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Marduk, de la Sombra
Capítulo 4
En busca del servidor
Por Erueldarion
 
En el centro de la húmeda caverna, estaba sentado Marduk, embutido en una túnica negra, con mantas y telas alrededor. Sólo se le veía asomar la cabeza blanca. No tenía ningún pelo y se le veían las orejas puntiagudas, signo inequívoco de que por sus venas corría sangre élfica. Sus facciones suaves se mezclaban con una mirada fría y penetrante. Sus ojos blancos, sin pupila, cerraban el conjunto tétrico y aterrador. Los restos de una hoguera, ahora apagada, desprendían un humillo grisáceo que olía a azufre. Sólo se oía el goteo de una de las estalactitas sobre el charco de agua que había en el fondo. El sonido de unos pasos temblorosos rompió el silencio. Justo en frente de Marduk, un arco de piedra perfectamente tallado, con incrustaciones de oro blanco ofrecía una abertura que daba a un pasillo completamente oscuro. Un trasgo de orejas caídas asomó despacio por la entrada.

-¿Señor? - Dijo con voz temblorosa. Tenía las ropas sucias y rotas, iba descalzo.
- ¿Ha aparecido ya el servidor? - Pregunto Marduk. Su voz profunda retumbó por toda la caverna. Un escalofrío recorrió el cuerpo del trasgo. Marduk no había abierto la boca. Ni siquiera se había movido.
El trasgo dió un par de pasos con la cabeza gacha. Empezó a hablar:
- Hemos localizado su espada, señor. La tenía un necrario escondida en el viejo castillo de lord Nasher, pero... -el trasgo titubeo-... unos mercenarios nos fastidiaron el plan... entraron en el castillo y... unos orcos salieron en desbandada, llevándose la espada... y... en fin, se nos escaparon señor.
El trasgo tragó saliva, mirando al suelo avergonzado. Le temblaba todo el cuerpo.
-Está bien. Tu objetivo no ha sido cumplido. Ya sabes lo que tienes que hacer. -Dijo Marduk, levantándose. Era tres veces más alto que el trasgo. Avanzó despacio hacia su esclavo. Al pasar a su lado, su mano blanca salió del infierno de su túnica. Llevaba una daga muy ornamentada. El trasgo la cogió sin mirarle a la cara.

El demonio salió por el arco de piedra. El trasgo quedó sólo, con la daga en la mano. Sabía lo que tenía que hacer... le había fallado.... apretó la daga con fuerza y se la clavó en el corazón. Murió en el acto. La hoguera se encendió sola…
 
Erueldarion
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 19-05-2005 Hora: 16:45
Genial. Juegas a dos bandas y nos enseñas un cliché del malo. Lo justo para que nos quede como un Darth Vader (perdona, pero no pude evitar el simil en estos días tan "espaciales" ), implacable pero mostrando sus dudas, su frialdad, ¿su origen?, su poder, su carácter. Creo que a este capítulo ni le sobra ni le falta una palabra.