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Marduk, de la Sombra
Capítulo 5
El recibimiento
Por Erueldarion
 
A la mañana siguiente ya estaban todos listos para partir. Trustek ejecutó algunos sortilegios y dejó a Lia, Verna y Lucandil como nuevos. Así lo hizo también con algún soldado que andaba herido todavía. Y así todo el mundo salió del castillo abandonado de Lord Nasher. Los soldados no tenían ropa para los aventureros, pero Lucandil, que era además de buen hechicero un buen sastre, algo que aprendió de su madre, convirtió mantas en rudimentarias vestimentas. Ya en la puerta, Trustek lanzó una plegaria a Eru para que el bosque de la ciénaga no les jugara una mala pasada.
El viaje hasta Hollbruck transcurrió sin ningún incidente importante. Eso si, pasaron mucha hambre. Ya cuando llegaron al valle, el explorador cazó un jabalí salvaje y esa noche por fin comieron carne. Todos menos Lucandil, que a pesar del hambre no quiso comer animales. Así eran los elfos. Él se conformó con las raíces comestibles que habían recolectado anteriormente.
En la cuarta jornada de viaje por la tarde, cruzando el valle de Din ya se divisaban los campos de cultivo en el horizonte. Las chimeneas del pueblo ya estaban encendidas y se veían las columnas de humo de las casas ascender hasta el firmamento. A pesar del buen Sol que hacía esa tarde, el viento venía frío del Este. Lucandil se adelantó hasta donde estaba el clérigo, que iba andando delante de ellos, junto al bateador.
- ¿Esa armadura debe ser muy incomoda para viajar? - le preguntó mirándole con una sonrisa en la cara. Había recobrado el buen humor que le caracterizaba. Trustek le miró sorprendido por la pregunta que le acababa de realizar.
- Anoche estuve a punto de comérmela del hambre que tenía, menos mal que pudimos comer algo de caza, sino ¡me habría quedado sin dientes! - Trustek le siguió la broma y estuvieron riendo a carcajadas. Verna se acercó corriendo para unirse a la fiesta. La compañía viajaba alegre por el valle. Todos menos Lia. La semielfa caminaba ayudada por su bastón, mirando al horizonte. En su rostro firme se podía adivinar una atisbo de sonrisa que solo podía ser percibida por la gente que la conocía. Derek le dirigió unas palabras:
- Ya estamos en casa prácticamente, el peligro está lejos, y sin embargo no la vea a usted contenta. - dijo el capitán.
- Estoy muy contenta, no le quepa la menor duda capitán, pero el buen guerrero no pierde nunca la concentración. Sabe que tras un momento de calma viene la tempestad, que cuando el bosque está en silencio es cuando el peligro acecha. Por eso estoy contenta, pero no pierdo de vista el horizonte.
El capitán Derek se quedó pensativo y ya no volvió a reírse aquella tarde. Lia lo miraba de reojo y sonreía por dentro.

Lucandil tenía mucho interés por conocer a fondo a Trustek Tae. El día del rescate se lo habían presentado como “el clérigo” y el había pensado, otro “clérigo”, bueno por lo menos nos curará y podremos viajar por nuestro propio pie. Ese mismo día descubrió el medallón que Tae lucía en su pecho. El simbolo le resultó familiar.Trustek seguía la doctrina de Boccob, y dejó de ser un clérigo más, pasando a ser el clérigo más importante para el hechicero. Los seguidores de Boccob adoran la “magia” y Lucandil estaba muy interesado en ello. Había leído mucho sobre leyendas que hablaban de Lucathian y de sus aliados contra los Drows en las guerras Antiguas. Uno de los aliados más importantes fue Graco de los Que-Shus que acabó siendo un sabio poderoso. Según la leyenda era capaz de partir hombres en dos con su espada “Quebrantadora” y lanzar el sortilegio mágico más poderoso, todo a la vez. Lucandil había estudiado mucho sobre estos temas y todas las pistas apuntaban a que Graco aún vivía, y los rumores de la existencia de una torre de magia, donde se instruían a los magos más famosos, dejaban claro una cosa. Si la torre existía, Graco sería el que la dirigiría. Y los seguidores de la doctrina de Boccob protegerían su poder. Si Lucandil estaba en lo cierto, Trustek Tae tendría una valiosa información que el hechicero anhelaba. La localización de la torre.
Trustek a su vez también quería hacer buenas migas con el hechicero. Lucandil era el cerebro de ese trío. Eso ya le había quedado claro. El elfo era el líder. Y Verna y Lia le seguían a todas partes. Las intenciones de Tae eran evidentes. Si convencía al hechicero de que le ayudara en su templo, el resto del equipo también vendría.
Por este conjunto de circunstancias, elfo y hombre se hicieron íntimos amigos durante el viaje de vuelta a Hollbruck.
Y así, al quinto día de viaje, la compañía llegó a las afueras del municipio. Un sendero de tierra cruzaba los campos cercados de animales y se internaba en la pequeña villa con sus casas bajas de piedra. Las tierras circundantes estaban llenas de granjas, donde toros, ciervos, gallinas y demás pastaban a sus anchas. De vez en cuando la compañía se cruzaba con algún pastor que ayudado por su perro, dirigía su rebaño hacia los pastos cercanos.
Un niño fue el que dió el aviso de que la compañía había regresado. Los vió a lo lejos y no pudo contener la emoción de ver de cerca lo que seguramente serían sus héroes.
- ¡Los aventureros ya están aquí! - empezó a gritar el niño. - ¡Ya están de vuelta!
Al instante, un montón de gente se iba reuniendo en la calle principal de la villa, mirando a la compañía a lo lejos.
- Al fin en casa… - dijo Trustek respirando profundamente el olor característico de su pueblo. Un perfume mezcla de jazmín y rosas con el olor inconfundible a chimenea recién encendida.
Cuando llegaron a la calzada principal, el revuelo era ya impresionante. A Lucandil le pareció que todo el pueblo estaba en la calle, haciéndoles el paseíllo. Verna pensó que era una pena que estuvieran de parte de los buenos esta vez, quizás nunca más tendría la oportunidad de robar tantos bolsillos sin que nadie se diera cuenta, tal era el gentío. Lia le adivinó el pensamiento y le dirigió una mirada inquisidora.
- No está bien robar al que no tiene. - susurró la semielfa. Verna se hizo la despistada. Quizás en otra ocasión.
Cada vez había más gente por las calles, gritando, intentando acercarse, para verlos de cerca. Los soldados de Derek se colocaron en posición, rodeando a los aventureros, por si a alguien se le ocurría una tontería. El capitán miraba a un lado y a otro, subido en su montura, saludando a las masas. Derek era muy conocido en la comarca por sus hazañas en las guerras Antiguas, y después al mando de las tropas del mismísimo Rey, su honor y fama gozaba de buena salud. La gente gritaba:
- ¿Lo has conseguido Derek? ¿Habéis matado al Necrario? - A lo que el capitán contestaba… - ¡Acaso lo dudabais!
<< Los aplausos, gritos, hurras y vivas se oirían por toda la ciudad >>, pensó Lucandil, que no estaba acostumbrado al gentío. Se sentía incomodo entre tanta gente. La mayoría humanos, observó, aunque vió a algún elfo y a algún enano entre la gente.
<< ¿No habrá magos en Hollbruck?, necesito materiales mágicos para mis hechizos >>, pensó Lucandil preocupado. Pocas túnicas, por no decir ninguna se veía entre la gente, << aunque los magos ya se sabe, son muy reservados >>, se tranquilizaba el elfo, saludando también a la gente, imitando de forma cómica al capitán. Sí, el elfo ya gozaba de buena salud, y no le faltaba buen humor, aunque si un poco de educación…
La calle empedrada, que era la vía principal, desembocó de repente en una plaza bastante grande, de piedra. En el centro había una estatua muy grande de alguien montado a caballo, que sobresalía entre el tumulto.
Los soldados de Derek iban abriendo paso y con mucha dificultad, por fin llegaron al centro. En ese punto esperaban los guardias del pueblo, que aunque no estaban tan bien armados como los soldados de Derek, mantenían un perímetro de seguridad abierto, sin gente en el centro mismo, junto a la estatua. Derek desmontó y se subió al jinete de piedra, para que la gente pudiera verlo bien. Empezó a gritar:
- ¡Gracias a Eru y al valor de todos estos hombres, elfos,… y mediana…! - dijo esto dirigiéndole una sonrisa a Verna. - ¡Hollbruck ha sido liberada de la amenaza del malvado Necrario! - el tumulto gritó eufórico al unísono.

Derek se bajó de la estatua.
- Intentaremos llegar a la casa del alguacil. Tengo hambre. - dijo mirando a sus soldados. Y así lo hicieron.
- Si, yo tambien tengo hanbre! – dijo Verna, pero solo ella sabía que el hambre era mas bien de recompensa…
Se frotaba las manos…
 
Erueldarion
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 08-06-2005 Hora: 21:39
Pronto Trustek, pronto... no te impacientes. Últimamente (ya sabes por que) estoy un pelín más liado de lo normal. Ademas, tú ya sabes lo que pasa despues!!!

Fecha: 27-05-2005 Hora: 00:14
¿Para cuando el sexto?. Estamos impacientes por leer más...
Además, todavia queda mucho por contar... je je je

Fecha: 19-05-2005 Hora: 17:09
En este viaje hay aciertos y desaciertos. El mayor acierto es hacer que los personajes empiecen interaccionar, sobre todo cuando empiezan a especular sobre su futuro, recordando su pasado y tratando de adivinar el del otro. Por ello, el primer parrafito, con la falta de entusiasmo descriptivo sobre el camino, aderezándolo tan solo con elementos de distracción como la curación mediante sortilegios, el hambre y la caza del jabalí, la vegetarianeidad del elfo... está un poco de pego. Ojo también con añadir demasiados nombres nuevos y raros a las cábalas de los personajes. La descripción mejora cuando llegan a Hollbruck, y parece que es todo un alivio para ti, porque te permites el lujo de introducir cierto humor en el texto, muy oportuno, dado el estado de euforia de los personajes.