Ir a Posada de Mantecona
 


Asalto en la posada
Capítulo 1
El ataque de los encapuchados
Por Orongrin
 
En la posada del Poney Pisador, sentado frente al fuego se encontraba un encapuchado, al que no se le veía la cara, este extraño personaje era un montaraz, que estaba de paso por aquellas tierras, su nombre era Arbord.
La posada, estaba esa noche la posada estaba a rebosar, cuando Arbord, se dirigió a la barra, cuando llegó le dijo a Mantecona:
-Tabernero, busco una habitación -le susurró a Mantecona, este hizo un ademán con la cabeza, diciéndole:
-En la última planta, al final del pasillo.
El montaraz, subió la escaleras, cuando llegó a su habitación, se quito la capa y la capucha, dejando salir al exterior, una barba y largo cabello, que le cayo hasta la espalda, a continuación se acostó sobre el mullido colchón.
Habían pasado varias horas, el montaraz, se levantó, pues había escuchado unos ruidos extraños en la taberna, se puso la capucha, y recogió su daga y la ballesta, abrió la puerta. De repente, una mujer con varios niños, entró en la habitación diciéndole:
-Buen hombre, unos encapuchados han entrado en la posada, y están matando a muchas de las que hay abajo se encuentran.
Arbord, cuando la mujer terminó de hablar, salió a correr hacia la taberna, cuándo llegó allí, vio a varios hombres tirados en el suelo, de sus cuerpos manaba sangre.
El montaraz corrió hasta el que parecía más dañado, sacó de su bolsillo unas hierbas, junto con un trapo, primero le cortó la hemorragia , atándole el pañuelo, luego, le puso las hierbas sobre la herida. Así curó a los demás, que le agradecieron la obra, cuando estuvieron en condiciones de hablar Arbord les preguntó:
-¿Cómo eran los que asaltaron la posada? -preguntó el montaraz, mientras Mantecona que se había escondido detrás de la barra, además de haber dejado sin conciencia a varias personas (no sabía si buenas o no, pues lo había echo sin pensar) con jarras de cerveza, tiradas a la cabeza, pero a los que había dejado sin consciencia, no se les reconocía pues había muchos tirados en el suelo.
Los hombres, contaron como unos veinte encapuchados, con ballestas en mano, irrumpieron en la posada, cogiendo a los que allí estaban desprevenidos. Los encapuchados tiraron flechas, que se clavaron en los cuerpos de los que allí se encontraban, matando a algunos de ellos. A continuación, contaron extrañados, a Arbord, que entraron en la posada, y la registraron, aunque cuando salieron aparentemente estaban todos.
El montaraz se quedó silencioso y pensativo hasta que dijo:
-Bien, registraremos la posada, y me quedaré en esta hasta que descubra el porque de la entrada y posterior ataque de estos.
 
Orongrin
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 20-02-2009 Hora: 20:16
Estoy de acuerdo con Balfor.¡¡¡¡¡MANTECONA, UNA CERVEZA!!!!

Fecha: 20-02-2009 Hora: 19:05
Esta muy bien, pero creo que en esta posada no matarán a nadie con el viejo Mantecona protegiéndonos