuerzas y pensé que no tenía nada que perder. Entonces comencé a forcejear y a soltar codazos y patadas como una fiera enjaulada. Al principio conseguí zafarme de ellos y salí corriendo, pero entonces uno de ellos me alcanzó y me sujetó contra el suelo mientras cogía un enorme guijarro. Entonces sentí que me golpeaba con fuerza las rodillas y noté un dolor como nunca hasta el momento había experimentado.
-Así no te escaparás, pequeña sabandija- dijo el orco.
Yo seguía gritando enfurecida y forcejeando, lanzándole tierra a la cara, a lo que me respondía con golpes. Ya lo daba todo por perdido cuando de pronto oí unos cascos de caballo. Luego una extraña luz iluminó el claro del bosque y oí una voz, a la vez dulce como el canto de un pájaro y recia y enérgica como el sonar de una gran campana de bronce.
-Soltadla, repugnantes bestias de Morgoth- dijo la voz- Desventurados cobardes, venid a mediros con un rival de vuestro calibre.
-¡Mira!- dijo uno de los orcos- Ahí llega nuestro plato fuerte.
-Sí- respondió el otro- Nunca había probado carne élfica hasta ahora.
Entonces me dejaron allí tirada en el suelo, con las piernas rotas (por lo que no logré escapar sino que me retorcía de dolores espantosos) y se dirigieron hacia el ser de quien provenía la voz. Miré en aquella dirección y ví que se trataba de un esbelto caballero, envuelto en una capa verde. Sus cabellos eran de un color similar a la ceniza, y su piel era blanca como algodón. Me pareció que de su rostro salía una tenue luz blanca. Llevaba un zurrón de cuero y un carcaj lleno de flechas y disponía en su mano un fino arco de madera tallada. Pensé que podía tratarse de un elfo. Entonces me pareció oir de nuevo su voz, aunque esta vez se dirigía hacia mí, pero realmente no la oía sino que era como si me hablase a través de mis pensamientos: "Tranquila pequeña, les venceremos". Esto me provocó una extraña sensación de bienestar, que parecía absurda frente al peligro que me acechaba. Dirigí por un instante la mirada hacia el cielo, pero nuevamente la volví hacia los orcos y el extraño caballero. Entonces ví como los orcos se lanzaban hacia él mientras echaba mano a su carcaj. Oí unos finos y rápidos silbidos y a continuación unos gritos estridentes y desgarradores de aquellas horribles criaturas. Una de ellas cayó desplomada con una flecha atravesándole la cabeza. El otro intentaba arrancarse otra flecha del costado, al tiempo que increpaba al arquero.
-Maldito perro de Imladris, no moriré sin llevarte ante Mandos- dijo, y acto seguido le lanzó su daga. El caballero se apartó con rapidez, aunque la pequeña espada pasó rozándole un brazo. A continuación disparó velozmente una nueva flecha que atravesó el cuello del orco y le hizo caer de espaldas sin vida sobre la hierba. Después se dirigió hacia mí y se arrodilló a mi lado, al tiempo que clavaba su mirada sobre mis ojos. Entonces habló de nuevo, y su voz me pareció aún más dulce que hacía unos instantes.

-¿Estás bien, pequeña?- me dijo
-No del todo- le respondí con un hilo de voz.
-No te preocupes, yo cuidaré de tí- dijo él. A continuación sacó de su mochila un pequeño frasco amarillo de cristal, y virtió un líquido espeso sobre las heridas de mis rodillas, extendiéndolo con sus cálidas manos mientras pronunciaba palabras en una extraña lengua desconocida para mí. El dolor disminuyo y el bienestar que había sentido en mi interior desde la primera vez que oí su voz se acrecentó; era una sensación rara, como si una suave brisa me acariciase al tiempo que los rayos del sol calentasen mi piel. Me tomó luego en sus brazos y me llevó unos metros más allá, encaramándome a lo alto de su caballo. Después montó junto a mí y le hizo una señal al animal. No le dije nada, y no recuerdo más de ese momento, pues vencida como estaba por el cansancio me quedé profundamente dormida sobre el hermoso corcel. Cuando desperté me sentía mucho mejor. Estaba tumbada bajo un viejo árbol y ante mí había una pequeña hoguera sobre cuyas brasas se calentaba una minúscula marmita. El elfo (pues ya no me cabía duda de que se trataba de un elfo) tomó aquella marmita del fuego y virtió su contenido en un cuenco de madera. Luego se me acercó.
-Toma esto- me dijo mientras acercaba el cuenco a mis labios- Espero que te guste, te ayudará a sentirte mejor.
Era una especie de infusión de un sabor dulce y suave. Al instante noté que mi cansancio disminuía y el poco dolor que aún me quedaba desapareció por completo.
-Muchas gracias, gran señor- le dije.- Nunca terminaría de agradeceros lo que habeis hecho por mí.
-Vamos- me dijo, y pareció que se sonrojaba.- No hay por qué llamarme así, ¿no crees? No soy ningún gran señor, pequeña hobbit. Piensa que simplemente soy un amigo. Por cierto, ¿cuál es tu nombre? ¿De dónde vienes?
-Me llamo May- le dije.- May Gamyi. Soy la cuarta de seis hermanos, y vivo en Hobbiton, en la Comarca. Buscando flores y frutas silvestres me perdí en el bosque y allí me atacaron los orcos. Tuve suerte de encontrarme con vos, si me permitís decíroslo.
-Pero fuiste muy valiente- me respondió mientras me acariciaba la cabeza- Había oído ya antes hablar de tu pueblo, y del enorme valor que sacan en las situaciones más difíciles; pero no me imaginaba que incluso los niños fueseis tan sorprendentes. Mi tío, el rey Thranduil del Gran Bosque Verde, me contó la historia de un hombre de vuestra tierra llamado Bilbo Bolsón y de cómo se enfrentó al perverso dragón Smaug junto a doce enanos y al ishtar Mithrandir (bueno, creo que en tu tierra le llaman Gandalf).
-Ah sí, el viejo Bilbo. Él me ha contado muchas historias acerca de aquello. Y también sobre vuestro pueblo. En seguida supe que vos sois un elfo.
-Caramba, ¡hay que ver que señorita tan inteligente!- dijo riendo. –Pronto te llevaré a tu casa, pero antes me gustaría que te viese mi tío y maestro Elrond, señor de Imladris. Él tiene grandes conocimientos de medicina, y se asegurará de que pronto puedas volver a caminar. De momento no intentes ponerte en pie. Esas malditas bestias te rompieron las rodillas.¡Cobardes!
-Pero vos les disteis su merecido
-Ciertamente, pequeña amiga, ciertamente; aunque como ya te he dicho tú fuiste también muy valiente. Por cierto, no te lo he dicho: mi nombre es Angaráto, hijo de Amrod del Bosque Verde (que ahora todos conocen como el Bosque Negro).

Continuamos el viaje durante algunos días hacia el reino de Imladris, al que los mortales llaman Rivendel. Angaráto me prestó un sin número de atenciones y me contó muchas historias de su pueblo e incluso me cantó algunas canciones. Su compañía era maravillosa, aunque lo único que eché en falta fue alguna comida más abundante. Solíamos tomar una especie de galletas que me explicó que los elfos llaman “lembas” y que me hacían sentir una gran energía y una bebida de fuerte sabor que conocen como “miruvor”. Me habló mucho de él mismo, y de su familia; lo que más me sorprendió fue saber como a pesar de tener 70 años entre los elfos se le consideraba aún un adolescente.

Al llegar a Rivendel, me presentó a Elrond. Éste me llevó hacia unos aposentos en donde descansé durante unos días; todo el tiempo venían a visitarme, tanto el propio Elrond como su bellísima y amable hija Arwen Undómiel, y mi nuevo amigo Angaráto. Un día recibí también la visita de Gandalf, un misterioso anciano que yo conocía porque de vez en cuando venía a la Comarca y con motivo de diversas fiestas nos ofrecía fuegos de artificio; había sido compañero de aventuras del señor Bolsón. En Rivendel comí y dormí bastante bien y fui recuperando fuerzas. Todos los días me daban masajes en las rodillas con ungüentos y lociones que me hacían sentir mucho mejor. Poco a poco fui poniéndome en pie y caminando distancias cada vez mayores con la ayuda de Angaráto.

Habrían pasado cerca de tres semanas cuando Elrond consideró que ya estaba lo bastante recuperada, y envió a Angaráto para llevarme de vuelta a la Comarca. Lamenté mucho dejar aquel hermoso lugar, sus palacios de cristal y marmol, sus frondosos árboles y bellas flores. Sin embargo deseaba ver de nuevo a mi familia que debía estar muy preocupada. Fueron varios días de viaje, y aunque a Angaráto le costó mucho encontrar el camino, mis indicaciones le sirvieron de bastante ayuda, y finalmente llegamos. Mi madre salió a la puerta y dio un fuerte grito de alegría:
-¡¡May, hija mía!! ¡¡Mi dulce niña!! ¿Dónde te habías metido? Te dábamos por perdida. Mi travieso y pequeño angelito.
Toda mi familia, desde el viejo Tío hasta la pequeña Marigold salieron a verme dando voces de júbilo.
-Me perdí en el bosque- expliqué- y unas horribles criatuas me atacaron. Sin embargo este valeroso caballero me salvó.
Entonces hice pasar a Angaráto. Las caras de sorpresa de mi familia fueron enormes, y recelaron un poco de ver a alguien tan grande en su casa, especialmente mi padre. Angaráto se sentía extraño y despistado.
-Muchas gracias, señor- le dijo mi madre- Nunca podré acabar de agradeceros haber traído con vida a mi pequeña. Sé que no podemos hacer gran cosa por vos, pero me gustaría ofreceros al menos una modesta cena.
-No se preocupe, buena mujer- respondió Angaráto- Hice lo que debía, y además la compañía de esta señorita ha sido muy agradable. Pero ahora debo irme.
-No, por favor, quedaos con nosotros- insistió mi madre.
Finalmente conseguimos que Angaráto pasara aquella noche en nuestra casa y también otro par de días, y se aclimató a ella aunque al principió se dio algún que otro coscorrón contra los dinteles de las puertas. Contamos a mi familia nuestra aventura mientras cenábamos y les hablé también de Rivendel y de los elfos. Mi padre sin embargo no me creía mucho, y pensaba que Angaráto era una especie de extraño montaraz de los bosques. Aun así le agradeció mucho lo que había hecho por mí y le animó a que viniese a visitarnos siempre que quisiera.

Después de aquello, Angaráto vino muchas veces a la Comarca, aunque siempre de manera muy discreta para no llamar la atención. Solía jugar conmigo y con mis hermanos, y nos contaba muchas cosas. También ayudaba a mi padre a veces con el huerto, especialmente en el cuidado de los árboles. Un par de veces nos llevó a mí y a mis hermanos pequeños, Sam y Marigold, a Rivendel; sin embargo ninguno tenemos muchos recuerdos de aquellas visitas.

Angaráto continuó visitándome muy a menudo, a veces incluso en solitario, y a medida que los años pasaban y ambos íbamos madurando y creciendo comenzó a surgir entre nosotros una relación muy especial. Comprendí que aquello rebasaba los límites de la amistad. Mis sueños acerca del bello caballero élfico se estaban transformando en una realidad. Sin embargo no sabía exáctamente lo que Angaráto podría sentir por mí, y pensaba que seguía viéndome como una niña. Pero una tarde, abrió su corazón ante mí. Me contó que al nacer, en Lothlórien, su madrina Galadriel había hecho una profecía sobre él tras consultar su espejo de agua, y que siempre llevaba consigo grabada en una pequeña medalla que ocultaba bajo su chaleco:

“Matará al malvado que pisa niphredil y elanor.
Con flechas lo ensartará, con puntería franca.
Y después se unirá gozoso a la pequeña flor.
Y será como gota de agua de nube blanca
Que renuncia a su hogar en lo más alto del cielo
Para entregar por completo su ser a la planta
Que crece aguardándole ansiosa en el suelo”

-Ahora he comprendido esta profecía- me dijo- Y sé que mi destino está unido al tuyo. Quizá te parezca una locura, pero sé que Ilúvatar y los Valar han cruzado nuestros caminos para que esto se haga realidad. Nunca antes había conocido a alguien como tú, ninguna amistad parecida. De tu mano me llega el verdadero amor, y siento que también esto está en tu corazón.
-Angie- le dije- Yo pensaba que sería una locura. Jamás me atreví a confesarte lo que siento por ti. Pero yo también te amo con todo mi ser. Aunque sé que no será así, que es imposible. Tu alto linaje jamás podrá mezclarse con nuestra modesta casa. Ya no sólo es que tú seas un elfo y yo una hobbit; tú eres el hijo de un príncipe y yo sólo una humilde campesina. No, no debe ser así. Nuestros caminos son paralelos, pero realmente no podrán unise.
-Sí podrán- respondió él- Recuerda la profecía. Recuerda la lluvia. Renuncio a todo lo que soy por ti, y me enfrentaré a lo que sea necesario y a quien sea necesario por estar junto a ti. Ya no seré más la nube, pues el cielo puede ser alto, pero también a veces es frío y triste. Acepto la caída y la muerte, porque peor que la muerte sería mi vida lejos de ti, y mejor es un día alegre junto a tí que vivir en Valinor para siempre.
-En ese caso, Angie, déjame preguntarte algo, porque si es verdad me harás la hobbit más feliz que jamás haya existido- le dije con una sonrisa juguetona- "Méralyë vesta ni?*".
-Pero, ¿dónde has aprendido eso?- respondió riendo, y añadió acercándose más a mí: "Ná, á lissë lossë! Nai sílë findelyo caluva tienyanna oialë!**"
Entonces me besó. Sus labios eran frescos y dulces como miel. Y de nuevo su rostro volvió a desprender aquella luz que años atrás había visto en aquel fatídico claro del bosque cuando abatió a aquellos horribles orcos.

A partir de aquel día, seguimos viéndonos, pero nuestros encuentros eran ya diferentes. Ya no éramos la niña y el adolescente, sino los dos amantes que se esperan como todos los nacidos esperan la salida del sol. Sin embargo, la sombra cayó sobre la Tierra Media, y llegó la Guerra del Anillo. Angaráto tuvo que partir, pero el amor que llevábamos en secreto a espaldas de todos siguió vivo. Él se comunicaba conmigo a través de mis pensamientos, y descubrí que me había concedido el don de conocer también los suyos. Con el tiempo fui de los que se enfrentaron a aquel malvado llamado Zarquino, al que conseguimos sacar de nuestra querida Comarca, y al que poco antes de morir a manos de su propio siervo Grima propiné una certera pedrada en mitad del cráneo. Supe que Angaráto había estado combatiendo junto a un pueblo de hombres llamados rohirrim y que allí había curado a algunos de ellos heridos por los malvados espectros del anillo. Por fin la guerra acabó, y estoy muy orgullosa (siempre lo diré) de que fuese mi aventurero y valeroso hermano Sam quien sellase en los fuegos del Monte del Destino, junto a Frodo y el malogrado Sméagol, los últimos momentos del Señor Oscuro. Pero a Angaráto y a mí aún nos quedaba lo más difícil.

Sé que Angie lo tuvo con los suyos mucho más difícil que yo con los míos. Tuvo que confrontar a toda su familia: a sus padres, al rey Thranduil, a Elrond y a muchos más. Intentó explicarles nuestro amor, pero en principio fue en vano, y sólo Galadriel, quien había hecho la profecía, y Arwen (la hija de Elrond y prima de Angie) comprendían lo nuestro. Entonces durante muchos meses no supe apenas de él, salvo que su alma había caído en una honda tristeza y su cuerpo comenzaba a marchitarse. “May”, fue lo último que me dijo a través de sus pensamientos, “sin tí mi vida acabará pronto; no me sirve de nada vivir solo todas las edades del Sol si no tengo junto a mí el verdadero amor que los Valar me han concedido, y ese eres tú”. Yo también me encerré en mi misma y comencé a decaer hasta rozar casi la muerte.

Pero un día él volvió. Llegó a mi casa, suave y fresco, como llega la lluvia del otoño. Vino raudo por el cielo, un águila lo trajo volando hasta la Comarca. Entonces nuestros caminos se unieron definitivamente y me llevó junto a él hacia Lothlórien, su tierra natal, la Tierra donde las Flores Sueñan. Y junto a todos los nuestros el sueño se hizo realidad, y el enlace fue bendecido por la dama blanca de los Galadhrim. Me dijeron que yo era la novia más hermosa que se había visto en mucho tiempo por aquellos bosques, que parecía una pequeña elfa de pies peludos... Son unos exagerados. ¡Si es que se propusieron hacerme poner aún más colorada de lo que ya soy! La hermana de Angie, Natulcién (que no tendría entonces más de 25 años, lo que para los elfos es una niña), recogió mi ramo de flores; supongo que ya hace mucho que se habrá casado, aunque no lo sé porque como toda su familia ahora vive en las Tierras Imperecederas.

Desde entonces hemos vivido juntos casi 500 años. Sé que hace varias generaciones que yo tendría que haber muerto, y aún no comprendo por qué no fue así. No creo, como dicen algunos, que Angie me haya contagiado su inmortalidad; me cuesta mucho también tragarme lo de que el anillo que Galadriel me regaló por mi boda fuese Nenya. Creo que lo que me ha mantenido viva y joven todos estos años es la inmensa fuerza del amor que él me ha regalado. Lo más triste ha sido ir viendo morir a mis padres, hermanos y sobrinos, aunque sé que para Angaráto fue también duro ver a los suyos marchar hacia las Tierras Imperecederas (a pesar de que muy de vez en cuando aún se comunican a través de una vieja Palantir que encontramos no hace mucho Angie y yo bañándonos en el Brandivino).

Ya hace varios años que nuestros hijos, Elanor Natulcién (a quien pusimos ese nombre en recuerdo de mi sobrina Elanor, la hija de Sam, y de Natulcién, la hermana pequeña de Angaráto) y Saradoc Elessar (llamado así en homenaje a Merry y al rey Aragorn) dejaron nuestro hogar. Sin embargo mantenemos mucho contacto aún. Hemos vivido en muchos lugares, y además de nuestros hogares (el Bosque Negro y Hobbiton) se nos ha acogido muy bien en otros sitios, especialmente en Edoras (donde Angaráto trabajó como médico privado del rey Éomer). También vivimos hasta hace días en una ciudad llamada Valladolid, hasta donde nos llevaron las bravas aguas del Anduin en una noche de tormenta. Pero no hace mucho hemos vuelto a la Tierra Media y decidimos pasar unas vacaciones en esta acogedora posada. Angaráto llegó hace muchos días, y ahora me incorporo yo después de estar pasando revista a nuestra vieja casa en Hobbiton (hace mucho que no estábamos en ella).

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*¿Quieres casarte conmigo?
**Sí, oh dulce flor. ¡Que el brillo de tu cabello ilumine siempre mi camino!

Habilidades: No hay mucho de lo que pueda presumir, salvo mi habilidad en la cocina (que heredé de mi madre Campanilla) que siempre ha hecho las delicias de todos los que han probado mis platos (de todos modos me está costando mucho que mi marido aprenda) y mis conocimientos sobre plantas que recibí de mi padre el Viejo Tío, uno de los jardineros más célebres en la Comarca. A raíz de conocer a Angaráto aprendí a usar algunas de ellas para preparar pociones curativas, y de él recibí muchos otros conocimientos de medicina.

Una facultad a destacar, que recibí también de Angie, es comunicarme a través del pensamiento, aunque sólo lo puedo hacer con él y con mis hijos. También he ido con los años descubriendo alguos otros secretos de la magia élfica, pues aunque a raíz de casarse conmigo Angie tuvo que renunciar a muchos de sus antiguos poderes, conservó otros, sobre todo el don de sanación. Lo único que no he conseguido aún es que me deje mirar en su palantir, aunque lo cierto es que él tampoco lo usa muy a menudo.

En combate soy bastante hábil manejando la daga, y también he aprendido a usar el arco de forma más o menos competente. Y sobre todo la honda, con la que lanzar piedras al que se me ponga por delante con malas intenciones (si no que se lo digan a Zarquino).

Me gusta mucho la música y la poesía, y sobre todo cantar. También toco una elegante flauta de caña que Angie me regaló poco después de nuestra boda; él me suele acompañar con sus instrumentos de cuerda, y juntos formamos un curioso dueto (los pájaros se pican cuando nos oyen y se ponen a cantar con todas sus fuerzas para ver si pueden taparnos).

Armas: Una pequeña daga élfica, regalo de Celeborn (el tío de Angaráto y marido de la Dama Blanca) que luce cuando hay orcos cerca, y una honda que tengo desde pequeña.

 
 
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Panel de Mensajes

MayGamyi tiene 31 mensajes

De: Odnallap  
Fecha: 06-05-2009 Hora: 23:59
Buenos días, huested del sur, le invito a leer la canción (Poema) de la Cerveza. Saludos. eppp

De: Elental  
Fecha: 23-09-2006 Hora: 18:02
por cierto....buena historia...

De: Elental  
Fecha: 23-09-2006 Hora: 18:02
Espero que en este cumpleaños lo pases increíblemente bien...y que seas completamente feliz...
Recuerda que el mejor cumpleaños, es aquel que se pasa con aquellos que realmente te aman...
Un saludo grande y que Eru te ilumine!!!
Saluuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuud!

De: moltrun  
Fecha: 23-09-2006 Hora: 05:49
muchas felisidades en este dia y que lo difrutes

De: Aramirn  
Fecha: 23-09-2005 Hora: 20:26
Muchas felicitaciones de parte de una elfa silvana... espero que te diviertas mucho en este día...

Aramirn
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