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Los siete ejércitos
Capítulo 2
La guerra de Ahidún
Por radalghast
 
Resonaban tambores, la tormenta había estallado al caer el sol, la llovizna caía sobre los jinetes y arqueros mojando sus cabelleras y yelmos, los caballos relinchaban nerviosos, pero los tambores seguían oyéndose cada vez más fuertes a lo largo de todo el valle, a su vez resonaban gritos de guerra por parte de los Ruks, ninguno por parte del ejército escarlata pues había enmudecido, ahora que se acercaban los Ruks, los centinelas apreciaban que más que 10.000 habría unos 15.000, Gerberth no paraba de dar instrucciones a jinetes y arqueros, el momento de la batalla estaba próximo, un capitán se acerco a Gerberth.
-Son muchos mi señor, deberíamos huir a través de la montaña errante, ellos son demasiados y no podrían seguirnos por las rocas escarpadas-le dijo con voz sombría, muchos de los jinetes de alrededor asintieron en susurros.
-No-dijo volviéndose-¡Si alguno de vosotros tiene miedo y prefiere huir como cobardes, que se marche ahora pues dentro de poco esto será una carnicería!-Exclamó dirigiéndose a todo el ejército, nadie se movió y resonaron algunos gritos en apoyo a Gerberth.
Los Ruks estaban cada vez más cerca pero no iban solos traían consigo Trolls y unas bestias salvajes, que vivían en las profundidades de los bosques más perdidos, estas bestias a simple vista parecían lobos, solo que de medían unos 6 pies de altura y 7 de longitud, por suerte para los soldados del ejército escarlata, eran muy pocas bestias y al tener ese tamaño eran muy lentas, por lo que no dieron muchos problemas.
Las primeras flechas cayeron sobre el ejército escarlata pero no alcanzaron ningún blanco ya que estos se protegieron con sus escudos de madera.
¡Arqueros, ya!-exclamó Gerberth con todas sus fuerzas, e inmediatamente una nube de flechas salió despedida de los arqueros encaramados a las murallas y se precipitó sobre los Ruks, estas flechas si alcanzaron sus blancos debido a la ventaja en altura. Los Ruks enfurecidos dejaron paso a una serie de Trolls que tiraban de unos artilugios que provenían de la parte trasera del ejército, cuando se apreciaron bien, los centinelas de las atalayas gritaron.
-¡Tienen catapultas, mi señor que hacemos!-exclamaron volviéndose a Gerberth.
Este gritó dirigiéndose a los arqueros-¡A los Trolls, tirad a matar a los Trolls olvidaos de los demás, matar a los Trolls!- Y eso intentaron pero no era una tarea fácil ya que los Trolls eran gigantescos y tenían la piel más dura que muchas armaduras.
Un arquero descendió de las murallas y dirigiéndose a Gerberth exclamó-No podemos mi señor tienen la piel dura como las r...-En ese momento cayó una roca de unos 6 pies de altura y 4 de longitud sobre el ejército, muchos jinetes murieron los demás se dispersaron, Gerberth sabiendo que si se dispersaban estaban perdidos les ordenó que permanecieran unidos, estos lo intentaron pero nuevas rocas caían, entonces comprendió.
-¡Tenéis que tirar a la cabeza de los Trolls, a la cabeza!-resonaron sus gritos por encima del bullicio de la batalla.
Rápidamente los arqueros comenzaron a hacer caso a los consejos de su capitán, y los Trolls fueron cayendo uno a uno, aunque era demasiado tarde pues las rocas catapultadas por los Trolls habían fracturado gran parte de la muralla, habían matado muchos soldados por no decir que habían destrozado gran parte de Ahidún.
Pronto los Trolls cayeron, pero algunos Ruks ya comenzaban a penetrar en la fortaleza, Gerberth haciendo acopio de todo su valor se dirigió hacia sus soldados.
-¡Tal vez esta sea nuestra última batalla, tal vez muchos de nosotros no veamos el alba de un nuevo día, pero yo digo, porque no proteger lo último que nos queda lo que es nuestro, ahora cabalguemos juntos, tal vez por última vez!-todos sus soldados prorrumpieron en gritos de apoyo hacia su capitán, unos soldados le trajeron un caballo blanco como la nieve.
-¡Por Ahidún!-exclamó y comenzó a cabalgar hacia los Ruks, todos sus soldados lo siguieron sin vacilar. El ejército escarlata cabalgaba de nuevo con Gerberth a la cabeza, tal vez por última vez.
El choque fue espectacular, con ventaja por parte de los jinetes puesto que iban montados a caballo, incluso Gerberth después de matar 5 Ruks creyó posible la victoria pero un hachazo de un enemigo le volvió a la realidad, le tiró del caballo con tanta violencia que este creyó que se le había tirado encima un mismísimo dragón, ya en el suelo Gerberth necesitó unos segundos para reponerse de la violencia del choque rápidamente se levantó y desenvainó a Aibruk, la espada centelleo a la luz de las estrellas, y momentos después ya estaba atravesando armaduras de enemigos. Cuando acabó con un enemigo que le había planteado bastantes problemas, alzó la cabeza para observar el rumbo de la lucha, cometió un error pues un Ruk se le tiró encima y le desarmó, ya en el suelo el Ruk con una sonrisa malévola en los labios sabiendo de su recompensa por haber aniquilado al gran Gerberth, alzó la espada y se dispuso a atravesar a Gerberth, este se cubrió instintivamente la cabeza cuando la espada se precipitó contra el, pero algo ocurrió, cuando volvió a mirar creyéndose muerto una flecha sobresalía de la cabeza del Ruk, este había muerto al instante, se levanto rápido y recogió del suelo a Aibruk, miró alrededor y entonces le vio a lo lejos, Jairoi le había salvado la vida. Durante ese precioso tiempo la batalla se había perdido, muchos Ruks habían perecido, pero todos los soldados habían muerto. Cojió a un soldado de su ejército se mojó la cara con su sangre y se tiró al suelo haciéndose el muerto.
Los Ruks pronto se dieron cuenta de que habían ganado y buscaron por todas partes el cuerpo de Gerberth, cuando lo encontraron se acercó el capitán de los Ruks y le propinó un puntapié que por poco le rompe las costillas.
-Por fin Gerberth el grande a muerto-dijo con sorna, todos a su alrededor prorrumpieron en carcajadas, un capitán se acercó al jefe de los Ruks y Gerberth pudo escuchar más o menos su conversación.
-La primera parte del plan de nuestro señor a sido completada, Ahidún la inexpugnable a caído, la siguiente contando con el factor sorpresa es pan comido, marchemos y arrasemos Cirith Zaigul la gran capital del reino de los hombres-. Gerberth se quedó sin aliento-Ya que nadie más a sobrevivido es mi cometido partir y avisar como pueda a Cirith Zaigul del ataque inminente-pensó
-Señor ¿puedo atravesar a Gerberth con mi espada sería una buena historia para contársela a mis hijos?-añadió temeroso un Ruk dirigiéndose a su capitán.
-Haz lo que te plazca, soldado-respondió el jefe. El soldado entusiasmado se dispuso a atravesar de parte a parte el cuerpo de Gerberth, pero en el último momento cuando Gerberth creía que era inevitable que muriera el jefe del escuadrón le cortó de un tajo la cabeza a el soldado.
-Malditos soldados...-dijo escupiendo sobre el cuerpo sin vida del soldado. Gerberth respiró aliviado y casi le descubren, pero por suerte los soldados se retiraban, lo último que alcanzó a escuchar fue la voz del jefe del escuadrón.
-¡Quemadlo todo, matar a niños y mujeres, rápido todavía queda un largo camino hasta Cirith Zaigul!-rápidamente los soldados obedecieron y en cuestión de cuarto de hora habían aniquilado a todas las personas y lo que quedaba de fortaleza estaba ardiendo, por último los soldados marcharon de la fortaleza dejando a Gerberth en el suelo, magullado y herido si, pero vivo.
Este sin perder más tiempo se levantó, le dolía la cabeza y todo le daba vueltas, buscó un caballo para seguir a los Ruks, pero al ver que no quedaba nada con vida en la fortaleza salvo el, su mirada se dirigió a las montañas errantes, al fin y al cabo su comandante tenía razón tendría que atravesar las montañas, debería cazar pues no quedaban provisiones sin chamuscar. Recogió su espada del suelo y se envolvió en su capa para poder atravesar las llamas sin chamuscarse, pronto cumplió con la tarea y comenzó a subir por las laderas de la montaña, muchas leguas le separaban de Cirith Zaigul, pero atajaba con respecto a los Ruks pues estos tendrían que dar un rodeo para proseguir su camino. Cuando ya hubo ascendido un buen trecho, se dio la vuelta y observó la fortaleza que antaño fue inexpugnable, estaba amaneciendo, ahora las llamas la destrozaban y quemaban, miró por última vez hacia atrás, luego continuó ascendiendo, se adentró en las escarpadas rocas de la montaña y partió del valle para no volver jamás.
A lo lejos en el campo de batalla una figura se movió, se levantó y partió en dirección contraria que Gerberth.

 
radalghast
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 09-03-2009 Hora: 10:05
Joder, si que escribes bien XD

Fecha: 07-03-2009 Hora: 20:53
Bien descrito el paisaje de batalla
¿montaña herrante?