Ir a Posada de Mantecona
 


 
 
 
 
Soyal
(Huésped de la Posada
)
Raza: Dragón Hembra Alada de Fuego
Procedencia: Ourense
Edad: 35 años

       
Aspecto: Su tamaño suele asustar a primera vista. Su draconiano cuerpo rechoncho está recubierto de escamas rojas, lo que hace destacar el brillo de sus traicioneros ojos verdes. Las alas abarcan de envergadura más que cualquier Nazgûl. Las garras afiladas y la sangre son más negras que las profundidades de Moria
Unos enormes aros dorados adornan las puntiagudas orejas. En la oreja derecha, además del aro, lleva una pinza enganchada (con mucha historia por cierto XD).
Tiene un magnifico caracter, es chicharachera y divertida. Le gusta bailar y hipnotizar con su melódica y profunda voz. Desde luego parece una dragona dócil pero esconde el oscuro brillo de Angband en su corazón, aunque nunca he probado a enfadarla.
Yo, Cánë, apenas me dejo ver, soy una sombra a la sombra de un dragón. A los ojos de los mortales me muestro como una montaraz de pelo castaño y ojos penetrantes.

Historia: SOYAL: Hola, mi nombre es Sucalmie la dragona, Soyal para los amigos. Os contaremos nuestra historia. ¿Empiezas tú o empiezo yo?
CÁNË: .....
SOYAL: Esta que me acompaña es Cánë, la maia. Su vida era humilde y sencilla en una caverna en Ered Luin hasta que se convertió en la cuidadora del dragón.
CÁNË: Recuerdo los días del terrible encuentro. Corría la primera edad del sol, año 601, cuando acaeció en Beleriand la "Gran batalla", la más desastrosa de las batallas, donde Beleriand quedó arrasada. Se desarrolló en las inmediaciones de Angband. Entre las huestes de Morgoth destacaron en los cielos las nubes de dragones de fuego comandados por Ancalagon. Los enanos de Belegost les plantaron frente y muchos dragones fueron abatidos. El mismo Ancalagon fue herido por los enanos y en su retirada destruyó Thangorodrim.
SOYAL: Yo estaba entre ellos. Fui una de las dragonas menores, vástagos del mayor dragón alado de fuego. Durante la batalla fui herida en las alas. Apenas podía volar así que di media vuelta para tratar de posarme ante las puertas de Angband. Pero mi amo me lo impidió. Con un sencillo movimiento me lanzó al horizonte. "No necesitó soldados lisiados", creí leer en sus ojos.
Planeé sobre las montañas y me desplomé lejos, muy lejos. El aterrizaje fue forzoso y doloroso. No recuerdo mucho más de aquel día...
CÁNË: Cuando caminaba en las cercanías de la bahía de hielo, tropecé con uno de esos seres repugnantes que Morgoth había creado con fuego y hechicería en las profundidades de Angband. Aun respiraba. Sus costillas se movían pesadamente bajo la coraza roja. Las fauces desencajadas, los ojos vidriosos, las garras rotas y las alas quebradas le daban un aspecto tétrico. Mi primera reacción fue rematarla. Entre jadeos me suplicó ayuda y la compasión pudo más que yo.
SOYAL: ¡Ehhh! Eso no fue así. Desperté ante una desconocida, una figura gris borrosa. Le ordené que me ayudase y postrandose ante mi accedió. Yo quería presentarle pelea a mi amo, y no podía en aquellas condiciones. Necesitaba un nuevo cuidador.
CÁNË: Decidí no darle muerte inmediatamente y desentrañar los misterios de su creación. Curé sus heridas y pasamos la noche allí mismo, muy quietas, para pasar desapercibidas. Al alba pudo ponerse en pie y comenzamos la marcha hacia el norte.
SOYAL: ¿Quien cuenta la historia, tú o yo?. El viaje fue lento y costoso, bordeando las montañas nubladas y siempre hacia el norte. Yo estaba malherida y Cánë no dejaba de otear a un lado y otro. Apenas nos cruzamos con seres vivos.
CÁNË: No quería darle la espalda a ella, ni dar oportinudad a ningún ser vivo de matarla, ya fuera de uno u otro bando. No es fácil esconder a una dragona.
SOYAL: Eres una desconfiada. El viaje fue aburridísimo. No podía volar, no podía cantar, no podía cazar orcos, ni nada en general, no podía reir a viva voz,... Cánë siempre me recordaba que no era seguro, que estabamos al descubierto, que los enanos odian a los dragones, y otras mil excusas. Además siempre andaba detrás de mi, y aun lo sigue hacíendo. Así nunca sé si le gustan mis chistes o no.
CÁNË: Me gustan tus chiste y tus historias, pero tus ojos no me dan confianza y acerca de tu aliento.... Bufff
SOYAL: ¡Vaya excusa!. ¿Y tú te llamas maia? Eres una floja ¿Por dónde ibamos?,
CÁNË: El viaje.
SOYAL: ¡Ah, si! Durante el camino me aburrí, como os habreis percatado Cánë no es muy habladora. Yo contaba aterradoras historias de las cavernas de Angband, de los orcos, del trato a los prisioneros, de mi padre, y sobre todo de mi amo. Estas últimas eran las que más le interesaban a Cánë. Ella me alimentaba,ya que yo no podía cazar. Hablamos de Morgoth y del despiadado trato que me había prodigado. Yo tenía sed de venganza por el amo traidor y eso parecía complacerte. Tras incontables jornadas y otras tantas paradas llegamos a nuestro destino sin mayores contratiempos, el desierto del norte.
Allí nos instalamos en una cueva de una loma y permanecimos hasta la cuarta edad.
CÁNË: El primer verano pasó veloz y el invierno nos sorprendió sin provisiones. Soyal me miraba famélica, mientras parloteaba y reía a carajadas sonoras.
La compañía de esta dragona era singular. Curiosa y habladora, quería saber de todo, aprender sin cesar. Al principio no me sorprendió, poco a poco empezé a sospechar de sus autenticas intenciones.
Con el tiempo aprendí a apreciar al asombroso animal, y creo que ella también a mi.
SOYAL: No lo dudes ni un instante. Aprecio tu sabiduría, tu protección y hubiera apreciado tu carne aquel invierno, si tuvieras.
Durante la época estival salíamos de caza y acopiabamos todo lo que pudieramos almacenar. Yo me lo pasaba en grande atacando partidas de orcos asustadizas. También volabamos hasta las Colinas de Hierro a echar un vistazo.
Fue una época muy tranquila, como unas vacaciones. Al llegar el invierno nos resguardabamos. A mi me encantaba dormir todo el invierno, siempre con un ojo abierto, como es costumbre en mi familia. Durante mis siestecillas, Cánë se iba de paseo y me dejaba sola, a mi suerte, a una dragona indefensa como yo.
CÁNË: ¿Tú?, ¿indefensa?, ¿siestas?. ¡Dormías durante meses!, supongo que no pretendías que te estuviese arrullando constantemente.
SOYAL: Pues deberías.
CÁNË: Soyal tardó años en recuperarse totalmente de las secuelas de la batalla, y tardó muchos más años para desarrollarse por completo. Yo le enseñé principios de física para que los aprovechase en sus vuelos y embestidas.
SOYAL: ¡Si!, "Lánzate en picado" me decía "y cerca de la tierra gira en paralelo al suelo, obtendrás más velocidad". Y yo me estrellaba una y otra vez. Y lo de afilar mis garras como una espada fue idea tuya. Los dragones siempre las hemos afilado en las paredes de nuestras cuevas y no nos ha ido mal.
CÁNË: Todo este tiempo haciamos pequeñas incursiones. Aprovechando los viajes que haciamos nos dedicabamos de limpiar de orcos los caminos del norte.
SOYAL: ¡Si! era divertidísimo. Me lanzaba en contra el suelo, y la floja que llevaba por jinete de vez en cuando chillaba. Cogía a uno de los orcos, alguno de la retaguardia y lo lanzaba desde lo alto. A veces lejos, sigilosamente, iba eliminando uno por uno,en otras ocasiones los soltaba sobre la compañía, creando el pánico.
Otras veces volaba rápido y cerca del suelo y entraba contra el grupo de orcos con las garras en alto, cortándoles la cabeza sobre la marcha.
CANË: Yo solía echarte una mano con la espada. Y no chillé nunca.
SOYAL: Pero todo el mérito era mio. Jeje!!. Las cabezas volaban y saltaban como piedrecitas que caen de una montaña. ¡Era genial!.
CANË: Eres una sanguinaria.
SOYAL: Soy una dragona, ¿Qué esperabas?.
CANË: Llegó el año 6 de la cuarta edad y apenas había comida, el invierno fue muy duro así que Soyal decidío que ya estaba preparada para su venganza y era hora de ver mundo. Me arrastró a Eriador, desandando el camino andado siglos atrás.
SOYAL: ¡Tenía hambre!. Si me hubieras dejado comerme aquel águila que pasó volando hubieramos tenido provisiones para todo el invierno. Y me movía por hambre, no por venganza.
CÁNË: ¿De verdad te hubieras comido un águila de Manwë? Sigue pareciéndome mala idea. Con respecto a la venganza, nadie creería que un dragón es capaz de perdonar a su cruel amo. Con el tiempo le odias cada día más.
SOYAL: Y a ti cada día te quiero más. ¿Qué más da eso?. A la altura de las colinas de Eüendim giramos al sur de camino a Bree. Olía muy muy bien por aquí y yo ya no era capaz de pensar, solo quería comer. Todos los que nos cruzamos por los caminos no se atrevieron a mirarme siquiera por temor a la poderosa Sucalmie, venerada y temida.
CÁNË: En realidad no nos cruzamos a nadie, solo campesinos despistados y huían despavoridos. Yo temía que se corriera la voz y nos tendiesen una emboscada. Pero ¿quién no escaparía al paso de un dragón de nueve metros con cara de hambre?
SOYAL: ¿Qué insinuas?. Da igual, no tiene relevancia. Ya no me interesaba tanto la venganza. Además no tenía muy claro de quien vengarme. Morgoth no estaba disponible y el tal Sauron, no sé ni quien es.
CÁNË: Soyal se empeñó en ir a la posada y no se le puede llevar la contraria, no sé quien le había hablado de su existencia, quizás yo, en tantos años debí cometer muchos deslices.
SOYAL: Yo solo quería saber que sería aquel olorcillo. Era algo que nunca había probado. Cebada, malta, ...mmm delicioso.
CÁNË: Casi rompe la puerta al llegar. Eres muy bruta Sucalmie, y cuando estás embriagada peor aun. Mantecona se llevo un buen susto al vernos aparecer. Y aquí estamos....
SOYAL: ¿Siempre tienes que tener la última palabra?.

Habilidades: Enseñarle a volar de nuevo fue difícil, con los años las enormes alas se han vuelto fuertes y ágiles. La he entrenado con esmero, su especialidad es coger a los enemigos con sus poderosas garras y soltarlos desde gran altura.
Su aliento ígneo es mortífero y los vapores que desprendía por sus fauces eran insoportable, así que decidí tratarla con hierbas aromáticas para que me resultase menos desagradable trabajar con ella.
Ahora ha aprendido a controlar sus armas. En concreto las embestidas de su cola.

Armas: No suele llevar armas. Esta dragona está muy bien entrenada para el combate, pero sobre todo para la defensa. Lo aprendió en sus jornadas de caza.
Utiliza con soltura sus garras afiladas, su cola, sus cuernos, todo su cuerpo es un arma mortífera.
Yo, Cánë, por mi parte, suelo llevar una lanza, por si mi pequeña mascota decide volverse contra mi.

 
 
Última modificación de Ficha: Día: 18-03-2010 Hora: 01:26
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Soyal tiene 88 mensajes

De: Silon  
Fecha: 23-10-2010 Hora: 11:46
Felicidades!! espero que los 29 te sienten tan bien como los 28
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