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Desventura de un rohirrim
Por ogdan
 
Era de noche, un niño, de aspecto feliz, pero a la vez serio corría por el pueblo de los rohirrim.
La noche era fría, y la oscuridad, impedía ver con claridad. Las nubes, tapaban la luna y las estrellas, haciendo, todavía más oscura la noche.
De repente, la figura se paró en seco, ante una puerta, de gran robustez, guardaba una casa, de aspecto acogedor. El niño llamó a la puerta, esta se abrió rápidamente, detrás de esta, un hombre, de pelo negro, que le caía sobre los hombros, escudriño, en la oscuridad, intentando reconocer, el personaje que había llamado a su puerta.
-Ajá, ¿qué horas son estas de llegar pequeño guerrero? -dijo el hombre que había abierto la puerta.
-Lo siento papá, pero es que… ¡es qué el abuelo, me ha estado contando historias, sobre el rey Eorl, y de cómo, un antepasado nuestro le ayudó en la batalla! .contestó el niño, mirando fijamente a los ojos, de su padre.
- Bueno, está bien. Pero sabes que el abuelo es mayor, y no le puedes exigir, que te cuente historias, todos los días -le regañó el padre -ahora entra, vamos a comer.
Los dos muchachos, uno mayor que el otro, entraron en la casa. Esa noche, Ogdan, que era un poco charlatán, le contó al padre, todo lo que el abuelo le había contado.

A la mañana siguiente, cuando Ogdan se despertó, se dirigió al comedor, esperando encontrar allí, a su padre, pero no estaba. Lo llamó con una voz, pero tampoco contestaba, así que preocupado, se vistió y salió corriendo a la casa de abuelo para preguntarle, si había, visto a su padre.
Cuando llegó a la casa del abuelo, llamó a la puerta, estuvo largo tiempo esperando, pero nadie le abrió. Ogdan preocupado, echo a andar, por las calles, entonces, una mujer le llamó:
-Ogdan, tu padre no está, tu abuelo el pobre ha muerto, ya que no podía con su vejez
El niño, al comprender unas palabras, salió corriendo con lagrimas en sus ojos, cuando llegó al establo, cogió su negro caballo, lo montó, y llegó a las afueras del pueblo, allí viendo como las grandes llanuras, se abrían ante él, el niño espoleó su caballo, el caballo se alzó, y galopando, por las grandes llanuras, sentía como su amo, tristemente le acariciaba la crin.

Levaba, varias horas, cabalgando, así que decidió parar, ató el caballo a un árbol. Entonces, desenvainó su espada que días antes le había regalado su abuelo, y para descargar la rabia e impotencia que sentía, empezó a pegarle con la espada al árbol.
Cuando hubo terminado, montó de nuevo su caballo. Cuando llegó al pueblo, vio que unas antorchas, andaban por las desiertas calles. Era la escolta funeraria de su abuelo, que había muerto, como los grandes de Rohan…

Al día siguiente, despertó y estuvo largo tiempo pensando en su abuelo, hasta que de algún modo asimiló, que no lo vería más y tendría que hacerse a la idea.
 
ogdan
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 02-03-2009 Hora: 13:07
Esta bien, aunque hay que mejorar alguna partes