Ir a Posada de Mantecona
 


Asalto en la posada
Capítulo 3
El encuentro en la posada.
Por Orongrin
 
Arabord, junto con los demás acompañantes iban de regreso a la posada, cuando se encontraron con el grupo que lideraba Gausto, este llevaba varias horas de patrulla, cuando Gausto le dijo:
-Los habeis perdido ¿no?
-Si, los hemos perdido respondió el montaraz, al parecer estan aconstumbrados a correr por la oscuridad -dijo el montaraz con aire de abatimiento -pero que haces auí, has dejado la posada sin vigilancia.
-No, nos hemos dividido en grupos, que la mitad de vosotros se quede con nosotros, los demás que vayan a la posada.
Arabord, junto con un grupo de reducido a la mitad, se retiró a la posada cuando llegó, golpeó la puerta con los nudillos, no abrieron.
De repente, un hombre saltó sobre el montaraz dejándolo sin movimiento, entonces Arabord dijo:
-Oyé, soy el que hace unas horas salió tras los encapuchados.
El hombre los soltó, pues se dió cuenta de quien era.
El montaraz entró en la posada y vió que unos diez hombres con espadas, arcos y ballestas en mano, lo apuntaban, pero cuando lo vieron, bajaron las armas.
Arabord, contó como habían disparado flechas contra ellos en la persecición, y que a falta de luz habían perdido a los encapuchados.
El hombre de aspecto reluciente, que liedraba el grupo de la casa, le dijo:
-Bueno, pues ahora no podemos hacer muchos más.
Largo rato estuvieron en guardia, hasta que los primeros rayos de sol, iluminaron la taberna, entonces se escuchó el golpeo de unas manos en la puerta y el posterior grito de Gausto:
-¡Soltadme que soy yo!
A continuación, Gausto, poniendose bien la capa entró por la puerta y dijo:
-Sin novedad, solo que unos hombres salieron de Bree, pero no nos dió tiempo a alcanzarlos.
Ante esta frase, el montaraz dijo:
-Bueno no pasa nada, esperaremos el próximo ataque. Mientras tanto, habrá que hacer un plan.
habían pasado las horas, la noche estaba apunto de caer y el plan era el siguiente:
Diez hombres aguardarían en el interior de la posada, otro grupo formado por unos quince hombres aguardaría en los establos y otro grupo, con unos veinte cuatro hombres, cuando los encapuchados huyeran, los emboscarían por sorpresa.
 
Orongrin
 
 
 

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