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Marduk, de la Sombra
Capítulo 3
Los aventureros
Por Erueldarion
 
- ¡Lucandil! ¡Lucandil! No me dejes sola ahora. - le gritaba Verna al elfo inconsciente. - Han venido a rescatarnos.
El hechicero abrió los ojos. Estaba completamente agotado y mareado. Le dolían todos los huesos del cuerpo.
- Ya era hora. - dijo Lucandil. - Espero que la recompensa valga la pena. Este dolor no tiene precio, ¡aghh! - se quejó Lucandil al levantarse ayudado por la mediana.
- ¡Estáis bien ahí abajo! - preguntó Derek desde arriba. Su voz profunda retumbó por la sala. A Lucandil le sonaron aquellas palabras a música élfica.
- Estamos malheridos y sin comida, tirar una cuerda y sacarnos de aquí. - gritó Verna, metiéndoles prisa.
Al cabo de un rato los soldados les tiraron una cuerda. Verna ató a Lia y ayudada por Lucandil, que casi no podía moverse, la monje guerrera fue ascendiendo, tirada por los soldados de Derek, con mucho cuidado, para que no se golpeara. De la misma manera subieron al hechicero, que no paraba de quejarse del dolor en la pierna. Y por fin subió la pícara, que no tuvo ningún problema para subir. A pesar del agotamiento, y el hambre, Verna sacaba fuerzas de donde no las había.
Trustek observaba el rescate con mucho interés. Ellos eran la oportunidad que tanto tiempo había estado esperando. Pero cuando le pedía a Eru ayuda, se imaginaba a un grupo de aguerridos aventureros, no lo que vió en aquella tarde nublada.
Lo primero que vió aparecer por la abertura del suelo fue a una semielfa, “semidesnuda”. Llevaba puesta la ropa interior nada más, y se le veían los moratones por todo el cuerpo. Parecía elfa, por los rasgos estilizados de la cara y las orejas acabadas en punta, pero no tenía pelo en la cabeza. Lo tenía rapado y el cuerpo era fibroso, demasiado musculoso para un elfa. El resultado quizás, de las guerras entre elfos, enanos y hombres.
Los soldados la apartaron a un lado y la taparon con mantas. << Está muy fría >>, dijo alguien al llevarla. << ¿Está viva? >>, preguntaba otro.
Al poco subieron con la cuerda a un elfo. Tenía el pelo largo y rubio, ojos azules y orejas picudas. << Un elfo puro, seguro >>, pensó Trustek. Pero los elfos suelen ser ágiles y fuertes. Este sin embargo era todo lo contrario. Estaba magullado y manchando de sangre. No podía apoyar la pierna, así que lo tumbaron junto a Lia y lo taparon con una manta. El elfo temblaba de frió y estaba escuálido, como si no hubiera comido en algunos años élficos. << Espero que al menos sea un mago poderoso >>, pensó el clérigo, aunque se le veía demasiado débil para ser un conjurador. La decepción se instaló en su corazón definitivamente cuando subió el 3º de los “mercenarios”. << ¿Una mediana? >> . Como los dos anteriores, esta también estaba semidesnuda, sucia y con algunos rasguños. Aunque su cara sonriente y despierta indicaba que estaba en mejor estado que el resto del equipo. Miraba a uno y a otro con avidez, preguntando detalles sobre la misión mientras le daban una manta para que se tapara. Derek trataba de tranquilizarla mientras la coleta larga y negra de Verna seguía moviéndose de un lado a otro.
Y esto era todo. El grupo de aguerridos aventureros era ni más ni menos que una pícara mediana, un elfo hechicero y una semielfa musculosa.

Derek ordenó de mala gana acampar en el patio principal del castillo, dando la orden de alerta máxima y montando numerosas guardias nocturnas. Los soldados estaban completamente agotados y el capitan no tenía ganas de quedarse en ese castillo más de lo necesario. Dormirían 5 horas y saldrían al alba. Trustek Tae volvió a hacer su trabajo. Curó heridas, vendó piernas y cerró brechas tanto de los soldados como de los aventureros. A pesar de la gravedad de las heridas de Lia, el clérigo realizó su labor de forma fructífera. Esa tarde Tae le salvó la vida.
Lucandil, Lia y Verna dormirían en la tienda del capitán, a falta de espacio. Esa noche no durmió todo el mundo. Otto entró en la tienda de Trustek por la noche. Tenía un mensaje importante.
- Señor, ¿estas despierto? Derek le hace llamar a su tienda, señor. - dijo Otto desde fuera.
- Ya voy Otto, puedes ir a dormir. - respondió Trustek levantándose del camastro.

La tienda del capitán era una tienda como otra cualquiera. Sin ostentaciones, a excepción de una mesa redonda en el centro, no muy alta y un camastro como el de cualquier soldado de su compañía. El capitán estaba sentado en la mesa ante un montón de mapas y pergaminos desplegados. Aún llevaba puesta la armadura, abollada y manchada de sangre de orco. Allí estaba el jefe de bateadores, sentado a su lado. Verna también estaba con ellos. Lucandil dormía junto a Lia, en el camastro. En la tienda entró Trustek Tae.
- Buenas noches capitán, señores. - saludó Tae con una reverencia.
- Buenas noches clérigo. Toma asiento. Tenemos algunos asuntos pendientes para esta noche.
- Usted dirá. - dijo Trustek
- No. La que tiene que contarnos algo es la mediana. Habla Verna. Cuéntanos exactamente que ha pasado aquí. - Dijo Derek mirando a la pícara
Verna explicó minuciosamente y con todo lujo de detalles lo ocurrido desde su incursión en el castillo desde las catacumbas, hasta la retirada del necrario por medio de artificios mágicos. Explicó la pícara el número de enemigos muertos de manos de Lia, como, por medio de los hechizos de Lucandil, estuvieron a punto de acabar con el famoso necrario. Una duda surgía en la cabeza de Trustek en ese momento.
- ¿Dices que un necrario lanzó algún hechizo y desapareció de repente? - preguntó Tae
- Tienes razón clérigo. Los necrarios no controlan ese tipo de sortilegios. - corroboró Derek. El jefe de bateadores asintió con la cabeza. Eso era imposible. Verna no sabía de estos temas. Lucandil ayudó a su compañera. Incorporándose del camastro, el hechicero habló:
- El Necrario no lanzó el sortilegio. Alguien le abrió el portal mágico desde fuera. - Los elfos no necesitan dormir, solo descansan mentalmente, meditan de manera que pueden estar pendientes de lo que pasa a su alrededor. Por lo tanto también despiertan cuando quieren. Todos se sobresaltaron menos Verna, que llevaba ya un tiempo junto al elfo, y estaba acostumbrada a los sobresaltos nocturnos.
- ¿Tratas de decirnos que el necrario ese del infierno no trabaja solo? - preguntó Derek
- Yo solo digo lo que he visto, y no he visto al necrario ejecutando ningún hechizo cuando desapareció. - respondió Lucandil sin pestañear.
- No decimos lo contrario pero me extraña que una sabandija de esas haga migas con otros de su calaña. - dijo Tae introduciéndose en la conversación. - Entonces, ¿decís que lo derrotasteis en combate? - le preguntó al hechicero. Contestó Verna:
- Si, le había ensartado yo con mi espada, como sangraba el condenado… - la mediana contaba la historia haciendo aspavientos con las manos. - …y justo cuando Lucandil le iba a meter un rayo entre ceja y ceja, ¡Zas!, desapareció.
<< Entonces era cierto. Este grupo inverosímil y de apariencia débil y miserable se había infiltrado en el castillo del Necrario, sorteando guardias ogros e infinidad de trampas mortales, descabezando la organización del ejército enemigo. Y estaban vivos para contarlo>> Trustek no podía creerlo, aunque tampoco podía negar lo evidente. Derek interrumpió sus pensamientos levantándose bruscamente.
- ¡Está bien! Mañana nos vamos de aquí. Tendré que informar de esto personalmente a Raldor. La compañía saldrá mañana para Hollbruck. Me imagino que el alguacil de la zona querrá hablar con vosotros… - dijo esto mirando a Lucandil. - …Luego mis chicos y yo iremos a la capital. - y dicho esto se disolvió la reunión.

Cada uno se fue a su tienda a dormir las pocas horas que quedaban para el alba. Lia por fin recobró el conocimiento. Abrió los ojos y se encontró en una tienda de campaña, de aspecto militar. Lucandil estaba a su lado.
- ¿Ya estas mejor? Un clérigo te ha salvado la vida. - le dijo el elfo con una sonrisa.
Lia estaba confusa. No sabía muy bien que había ocurrido. Lo último que recordaba era que habían entrado en una sala con muchos ogros bien armados y ahora estaba allí. El hechicero ya no durmió más. Le contó a Lia todo lo ocurrido.

 
Erueldarion
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 16-05-2005 Hora: 16:38
Veo que cometí un error en la crítica del segundo capítulo. Que todo sea un mismo relato le da mucho más empaque al asunto. Ahora a ver como conjugas lo que no sabemos de sus pasados con lo que les deparará la aventura que espero que les espere La narración está bastante bien, y aunque se podría afinar en ciertas frases, me parece que te sientes bastante cómodo con el manejo de muchos personajes, y se nota en la escena de la tienda de campaña. Este capítulo hace que el segundo me parezca aún mejor.